Chiclana

La cara de ‘andar por casa’ de Fernando Quiñones

Mauro Quiñones recuerda el “taca, taca de su olivetti por las noches, era mi canción de cuna”

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  • Mauro Quiñones, junto a Juan José Téllez -

Pocos actos de generosidad son comparables al de abrir de par en par tu vida, tus recuerdos más tempranos, para compartirlos con los que, como tú, sienten pasión por ese alguien que dejó una huella imborable en ti... en muchos. Y ese regalo es el que Mauro Quiñones entregó a quienes, de la mano de Juan José Téllez, quisieron participar de un ‘viaje’, corto pero intenso, para saber más de ese Fernando Quiñones, su padre, de ‘andar por casa’.

“Aún recuerdo que, cuando nos llevaba al colegio en uno de los dos cuatro latas que tuvimos, paraba el tráfico para que pasásemos mi madre, mi hermana y yo. Era algo que, en ciertomodo, me avergonzaba, pero que él, desde su ‘locura’ y soltura, hacía con toda naturalidad”.

Cuatro latas que, un buen día, “le dio problemas en un viaje a Marruecos y allí lo dejó” y con él, su gusto por la conducción. Gusto, este por las letras, que cultivaba de noche, “lo que convirtió el ‘taca, taca’ de las teclas de su olivetti en mi canción de cuna”. Noches que, a veces, se hacían interminables y que “compartía con mucha gente de la bohemia (Antonio Gala estuvo viviendo en casa) y flamencos”.

“Mi padre siempre fue muy generoso, siempre tenía abiertas las puertas de su casa y, muchas veces, prestaba un dinero que ya nunca volvía”. “De hecho, recuerdo que hubo un tiempo en el que pasamos de tener cierto nivelito a una economía de ‘a lo que viniese’, aunque en casa nunca nos faltó de nada”.

Asimismo, Mauro Quiñones recordó que, “viviendo en Madrid (en un décimo piso, bloque en el que también residía Caballero Bonald), nos llamaba para subir a comer con un toque de trompeta. Con la hora de comer era muy puntual. Era su forma de ser, de hacer las cosas”.

Gran viajero, Mauro reconoció que “algunas ausencias se hacían muy largas”, en especial con motivo de aquellos viajes a Latinoamérica, “en los que sé que le hizo una entrevista a Fidel Castro, que, desgraciadamente no la he encontrado por ningún sitio”.

Un Fernando Quiñones que “no le gustaba nada que masticasen chicle” y que, según Mauro, pudo cambiar su pasión por el toreo “a raíz de que una vez me vio llorar al ver cómo mataban a un toro”, al menos eso dicen.

Viaje por las ‘intimidades’ de la relación entre Mauro Quiñones, su padre y familia que se”ve reflejado en algunas de sus obras”. Fueron apenas 60 minutos de charla y coloquio de esos que valen su peso en oro para acercarse un poco más a la vida del que es uno de los grandes de la literatura y, además, de Chiclana.

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