Actualizado: 10:32 CET
Viernes, 18/01/2019

Costa Occidental

‘Poetas del Guadiana’ organiza un Jam Poético en el cementerio de Ayamonte

Pese al mal tiempo, se congregó un buen número de aficionados a la poesía de ambas orillas del Guadiana

  • Participantes

En medio de una borrasca de enormes dimensiones, con un cielo oscuro que vaticinaba cortinas de agua y alfombras de barro deslizándose por calles y avenidas en busca de mar abierto. En medio de un silencio que raras veces es molestado, los asistentes fueron capaces de ir viendo llegar esas voces de siempre, esas voces ya familiares y que son capaces de recitar poemas viejos y nuevos en cualquier lugar de ambos lados del gran río Guadiana. Y es que los Poetas del Guadiana, una vez más, acudían a la cita con ellos mismos y con sus seguidores fieles, para dejar a los pies de la tormenta lo mejor de sus poemas de ‘La vida y la muerte’.

La remozada capilla del camposanto de Ayamonte abrió las puertas y dio cobijo a quienes quisieron participar de ese Jam Poético, inusual y sorpresivo, que había sido convocado para rendir culto a los seres queridos y a los desconocidos, a los de hace poco tiempo y a quienes nos hablaron de ellos, sin apenas tener ninguna referencia, e incluso de aquellos que aun hoy se siguen buscando por parajes anónimos o espacios borrados de la memoria.

Gema Martín, concejala de Cultura del ayuntamiento fronterizo fue la encargada de abrir el acto con unas palabras breves y con un poema de Miguel Hernández. Teresa Martín puso la melancolía y Clemen Lorenzo la musicalidad poética. Leticia Mestre la ilusión y Mari Carmen Azaustre los sueños. Raúl Vela nos ofreció un pasaje bíblico mientras Ana Ontiveros se refugió en las mágicas palabras de Mario Benedetti. Joaquina Vázquez alzó la voz con sentimiento, mientras Aurora Cañada susurró cantos de nostalgia. Diego Mesa prefirió la transmitir la esencia de García Lorca dejando paso a Cinta Concepción con versos de vida y muerte de Rúa Nácher. Juan José Monge recitó con solvencia para dejar a continuación a Antonio Miravent que expusiera sus propias sensaciones a la vez que el chelo de Monge, recorría las avenidas del silencio del camposanto. Finalmente la voz de la otra orilla representada por Ana Francisco, surcó la capilla como una letanía de esperanza.

Y mientras los versos cogían altura para ir buscando su mejor acomodo en una estancia que deja pasar los días en el mayor de los silencios, afuera, entre mausoleos y cipreses, entre flores recién cortadas y lágrimas aun tiernas flotando entre los recuerdos, una cortina de agua golpeaba incesantemente sobre los cristales de la capilla. Cristales limpios desde hace años y repletos de viejos recuerdos de cada día, pero hoy bañados de manera incesante y abriendo camino a nuevas visiones de todo cuanto busca refugio en lugar tan respetado. Y al final de la tarde, el golpeo de la vieja campana invitó a todos a abandonar el camposanto, había llegado la hora de decir adiós a tanto verso y tantas sensaciones vividas en tan poco tiempo, en boca de los siempre inquietos y siempre creadores ‘Los Poetas del Guadiana’.

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