La ciudad y el agua

Publicado: 30/07/2017 ·
Creo que Málaga se merece más agua que el fondo de sus postales, algo más que la humedad en su aire, refrescante en verano y traicionero en invierno
Toda ciudad es un palimpsesto. Todo lo que es o fue, tarde o temprano, aflora. De una manera o de otra, el agua se hace presente en ella. Hay ciudades inimaginables sin agua, como Venecia. ¿Qué es realmente Venecia? ¿Un caserío con puentes o un conjunto de canales? ¿La plaza de de San Marcos o la laguna que la envuelve?

Otras ciudades, no es que sean impensables sin agua, es que son imposibles. Amsterdam nace de una guerra declarada por Holanda al mar del Norte. ¿Y Málaga? Málaga nace aquí por haber sido a avistada como abrigo desde el mar. Claro que para entenderlo hay que adentrase por la bahía.
Una vez puesto el pie en tierra, observo que el agua tiene poca presencia en nuestra ciudad. Está presente en sus grabados históricos. También cuando nos dejamos caer por las empinadas calles de Monte Sancha, Cerrado y Pinares, y  desde el volante cuando la rodeamos trepando conducidos por la autovía. El agua en Málaga es casi siempre fondo de perspectiva, y en sus calles, poco protagonista.

La arquitectura del agua, tuvo origen en jardines palaciegos. Hasta que las ciudades alumbraron reyes como Carlos III que sacó las fuentes de entre los muros de los palacios para refrescar a las gentes en los salones urbanos como el del Prado. Tanto en Madrid como en otras grandes ciudades, hoy es imposible acercarse a las fuentes que jalonan sus avenidas, sin embargo refrescan algo más que la vista al que callejea. Los papas y mandamases de Roma, aprovechaban cualquier evento para regalar con agua el ferroagosto romano, centrando fuentes en sus piazzas cerradas como Piazza Navona, salpicando una esquina cualquiera como San Carlo de las cuatro fuentes o recreando lo inimaginable desde la insulsa medianera de un palacio como la Fontana de Trevi.

Creo que Málaga se merece más agua que el fondo de sus postales, algo más que la humedad en su aire, refrescante en verano y traicionero en invierno. La labor del planificador es humanizar los espacios y el paseante precisa más presencia del más preciado líquido de la vida. Además del típico surtidor central con vaso perimetral hay muchas maneras de regalar con agua la ciudad: láminas de agua, como la del Parque del Oeste y la de la Barrera; agua en movimiento y agua quieta, agua silenciosa y agua que suena en la quietud, tras el recodo de alguna esquina….

Juegan mejor con el agua las ciudades que carecen de ella. Diríase que las que más les duele son las que mejor la cantan. Puede ser que para concebir el jardín más bello sea preciso atravesar el desierto. Si  visitan en esta época del año el Generalife, con el calor, podrán apreciar mejor como su jardinero inunda con agua nuestro paseo. Celebro al estudioso que un día me descubrió que el jardinero pone el agua a la altura del hombre: a la altura de sus ojos con surtidores, a la altura de sus pies, haciéndole cruzar frágiles canales….
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