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Jueves, 19/07/2018

De ciudad.es

El juego de la trama

Yo inventé este gran juego urbano, como muchos otros, en un verano interminable en Madrid, cuando la pantalla de la televisión caía en un abismo negro

Somos lo que comemos dicen los expertos en nutrición. A mí me gusta devorar ciudades. Pienso que un fin de semana algo más largo,es una ocasión para pegarse un buen atracón, un atracón de ciudad europea. Creo que no soy el único que al pensar en la primera vez que pisé el suelo de Roma, Berlín o Londres, haya recordado una emoción singular: la que trasmitía un espacio inmenso desconocido, que empezaba justo delante de nosotros, nada más tomar contacto con su suelo y que se extendía en todas direcciones.

Recuerdo el sentido de pionero que se tiene cuando, por primera vez en una nueva ciudad,uno elige una dirección en una calle.También el vértigo que experimentamos al acercarnos a la siguiente esquina ante las múltiples posibilidades que se abren tras ella y que multiplican sus inmediatos posibles de forma exponencial. En nuestras manos, el callejero de una ciudad nueva, puede convertirse en el tablero maravilloso de un juego sin reglas. Un tablero en el que no están claras las casillas en las que encontraremos un premio. ¿Y qué tiene que ver un plano de calles con el más sofisticado juego de realidad virtual?

Convendrán conmigo que ante una elección así, sin notas que ayuden a decidir, va a ser muy difícil acertar con el sendero elegido. Sin embargo la primera elección actúa como desengrase mental y desinhibidor de decisiones y servirá para que,a partir de ahí,dudemos menos a cada paso y trencemos el mejor recorrido: el nuestro; el decidido por nosotros a cada momento…¡viva mi supernintendo¡
Si, con cada ciudad, optamos por guardar bien doblado nuestro propio mapa/tablero y pasado un tiempo no despreciamos una segunda visita, una vez pasada la novedad, descubriremos que nuestros ojos comienzan libremente a ir más allá que nuestros pasos, o mejor dicho que nuestros pasos se convierten en nuestros ojos y entonces, perdida la ceguera de lo novedoso,nos conducen a la belleza a través de esa  discontinua línea que contiene toda ciudad.

Yo inventé este gran juego urbano, como muchos otros, en un verano interminable en Madrid, cuando la pantalla de la televisión caía en un abismo negro de 16,30 a 19,00, cuando ya no quedaban cines de programación doble. Entonces allí, en el aburrimiento puro y enriquecedor,  descubrí, que mi propio barrio, tenía cien caras distintas si yo era capaz de trenzar cien caminos distintos a través de sus calles.
Si la buena comida además debe de entrar por los ojos, la ciudad más hermosa no llegará a nosotros si no adoptamos su mapa como un tablero y la recorremos, haciendo de ella, un juego. Cualquier ciudad puede convertirse en una experiencia única, trazando caminos al azar y dejando que sean nuestros pasos los que miren, entonces su belleza…nos entrará por los ojos.
www.angelperezmora.com

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