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Miércoles 28/07/2021

En román paladino

Peor que el Watergate.

El escándalo Kitcken se fundamenta en la corrupción institucionalizada del ministerio del Interior bajo la gestión de Fernández Díaz

Publicado: 17/06/2021 ·
09:30
· Actualizado: 17/06/2021 · 09:30
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  • El exministro del Interior Jorge Fernández Díaz (i) llega a la Audiencia Nacional.
Autor

Rafael Román

Rafael Román es profesor universitario, miembro del PSOE, exconsejero de Cultura y expresidente de la Diputación de Cádiz

En román paladino

El autor aborda en su espacio todos los aspectos de la actualidad política tanto de España, Andalucía y la provincia de Cádiz.

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Sostiene un  agudo periodista -Ernesto Ekaizer- que, a pesar de haber estado meses en la UCI, ha tenido mejor suerte,  con el coronavirus, que el llorado  José María Calleja, que el caso Kitchen es peor que el Watergate. El presidente Nixon mandó espiar  y robar documentos del cuartel general del  Partido Demócrata y le costó la presidencia de los Estados Unidos, tras las investigación periodística más sonada del mundo, porque los norteamericanos saben vender sus logros. El escándalo Kitcken se fundamenta en la corrupción institucionalizada del ministerio del Interior bajo la gestión de Fernández Díaz, que no ahorró medios  humanos y materiales policiales y parapoliciales -sólo utilizar esta última  palabra pone los vellos de punta, propia de países que se saltan el Estado de Derecho- con los fondos reservados para pagar confidentes y  voluntades para tapar la corrupción.  

“La que me está  usted liando  esta mañana” le dijo el juez García-Castellón a un comisario,  Manuel Morocho, que investigaba los intentos del ministerio para que las fuerzas antes citadas sustrajeran, destruyeran e hicieran desaparecer las pruebas que inculpaban a altos cargos del gobierno y del partido  de los populares en la corrupción. Ha revelado que lo quisieron comprar para que abandonara la investigación con ofertas tentadoras en el extranjero -Lisboa, Viena, Nueva York-. Consiguieron apoderarse de  las anotaciones de  Bárcenas con la contabilidad en negro y los sobresueldos  del Partido Popular, asaltaron su domicilio con el chusco episodio del falso cura, contrataron un chofer que trabajaba como conductor y espía policial, destinaron a decenas de policías para seguimientos ilegales,   trataron de borrar los nombres de los más altos jerarcas del partido -Rajoy, Arenas, Cospedal- de los documentos y un largo etcétera de irregularidades  que hicieron exclamar al magistrado: “Me plantea usted un panorama desolador”.

Tan desolador como el abandono por parte del PP del pacto antitransfuguismo, que garantiza la limpieza  en el comportamiento ético de los concejales y diputados en la vida pública, tan deplorable como los intentos malintencionados, adobados de ignorancia, para poner en la palestra una imposible  implicación del Rey Felipe VI en la concesión de  unos  indultos  que son  competencia exclusiva del gobierno y que el Rey sanciona con la misma  responsabilidad -que es ninguna- que la Reina Isabel II lee el programa de gobierno del gabinete de turno del Reino Unido. 

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