Actualizado: 19:25 CET
Domingo, 08/12/2019

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¿Posverdad? Mentira cochina.

Cuando se juega con las palabras, se debe tener muy en consideración que algunas de ellas, esta de las posverdad sobre todo, las carga el diablo.


 

Ramón de Campoamor, en un poema publicado en 1846, terminaba diciendo: “Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira.”. ¿Relativismo absoluto? Hay quien califica así esta posición vital. El debate sobre esencias y existencias se hace más que complicado, cuando es más sencillo. aunque no por ello menos acertado.

Determinadas palabras aparecen en el lenguaje, no se sabe bien por qué, y se ponen de moda porque ¿suenan bien? Más seguro, que su uso no es inocente y que quien las gesta algo pretende. Porque es notorio que si alguna cosa aparece, y era desconocida, palabra nueva requiere, pero ¿y si ya la lengua contenía la palabra para definirla? ¿Es que era preciso aumentar el vocabulario innecesariamente?

Con la palabra posverdad ha ocurrido algo de esto, y tan de moda se ha puesto, que hasta la Real Academia Española de la Lengua ya la ingresó casi al momento. Otras palabras tardan, no décadas sino siglos, en formar parte del acervo de la lengua española, ésta al momento. Dice la RAE posverdad “De pos- y verdad, trad. del ingl. post-truth.:1. f. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad.”Una distorsión deliberada de una realidad se sitúa en el terreno de la mentira y ésta la define la RAE: 1. f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente. 2. f. Cosa que no es verdad.

Quienes analizan datos sobre la realidad, y saben porque saben, que haciéndolos públicos quienes los conozcan comprenderán mejor determinados asuntos, no deberían tener mayor problema que ofrecerlos, y que cada cual analice los mismos y llegue a conclusiones. Porque si se distorsionan, se manipulan, se ocultan, entonces se falta a la veracidad de los mismos y eso, siempre ha sido y será MENTIR.

Cuando se pone de moda la palabra posverdad posiblemente se pretenda seguir distorsionando la mentira real que supone no ofrecer toda la información, sino la parte que sea más propicia para conformar opiniones equivocadas, erróneas. El objeto de la posverdad coincide con el objeto de la mentira, ya que falseando la verdad, o incluso no manifestándola, se pretende siempre obtener una ventaja. Solo en casos excepcionales las “mentiras piadosas” parecen estar “justificadas”, porque al fin y al cabo se persigue no generar un daño a sus destinatarios.


Y es que hay mucho demagogo posverdad que en el fondo piensa que, con posverdades piadosas, ahorran más de un mosqueo al respetable. Y de paso creerán las gentes que viven en el mejor de los mundos y felices y contentos seguirán apoyando al mentiroso de turno.

Cuando se juega con las palabras, se debe tener muy en consideración que algunas de ellas, esta de las posverdad sobre todo, las carga el diablo, y al fin de cuentas las posverdades son las Mentiras Cochinas de toda la vida.

Fdo Rafael Fenoy

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