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CinemaScope

'La niña de la comunión', terror puro con sus sustos, su muñeca y sus fantasmas

Aunque La niña de la comunión remita inevitablemente a Annabelle o Chucky, también hay rastros de REC, de la misma Verónica o de Malasaña 32

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Víctor García, director de secuelas de franquicias de terror como "Return to House on Haunted Hill" (2007) o "Hellraiser: Revelations" (2011) presenta su primer largometraje en español, "La niña de la comunión", que es una cinta de género genuina "con sus sustos, su muñeca y sus fantasmas".

"La niña de la comunión no es tan famosa como 'la chica de la curva', pero es del estilo: esta es solo una niña que desaparece en su comunión y que se aparece por ahí asustando a la gente", se ríe el catalán, que ha logrado en su película una mezcla de ingredientes perfecta para los amantes del género.

Con una antigua muñeca de porcelana como detonador de una desasosegante historia de maldad y posesiones, "La niña de la comunión" ocurre en los años ochenta en España, en un pueblito de Tarragona al que llega una familia que viene de pasar una mala racha.

La intriga comienza al terminar la comunión de la hija pequeña, Judith (Olimpia Roch), junto a otras niñas del pueblo; una mujer desesperada pregunta a todos si han visto a su niña: hace años que desapareció el día de su primera comunión y nunca se la volvió a ver. El cura le recrimina su insistencia y la saca del ambiente festivo.

El siguiente momento de angustia lo protagoniza la hermana mayor de Judith, Sara (Carla Campra), que vuelve al pueblo con su amiga Rebe (destacable trabajo de Aina Quiñones), ambas haciendo autostop por una oscura carretera después de haber estado bailando en la disco de un pueblo cercano. Un coche las recoge y Sara cree ver a una niña atravesando el bosque. Salen a mirar, pero solo encuentran una vieja muñeca vestida de comunión tirada en el suelo.

"Hice un trabajo muy intenso de revisionar películas que me gustan de distintos géneros para buscar cuál sería el lenguaje de nuestra película y me di cuenta de que, a pesar de que mi cabeza planteaba cosas ya vistas, al final -siempre pasa en los rodajes, indica el director-, al poco de empezar, la película toma entidad propia y es ella quien te lleva y tienes que seguirla".

Y eso fue lo que pasó. "Es una peli de terror, obviamente, con sus sustos, su muñeca y sus fantasmas, no hay más, pero sí me lo plantee como una revisión social de la gente de esa época, también comparada con hoy, y de cómo el contexto ha cambiado", en cosas como la importancia que tenía entonces hacer la comunión.

Víctor García añade que "no quería ni 'ochentas' nostálgicos ni lecciones de moral, sino plasmar una realidad de unos personajes. Creo que en un ejercicio cinematográfico, aunque sea solo una película de terror, hay que plantear cosas al público y que ellos saquen conclusiones", asevera.

A su lado, Carla Campra (Barcelona, 1999) -"veterana" en producciones de terror tras haber participado en "Verónica" (2017) o la serie "Feria: la luz más oscura"- advierte de que en la película "hay momentos que son de mucha tensión".

"Sara es una niña nueva en el pueblo que está un poco descolocada, que no se entiende con nadie y encima se lleva fatal con su tía; tiene problemas con su familia, y se encuentra con la Rebe y congenia con ella", explica Campra.

Entre ellas, dice la catalana, "nace algo energético, las dos tienen un dolor dentro que las hace compenetrarse. Encima viven 'esto' juntas y se unen mucho más. Y Sara encuentra el amor", sonríe.

Aunque "La niña de la comunión" remita inevitablemente a Annabelle o Chucky, también hay rastros de "REC", de la misma "Verónica" o de "Malasaña 32".

"James Wan -director malasio de cintas como "The Conjuring" o la saga "Saw", y creador de la muñeca Annabelle- es el máximo exponente del cine de terror, para mi gusto, el mejor de EEUU, pero en España tenemos otros", entre los que García cita a Paco Plaza.

Producida, escrita y dirigida por él, con la ayuda del guionista Alberto Marini, no se descarta que haya una segunda parte que "rellene algunos huecos".

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