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Jueves 16/09/2021

Arcos

“Me han destrozado la vida”

Jean O’Donoghue sufre la ocupación de su vivienda en Arcos, por lo que vive en el hotel Mesón de la Molinera a la espera de que se celebre juicio

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  • Jean O’Donoghue vive en el hotel Mesón de la Molinera a la espera de recuperar su vivienda.

No, no resulta difícil toparse cada día con una injusticia, pero la que sufre en primera persona Jean O'Donoghue clama al cielo. La ocupación de viviendas está lamentablemente a la orden del día. Algunos casos se pueden llegar a justificar con la necesidad de supervivencia de una familia, pero la situación por la que atraviesa desde hace poco menos de un mes esta ciudadana irlandesa afincada en Arcos (Cádiz) es triste, muy triste, por una fatal coincidencia. Lo que está sufriendo no tiene explicación. Ella misma dice que es “surrealista”.

Jean llegó a Arcos de la Frontera hace diecisiete años, como tantos extranjeros enamorados de la belleza de la tierra, de su tranquilidad y de sus gentes, aunque de esto último seguro que ha cambiado su concepto. Con su pareja compró unos terrenos de unos 2.500 metros cuadrados de superficie en el Pinar de la Plata, en la carretera Arcos-El Bosque, donde adquirió un chalet de segunda mano de unos 170 metros, una pequeña casa auxiliar y una piscina. Hace unos meses su compañero falleció de una enfermedad cuyo desenlace no pudo ser más rápido. Jean, buscando el consuelo de la familia que no tiene en España, viajó a su país para pasar esos duros días en compañía de su hermana.

Cuando regresó a Arcos se encontró con su casa ocupada, concretamente por el hijo de un vecino que, sin escrúpulo alguno, arrojó a la basura enseres, muebles, libros, fotografías...; objetos que de algún modo pudieran dejar rastro de los anteriores inquilinos, eliminando así la historia de la pareja. Afortunadamente, otra vecina que se percató de la situación pudo recuperar esos objetos y enseres para cuando Jean regrese a su hogar. No obstante, estando en Irlanda ya recibió una llamada telefónica alertándola de que alguien había entrado en su casa.

Desde el 8 de mayo pasado que tuvo lugar la ocupación, Jean vive en el hotel Mesón de la Molinera, sola, sin familia ni amigos, sin nada que hacer durante todo el día, salvo pensar y pensar, y sobre todo llorar y llorar, porque un trago así difícilmente se digiere. Vivir fuera de casa le supone un gasto de casi cien euros diarios, ya que tiene que costearse la habitación y la comida. Además, tendrá que hacer frente a los recibos de suministro de la vivienda que goza sin pudor alguno su vecino ocupa.

Ni siquiera puede hacer uso de su ropa de verano, que quedó en la casa ocupada, al igual que otras cosas que necesitaría en su vida cotidiana. Afortunadamente, le queda el consuelo del trato amable y cariñoso que el personal del hotel le está ofreciendo por humanidad. La víctima de la ocupación puso los hechos en conocimiento, en primer lugar, de la Policía Local de Arcos, que le dijo literalmente que no podía hacer nada. Efectivamente, no podía actuar, entre otros motivos porque el ocupa había esgrimido que la pareja de Jean le había entregado las llaves de la vivienda para cuidársela. Nada más lejos de la realidad, el delincuente había cambiado la cerradura de la vivienda (incluso habría instalado una alarma), en la que paradójicamente, no vive de lunes a viernes. Es decir, que encima de todo la estaría usando como una residencia de fin de semana. Jean recurrió después a la Guardia Civil, que igualmente no ha podido hacer nada al respecto, salvo ayudar a tramitar la denuncia. La víctima no sabe aún cuándo se celebrará el juicio, sobre todo porque llega agosto que suele ser un mes inhábil, temiendo en este sentido que el proceso se dilate en el tiempo con sus terribles consecuencias, no económicas, que en este caso es lo de menos, sino emocionales y psicológicas. Y es que Jean se muestra como una mujer desesperada, destrozada anímicamente, triste, que duda de la esperanza de recuperar pronto la casa que con tanta ilusión un día compró.

También es una mujer con ciertas reticencias para recurrir a otras instancias para recibir ayudas, pues los recursos se le van agotando. Solo espera que el juicio se celebre cuanto antes y que el ocupa, que ya está identificado, acabe pagando que le ha destrozado la vida a un ser humano. Para más inri, el ocupa llegó a exigirle el pago de 3.000 euros a cambio de devolverle su vivienda: toda una desfachatez. El caradura, que seguramente se habría ‘empapado’ de la Ley, sigue ocupando una vivienda pensando, tal vez, en la lentitud de la Justicia, a la que, desde luego, casos que atender, más o menos perentorios, no le faltan precisamente, y porque podría aportar argumentos y situaciones para librarse de una condena. Así están las cosas. 

Jean O'Donoghue, visiblemente amargada e imposible de contener las lágrimas en esta entrevista, solo espera que si hay justicia, se cumpla. “No entiendo cómo una persona no puede entrar en la casa donde ha vivido diecisiete años. Me parece que la Ley apoya más al delincuente que a la víctima”. Y es que en su país, explica Jean, la Policía habría actuado de inmediato desalojando al ocupa, aunque en este sentido acepte y respete que cada país tenga sus leyes. Cierto es que se le ha pasado por la cabeza otras medidas, que, en frío desde luego, no llevaría a cabo para no ponerse a la altura de un delincuente... “Pero ganas no me faltan”, explica a este periódico con lágrimas en los ojos y con rabia en el corazón.  “El peor gasto es el emocional, estoy muy afectada. No me encuentro bien de ánimo”, se expresa Jean en un español casi perfecto, en un intento de ser entendida, pero sobre todo comprendida.

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