Nadie lo sabrá nunca

Publicado: 17/05/2018 ·
Hace unos días tuve el placer de presentar, en Jaén, la primera novela de Manuel Oliva Real, que cuenta con una dilatada carrera profesional como psicólogo...
Hace unos días tuve el placer de presentar, en Jaén, la primera novela de Manuel Oliva Real, que cuenta con una dilatada carrera profesional como psicólogo clínico y docente en Madrid. A Manuel lo conocí gracias a la mediación de mi amigo Miguel Portero Román, lo que derivaría finalmente en el encuentro con dicha novela que, por cierto, se titula “Nadie lo sabrá nunca”. Manuel Oliva ha sabido incardinar dos tiempos distintos en su novela, que uno se topa de forma casi imperceptible e inesperada, conforme se avanza en su disfrute. Un tiempo es el presente novelado. La muerte del joven Mon, en extrañas circunstancias, es el inicio de la trama. Otro joven se adentra en la investigación de las posibles causas que pudieron ocasionar el fatal desenlace. De esta guisa profundiza en el conocimiento de las circunstancias que rodeaban la vida de Mon, la cruel vida de Mon que, poco a poco, se va desgranando gracias al contacto del investigador con los amigos más cercanos al fallecido que, por cierto, intentarán que abandone su investigación. El otro tiempo, el pasado, forma parte de los recuerdos presentes del protagonista. El joven investigador rememora a diferentes personajes y testimonios que conoció en un grupo de terapia psicológica del que él mismo formó parte. Los testimonios que memoriza se narran en primera persona y en presente, lo que hace que se fortalezca la más que posible reacción sentimental y sensorial del lector hacia dichos textos. Al menos es mi caso particular. En los mismos se describen los sentimientos de personas que han sufrido maltrato y abusos en su infancia, individuos con amigos imaginarios, princesas atrapadas en su imagen, suicidas… Se nota que es un profesional de talla quien la ha escrito, un psicólogo con notable experiencia. No podía ser de otra forma dada la capacidad que tiene el autor,  en su redacción, de conseguir adentrarnos en los sentimientos y la crudeza de unos testimonios en muchas ocasiones impactantes, desagradables incluso. La novela creo que, además de ser una trama interesante, que engancha y satisface, tiene ese “toque” psicológico que remueve interiormente al que la lee. Indudablemente en cada uno producirá unos efectos y conclusiones distintas. Que esta publicación consiga acercarnos, aunque sólo sea someramente, a algunas de esas mentes que, doloridas, acomplejadas, maltratadas… existen en nuestro mundo, creo que puede ser el gran éxito de “Nadie lo sabrá nunca”. Pero sobre todo su mensaje final de esperanza activa, de que el ser humano puede reaccionar ante las incertidumbres y anhelos.

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