Actualizado: 11:33 CET
Martes, 14/07/2020

CinemaScope

Su último deseo: expectación rima con decepción

La prometedora realizadora Dee Rees patina en esta confusa y casi ininteligible adaptación de una novela de Joan Didion

Dee Rees está considerada una de las realizadoras estadounidenses más prometedoras de la última década. Le respaldan dos títulos notables, Pariah y Mudbound, por la que fue nominada al Óscar al mejor guion adaptado. En su último trabajo, bajo la producción de Netflix, adapta una  novela de la veterana y reconocida periodista Joan Didion (The last thing he wanted) y cuenta como protagonistas con Anne Hathaway, Willem Dafoe, Ben Affleck, Toby Jones y Rosie Pérez. El filme relata la investigación llevada a cabo por una periodista sobre el contrabando de armas entre EEUU y determinadas milicias para derrocar a gobiernos de Centro América, caso de El Salvador o Nicaragua. Corren los primeros años 80, en plena era Reagan, y la investigadora aprovecha la implicación de su padre en uno de los envíos de armas para llevar a cabo la entrega y confirmar la participación del gobierno estadounidense en las operaciones. 

Es, posiblemente, el resumen más ordenado que se puede hacer de Su último deseo, una película en la que todo es confusión, incluso con momentos y diálogos casi ininteligibles, que hacen naufragar el supuesto empeño de practicar el thriller político, un subgénero que ha deparado en el pasado grandes títulos con los que, también supuestamente, Hollywood pateaba las partes nobles de algunos de sus gobiernos más deshonrosos.

En el caso de Rees, y pese a la excelente interpretación de Anne Hathaway, es complicado seguir la trama, saber de qué parte está cada cual en todo momento, incluso aceptar las circunstancias por las que la periodista decide suplir a su padre -un perdedor, borracho, aquejado de alzheimer, con el que apenas ha mantenido contacto durante años-, en una misión suicida. Y, si bien es cierto que la película capta la angustia de la protagonista a lo largo de su imprevisible periplo por Costa Rica, y que nos deja claro que los auténticos malos son algunos de los que se sientan a diario en los despachos del Capitolio, el desarrollo de la trama es tan soporífero como carente de alma, pese a los subrayados en off de Hathaway y la referencia estética a cierto cine de los 70 que queda en mera aspiración, como las expectativas en torno a una película con tan atractivos alicientes que termina por no saberse explicar y rendirse a situaciones inverosímiles que devalúan tanto la apuesta como la denuncia encubierta.

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