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Martes, 23/04/2019

España

"Aquello no era rumba catalana, eran cánticos de odio"

Rotura de menisco, contusiones, tendinitis y cortes por cristales, entre las lesiones que sufrieron algunos policías durante el referéndum

  • Antidisturbios del 1-O.

Un agente de la Unidad de Intervención Policial (UIP, antidisturbios) de la Policía Nacional ha relatado este lunes al tribunal que juzga el proceso independentista en Cataluña la "hostilidad" que encontró su equipo durante la actuación que realizaron en un colegio de Barcelona durante el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. "Aquello no era rumba catalana, no eran cánticos lúdico-festivos, sino de odio", ha afirmado.

A preguntas del fiscal Javier Zaragoza, el agente no ha ahorrado en detalles para explicar lo que vivió ese día, hasta el punto que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, le ha tenido que llamar la atención en varias ocasiones para pedirle que concretara sus respuestas, pues narraba detalles que no le habían pedido en las preguntas.

Este antidisturbios intervino en la Escola l'Estel, donde se llegaron a concentrar entre "500 y 700 personas", la mayoría de ellas "hostiles" que se sentaron en el suelo para tratar de impedir la actuación policial, por lo que tuvieron que levantar a la gente "una a una", lo que le dejó "completamente extenuado".

Entre las "patadas y golpes" que recibieron, el testigo pudo oír gran cantidad de insultos que ha relatado con abundantes detalles al tribunal: "Nos dijeron de todo; mi madre se tuvo que duchar 200 veces ese día"; "una mujer con la nariz tapada iba diciendo 'qué mal huelen los policías nacionales, menos mal que con la república no vais a tener que venir más aquí'"; "a una mujer que pesaba 40 kilos 'mojá' no la podíamos sacar entre un compañero y yo; era una tigresa, la tigresa de Badalona".

"En la mirada veías que te querían matar. Eso sólo lo había visto en el País Vasco cuando nos mandaba el juez Marlaska a por terrorista", ha apuntado en alusión a los años en que el actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, era juez de instrucción en la Audiencia Nacional.

Este ha sido uno de los momentos en que Marchena ha interrumpido al tribunal para pedirle más concreción, pero el testigo ha hecho caso omiso y en la siguiente pregunta de Zaragoza ha afirmado que los estibadores del puerto donde se encontraba atracado el conocido como barco de 'Piolín', donde él estuvo alojado, también les insultaban cuando les veían de camino a la lavandería: "Nos decían que nos íbamos a morir de hambre porque no iban a dejar que nos llegara comida".

Sobre este punto ha insistido después el abogado Jordi Pina, defensor de Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez, pero el testigo seguía sin responder a la pregunta concreta de si sus superiores les habían apercibido porque los estibadores se habían quejado del trato de los policías nacionales. El letrado ha tenido que interrogar varias veces para que el testigo entendiera la pregunta específica, pero sólo ha indicado que en esas situaciones en el puerto no podían "hacer nada" y que se limitaban a "agachar la cabeza y seguir andando".

LE HIRIERON EL ORGULLO

Otro miembro de las UIP, esta vez un oficial, ha relatado cómo le hirieron el "orgullo" por los insultos recibidos en la intervención en la que participó el 1-O, lo cual le molestó "más que los golpes". "'Policía asesina' era el cántico más popular. Es lo que más duele, más que las heridas", ha afirmado, para añadir luego otros insultos como "hijos de puta", "perros del Estado" o "fascistas".

No son los únicos policías que se sintieron sorprendidos por lo vivido el día del referéndum ilegal. Otro agente ha explicado que escuchó varios tipos de descalificaciones: personales --"tu madre es una perra por haber tenido un hijo así" o "perros"-- y otros más generales que iban dirigidos directamente "contra España".

Como el anterior, este testigo ha matizado que nunca había oído este tipo de insultos. "Aguantamos muchísimo. Hubo insultos, amenazas, golpes, patadas, escupitajos... aguantamos con la mayor profesionalidad posible", ha remarcado.

La mayoría de los casi 20 agentes que han comparecido este lunes resultaron lesionados con heridas de diversa consideración. Desde contusiones provocadas por el lanzamiento de objetos hasta rotura de menisco, rotura de falanges en las manos, tendinitis, muñecas abiertas o cortes por rotura de cristales, entre otras.

Sin embargo, ninguno de los policías vio colaboración por parte de los agentes de los Mossos d'Esquadra que había en las inmediaciones de los colegios. Incluso, el agente ha explicado que cuando llegaron los policías nacionales se percataron de que dos mossos "se escondieron detrás de unos setos". "No vinieron ni a decirnos si queríamos agua", ha contado.

La defensa del exconseller de Interior Joaquin Forn ha preguntado a uno de los agentes si los mossos que vio iban preparados con uniformes de intervención en orden público, a lo que el testigo ha contestado que no.

EL IBIZA GRIS DE PRESIDENCIA, EN UN TERCER COLEGIO

Otro agente, perteneciente al grupo de información que actuó el 1-O en el colegio Els Horts de Barcelona, ha situado a las ocho de la tarde de ese 1 de octubre en el citado centro un Seat Ibiza de color gris ocupado por dos personas al que ya se refirieron en sesiones del juicio celebrado la semana pasada semana otros agentes que también participaron en labores de vigilancia en dos centros de votación diferentes de la ciudad condal: Provençals y Pau Romeva.

Según dichos testigos, al coche se habrían subido dos personas de las que dijeron que podrían ser mossos "camuflados" que advertían a ciudadanos de la llegada de la policía al centro. El testigo de la tarde de este lunes, al igual que los anteriores, comprobó en la base de tráfico la matrícula de este coche, que resultó pertenecer a la Consejería de Presidencia de la Generalitat de Cataluña.

Este mismo testigo ha relatado como "un chico con coleta y una señora" abandonaron el centro a la hora del cierre portando urnas dentro de bolsas de basura que, ante la actitud pasiva de los dos mossos d'Esquadra que se encontraban allí, introdujeron en un vehículo y llevaron a un domicilio particular. Ello ocurrió tras una intervención muy complicada en el centro, en la que los agentes que escoltaban la comisión judicial tuvo que entrar por una puerta trasera al centro y enfrentarse una vez dentro a unas 60 personas sentadas en un pasillo que les impedían el paso hacia el lugar de las votaciones.

LANZAMIENTO DE ADOQUINES Y VALLAS EN EL CENTRO RAMÓN LLULL

Otro de los agentes que ha declarado esta tarde ha relatado ante la Sala la accidentada intervención en el colegio Ramón Llull, también en Barcelona y uno de los centros de votación donde se produjeron más incidentes el 1-O, donde a los agentes de la UIP que acudieron de apoyo les fueron arrojados vallas, piedras, sillas y otros elementos de mobiliario urbano por parte de los concentrados.

Así lo han declarado varios policías que han testificado en el juicio, en el que también han explicado que para poder salir de allí sus compañeros dispararon salvas al aire para intentar que se retirara "la masa", pero como no lo lograban hicieron uso de lanzamiento de pelotas de goma para dispersar a los manifestantes y poder acceder a sus vehículos, ya que según su relato "no había otro medio" de salir de allí.

Otros agentes también han admitido que usaron o que vieron a sus compañeros usar las defensas reglamentarias (porras), si bien han especificado que no recurrieron a ellas para golpear a nadie, sino sobre todo para protegerse de los ataques que recibían de los concentrados, algunos de los cuales iban encapuchados o ataviados con cascos de moto.

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