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Miércoles 10/08/2022  

CinemaScope

The staircase y los límites entre ficción y realidad

Basada en una historia real y en la serie documental que relata esa historia real, en The Staircase todo resulta retorcido para impedir que tomemos partido

Publicado: 11/06/2022 ·
13:19
· Actualizado: 11/06/2022 · 18:43
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Kathleen Peterson perdió la vida en diciembre de 2001 tras caer por las escaleras de su casa. Sin embargo, la policía advirtió desde un primer momento que los indicios apuntaban más a un asesinato que a un accidente. La única persona que se encontraba con ella en ese momento era su marido Michael, que se convirtió en el único sospechoso para los investigadores. La relevancia personal de la fallecida hizo que el caso saltara a los medios y empezara a forjarse un juicio paralelo en el que el sospechoso, además de acusado, no tardó en convertise en culpable a los ojos de la opinión pública.

El documentalista francés Jean-Xavier de Lestrade llegó a un acuerdo con el detenido, su familia y su abogado para registrar su día a día desde entonces. El resultado es una muy interesante serie documental de 13 capítulos titulada The staircase -disponible en Netflix- que abarca 16 años cruciales en la vida de Michael Peterson, marcados por lo ocurrido aquella fatídica noche, y que se clausura sin poder garantizar ni la inocencia ni la culpabilidad de su protagonista.

Antonio Campos ha tomado ahora todo ese material como punto de partida para convertir la historia en una miniserie producida por HBO con idéntico título, The Staircase, y un excelente reparto coral encabezado por Colin Firth, Toni Collette,  Juliette Binoche, Michael Stuhlbarg y Parker Posey. Así, si ya la docuserie de Lestrade nos invitaba a reflexionar sobre la representación de la realidad, el trabajo de Campos eleva la apuesta al proponer un constante tránsito entre la realidad y la ficción en el que a veces resulta complicado distinguir los límites, sin que ello desmerezca de su más que destacado conjunto.

En este sentido, el mérito de Campos reside en su capacidad para encontrar el tono adecuado a la hora de narrar los hechos, tanto por el uso constante de flashbacks -el relato se remonta a fechas previas a la muerte de Kathleen en busca de gestos decisivos- como por lo retorcido que resulta todo en el seno de una familia tan particular -también en el del sistema judicial americano-, bajo la intención de evitar que tengamos que tomar partido por nadie. De hecho, hay hasta tres recreaciones de la muerte de la protagonista, a gusto de cada teoría, como si la ficción fuese la única forma de explicar lo que en la vida de la gente corriente no encontrara explicación, o tantas a la vez.

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