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Martes, 20/11/2018

De incógnito

Adiós Trillo

Casi catorce años después, Federico Trillo se ve forzado a asumir algún tipo de responsabilidad por el Yak-42...

  • Federico Trillo

Casi catorce años después, Federico Trillo se ve forzado a asumir algún tipo de responsabilidad por el Yak-42. Ni el propio accidente en sí, ni la lamentable identificación de las víctimas, ni la condena de tres de sus subordinados, ni el informe del Consejo de Estado habían movido ni un ápice a este jurista de su postura: que él no tenía responsabilidad alguna, ni directa ni indirecta, en esa tragedia. Sólo el empuje de los familiares de las víctimas y la presión a la que se ha visto sometido un Gobierno en franca minoría ha conseguido lo que ya algunos casi habíamos perdido la esperanza: que de una manera u otra tuviera que aceptar que esas víctimas también eran su responsabilidad.

Aquel ministro del “manda huevos” y del “¡viva Honduras!”, aquel que contó al más estilo del romanticismo el asalto a la isla de Perejil por parte de las tropas españolas, aquel ministro que intentó humillar a la periodista arrojándole en plena rueda de prensa el euro que llevaba guardado a quien le preguntara por las armas de destrucción masiva de Irak, ese embajador que hasta lo han acusado de acoso laboral en su hasta ahora puesto de recompensa en Londres, ese jurista ha tardado ocho años (la sentencia del Yak42 fue en 2009) en moverse de su sitio. Pero porque le han movido la silla, no porque él, por iniciativa propia, haya aceptado que en política, cuando se produce una tragedia similar y con tantas chapuzas incluso con condena penal, lo normal y lo que espera la sociedad es una dimisión.

Hoy el Consejo de Ministros hará oficial su cese como embajador en Londres por “decisión propia”, evitando que ninguno de sus superiores tome la amarga decisión de cesarlo. Habrá que ver si incluyen el agradecimiento por los “servicios prestados” en el Boletín Oficial del Estado, que sería ya la guinda de las recompensas que ha recibido. Eso sí, lo único que espero es que, como anuncia, vuelva a su trabajo, a lo jurídico, y que nunca forme parte del Consejo de Estado, órgano consultivo que, por una vez, ha servido para mover del sillón de lo público a quien no se lo merece.  

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