Actualizado: 15:52 CET
Jueves, 19/04/2018

Campillejos

Estupefacto

Hace unos años, en una ciudad de la mitad sur peninsular, después de realizar unas gestiones personales, traté de visitar un centro interpretativo dedicado...

Hace unos años, en una ciudad de la mitad sur peninsular, después de realizar unas gestiones personales, traté de visitar un centro interpretativo dedicado a la España Judía, pues tenía noticias de él y me interesaba conocerlo. Lamentablemente cuando llegué a la taquilla me trasladaron que ya estaba cerrado y que no podría visitarlo ese día.


Yo regresaba a Jaén esa misma noche y, por tanto, no podría visitarlo al día siguiente y expresé mi desencanto por no poder conocerlo en esa ocasión. Le trasladé a la recepcionista que me interesaba mucho el objeto de ese centro y que yo tenía relación con las actividades en Jaén en torno al antiguo barrio judío local y que, en fin, en otra ocasión sería.


Fue entonces cuando ella me dijo que conocía en Jaén a alguien relacionado con la actividad cultural en torno a nuestra Judería, lo que me sorprendió. Le pregunte que a quien conocía y su respuesta no tuvo desperdicio: - a Rafael Cámara, me espetó.


Atónito le respondí: - ¡pero si ese soy yo! Y, tras la estupefacción inicial, la cosa fue a mejor y quedamos emplazados en reencontrarnos. Tanto es así que al poco rato me llamaron por teléfono para invitarme a conocer el centro, que no dije antes que es privado, pues habían decidido mostrármelo esa tarde de forma excepcional. Fue una experiencia con un final positivo.
Hace unos días me pasó algo que es, en cierto modo, lo contrario a lo expuesto.  Fue con alguien a quien sí conozco desde hace años, no con una amistad propiamente dicha pero si es alguien con quien he mantenido algunas conversaciones, compartido reuniones y desde siempre, como mínimo, nos hemos saludado cordialmente. Esta persona, en los últimos tiempos, ha cuestionado en algunas redes sociales la acción de voluntariado cultural en torno a la recuperación de la Judería de Jaén pues, a mi humilde entender mezclando churras con merinas, considera que esa acción es anti-palestina.


El caso es que un servidor iba en el autobús urbano en dirección a mi trabajo cuando, a mitad de camino, esta persona subió al mismo. La vi acceder en dirección al asiento que tenía justo a mi lado y me alegré, pues pensé que podía ser un buen momento para aclarar algo que por redes sociales quizá no sea el medio más adecuado de tratar (nunca le respondí por esa vía). La sorpresa vino porque cuando iba a sentarse justo a mi lado, me miró a los ojos y, al darse cuenta de que era yo, emitió un sonido gutural y salió como alma que lleva al diablo en dirección a otro asiento lejano al mío. Todavía no se qué pensar, de verdad.

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