Actualizado: 18:35 CET
Viernes, 29/05/2020

Conil

Conil, encuentros en la tercera fase

En Conil, también el coronavirus ha dejado cosas a la intemperie, a la vista de todos, la debilidad de nuestra estructura económica.

Puesta de sol desde la playa conileña Los Bateles.

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Antonio Roldán Muñoz.

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Primera fase: Que lo urgente no nos impida hacer lo necesario.

El virus nos ha colocado en una encrucijada, elegir el camino correcto depende de a dónde queremos llegar, a dónde queremos ir

Un proverbio chino nos dice que el mundo se conoce sin salir de la puerta de la casa, el confinamiento nos ha confirmado la veracidad de este adagio oriental, aunque a medias, porque el instrumento que utilizamos, internet, la televisión, las redes sociales están viciados por la cantidad excesivo de mensajes, algunos veraces, otros contradictorios y abundan desgraciadamente informaciones engañosas, bulos y mentiras. Vivimos tiempos convulsos, los propios chinos desean una maldición a sus enemigos ¡ojalá  vivas en tiempos interesantes!, nos ha tocado vivir en estos tiempos. El mundo virtual te amplia el campo de conocimiento, pero existen cuestiones que nunca cambian. Acostumbro a estar informado de la realidad circundante, a todos los niveles, desde lo global a lo más cercano, lo local y desde distintos puntos de vista. Pero, por mi trayectoria personal y política tengo pasión por mi ciudad, por mi pueblo, por sus gentes y sus problemas. Me preocupa su futuro.

El coronavirus ha puesto en evidencia muchas cosas, a nivel del estado los nefastos efectos del desmantelamiento y  privatización de los servicios públicos, especialmente de la sanidad pública, además ha puesto en cuestión el modelo productivo con una industria desarbolada, incapaz de fabricar mascarillas, respiradores o equipos de protección para los trabajadores de la salud, dejando, en un primer momento de la pandemia, que el mercado internacional haya regulado a través de la oferta y la demanda. La  división internacional del trabajo, auspiciado por los poderes económicos hegemónicos capitalistas, colocó a nuestro país como especializado en servicios, dentro de la estructura territorial de una Europa neoliberal incapaz de lograr una unión solidaria y social en los momentos actuales. Otra cuestión, que esta crisis ha sacado a la luz, es la bajeza de la política partidista que utiliza los muertos para derribar al Gobierno, en vez de trabajar conjuntamente para acabar con la lacra que nos afecta a todos, sin distinguir de ideologías ni territorios. Por último, ha quedado demostrado que los trabajadores son imprescindibles, son los pilares que soportan los cimientos del país en el tiempo de las dificultades.

En Conil, también el coronavirus ha dejado cosas a la intemperie, a la vista de todos, la debilidad de nuestra estructura económica. Los sectores económicos locales han evolucionado a lo largo del tiempo, han disminuido en importancia el pesquero y el agrícola, aumentando su peso el comercio, turismo y sector servicios en general,  pese a todo nuestra economía esta diversificada, aunque descompensada. El turismo ha recibido un torpedo en su línea de flotación debido a la crisis sanitaria. Los servicios ligados a este, igualmente han quedado noqueados. Las actividades ligadas a las relaciones sociales, al contacto entre personas en espacios comunes son las más afectadas por el miedo al contagio. Si de esta crisis no aprendemos que el turismo es una actividad frágil, dependiente de algunos factores no controlados por la administración y los agentes locales, no habremos aprendido nada. No se trata de renegar del turismo ahora, sino de recuperarlo en su versión más sostenible. Sin embargo, sería de necios no aprender de las lecciones que nos da la vida, es necesario retomar la iniciativa, creando canales e instrumentos desde lo público, para aprovechar los beneficios o plusvalías generadas en el sector turístico o hostelero (incluso en la economía sumergida) dirigiendo las inversiones a otros sectores de economía productiva y economía social, investigando y apoyando nuevos yacimientos de empleo.

Sin embargo, lo anterior, no está en el debate público. Desgraciadamente, lo urgente nos impide hacer lo necesario. Hace falta un Plan de reactivación económica y social. Un plan de desescalada local es necesario, para afrontar la crisis socioeconómica provocada por el coronavirus, que abarque todas las áreas de gestión municipal, todos los sectores económicos y que se afronte con una escala temporal de lo inmediato, a medio  y a largo plazo. El virus nos ha colocado en una encrucijada, elegir el camino correcto depende de a dónde queremos llegar, a dónde queremos ir. Si el objetivo es volver a la situación de antes del coronavirus elegiremos ese camino, o la nueva normalidad lo impedirá,  si en cambio, verdaderamente pensamos que en el futuro habrá otros virus o eventualidades que pongan en riesgo nuevamente la fragilidad del turismo, deberemos optar por otra senda.

Las declaraciones de los grupos de la oposición son coyunturales y dedicadas a criticar al gobierno municipal, pero no otean el horizonte. Me sorprende las peticiones de la asociación de empresarios local, que se resumen en la expresión “Y de lo mío qué”, solo una relación de rebajas y bonificaciones de impuestos municipales sin importarle nada mas allá de esto, una actitud insaciable para una minoría de la población conileña. En vez de solicitar un plan global para toda la población, solo se miran el ombligo.  Al leer el escrito me viene a la mente varias preguntas  ¿Por qué no esperan un tiempo prudencial para consensuar unas ayudas con el Ayuntamiento? ¿Por qué la presión en plena pandemia? ¿Van perdonar todas las cuotas mensuales a sus afiliados?  ¿Y a los trabajadores  se les bonifica en los impuestos? ¿Y a los parados?

Segunda fase: ¿Qué fue de la clase trabajadora conileña en la epoca del coronavirus?

Pero, ¿qué piensa la clase trabajadora, la mayoría de la población? Lo primero es que no tiene conciencia de que es mayoría, si así fuera otro gallo cantaría. Podemos comprobar, antes del coronavirus, cómo en Conil   existían 9.709 personas afiliadas a la seguridad social en agosto del 2019, de los cuales 7.194 pertenecían al régimen general (74,09%), 1.986 son autónomos (20,45%, de los cuales 913 no tienen asalariados), 347 pertenecen al régimen agrario (3,57%), 59 a trabajadoras del hogar (0,60%) y 123 al régimen del mar (1,26%). De igual manera los datos del IRPF y los tipos de renta declaradas de 2016 nos indican que las rentas netas del trabajo suponían el 77,81% (90.689.750 euros) del total de rentas netas declaradas (116.554.831 euros) de un total de 8.233 declaraciones. No estarían completos estos datos, desde una óptica de izquierda, si no lo completáramos con los del mercado de trabajo, donde podemos observar que la tasa de paro registrado en Abril de este año es de cerca de 3.153 desempleados, cerca de 700 parados más que en diciembre del año pasado, antes del confinamiento.

El 80% de la población activa son trabajadores por cuenta ajena y del 20% restante, casi la mitad son autónomos sin personal a su cargo.

Con coronavirus o sin él, la mayoría de la población es clase trabajadora y va a sufrir las consecuencias de la crisis socioeconómica en sus carnes sino se organiza, se articula y exige que las medidas de las distintas administraciones vayan pensadas para la mayoría social. Hasta ahora, el gobierno estatal y el local están intentando crear un escudo social que impida que la crisis las paguen los mismos de siempre. Las organizaciones de la izquierda local, tanto políticas, sindicales, como de la sociedad civil deben elaborar políticas unitarias en defensa del empleo y de unos servicios públicos de calidad, que contrarresten la presión de los que siempre intentan conseguir privilegios.

Tercera fase: Defensa del estado del bienestar.

Crear un escudo social conlleva la defensa de los servicios públicos. La pandemia nos ha mostrado lo necesario que es una sanidad pública potente y sin recortes, medidas publicas de protección del empleo, educación pública,  y unos servicios sociales con medios y recursos adecuados para atender a la población. El estado del bienestar es aquel que crea los mecanismos para paliar las desigualdades económicas y sociales. El neoliberalismo y las fuerzas políticas que lo defienden, desde hace décadas, intentan acabar con él, con recortes y privatización  de los servicios públicos básicos.  El Ayuntamiento de Conil es un defensor decidido del estado del bienestar, demostrándolo en sus acciones diarias. Debido a la crisis del coronavirus, muchas familias se han visto afectadas por el desempleo, con necesidades básicas por satisfacer, sin medios económicos para afrontar la dureza de la crisis. El Ayuntamiento, a través de la concejalía de Servicios Sociales ha creado una  mesa de emergencia social, donde aparte del propio ayuntamiento, está incluida Cáritas y Cruz Roja. Inteligentemente aunar esfuerzos ante la gravedad  y la situación de muchas familias era lo necesario. Caritas, Cruz Roja y los servicios sociales municipales son entidades contrastadas en la gestión de asistencia y ayudas en situaciones de emergencia social, pues mantienen criterios objetivos y mecanismos de control para repartir justamente las ayudas solidarias. Ha sido un acierto la unión en estos momentos. No creo en la caridad sino en la justicia y la solidaridad. No soy creyente, pero creo que Cáritas hace una labor importante en la atención a personas vulnerables en situaciones críticas. Ojala los obispos le reportaran los medios económicos que le prestan a la Cope, 13 Tv… Creo que la aprobación de un Ingreso Mínimo Vital o Renta básica por parte del Gobierno es un acto de justicia, que aliviara la situación de muchas personas y familias que lo están pasando mal.

Desgraciadamente, el virus ha puesto al descubierto el aprovechamiento personal del acto noble de la ayuda a la gente necesitada. Cuando alguien publicita constantemente, la ayuda dada, nos indica que algo huele a podrido. Es legítimo que alguien ayude a la familia, al vecino, algún conocido necesitado, pero cuando se organiza un entramado de recogida y reparto de alimentos, sin entidad conocida que respalde, en clara competencia con la mesa de emergencia social, se está ocultando los verdaderos motivos de ese entramado de caridad. Juan de Iriarte escribió al principio del siglo XVIII: “El señor don Juan de Robres/con caridad sin igual/hizo este santo hospital/ y también hizo a los pobres. El tiempo dirá las verdaderas intenciones de esas “personas”, de esa caridad realizada a bombo y platillo, ¿será egocentrismo, preparación para una presentación de candidatura a las elecciones locales…? Es extraña la confluencia de personas y entidades que quiere aprovechar las dificultades de muchos conileños para sacar tajada personal, rechazando la unión de esfuerzos en la mesa de emergencia, realizando una falsa justicia sin control, ni criterios para un reparto justo y equitativo, con posibilidad de duplicación de ayudas, me parece grave y escandaloso. Comprar voluntades con una falsa beneficencia, tiene un trasfondo ideológico de extrema derecha que hay que denunciar. La mejor manera de acabar con estos embaucadores  es aplicando políticas de justicia social y denunciar públicamente su hipocresía.

El virus, como un extraterrestre, nos obliga a encontrar un equilibrio entre la salud y la economía, como encuentros en la tercera fase.

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