Actualizado: 16:52 CET
Viernes, 29/05/2020

Cádiz

Crónica de un posible contagio sin anunciar

En cuarentena, tras conversación telefónica, sin test y a la espera de evolución, o cómo las cifras de contagios pueden no corresponderse con la realidad

  • En cuarentena y sin más contacto con el exterior que desde la azotea o la ventana de casa

El viernes 13 de marzo por la mañana subía a un avión destino Londres. Aunque las noticias sobre los casos de coronavirus empezaban a saltar de la sección internacional a las páginas nacionales, e incluso salpicaban ya las locales, no había medidas oficiales en España. Aquel viaje, junto a las entradas para un concierto, formaba parte de un regalo de Navidad. Es decir, llevaba meses planeado. Es cierto que durante toda la semana tuvimos dudas sobre cancelarlo, pero viendo que ni el vuelo ni el evento se suspendían finalmente decidimos ir. Al fin y al cabo estaríamos de vuelta en un par de días.

Pero al aterrizar, apenas tres horas más tarde, todo había cambiado. Pedro Sánchez había anunciado el estado de alarma, con el consiguiente confinamiento, que entraría en vigor a partir del sábado. Al principio me asaltaron dudas, ¿y si tenemos problemas para regresar? Estaba a más de 1.700 kilómetros de casa, no era tan fácil deshacer lo andado.

Londres seguía su trasiego normal, había gente en las calles, en las tiendas, en los pubs. Incluso en China Town un músico callejero pinchaba el hit del momento: ‘It’s corona times!’. Algunas personas llevaban mascarilla en el metro, pero eran pocas, los estantes en los supermercados comenzaban a vaciarse y en algunos incluso limitaban los rollos de “toilet paper” por consumidor. Sin embargo, la vida seguía fluyendo por las arterias de la gran ciudad.

Pasé el fin de semana consultando las noticias y las actualizaciones de la compañía aérea. Nos topamos con la realidad en el vuelo de vuelta cuando percibimos que había muy pocos pasajeros. El aeropuerto de Jerez estaba desierto, al igual que la carretera camino a Cádiz. El día 3 de confinamiento fue nuestro primer día.

El lunes 16 tuve dolor de cabeza durante todo el día, aunque lo achaqué al cansancio. Comencé a teletrabajar desde ese momento. Al día siguiente el dolor de cabeza seguía ahí, y mi pareja empezó a sentir malestar general y algo de fiebre, 37,5º. Para el miércoles yo ya tenía los mismos síntomas: escalofríos, destemplanza y dolor de huesos, sumados al dolor de cabeza. Estuvimos con ellos un par de días, pero eran leves. Por supuesto evitamos el contacto con otras personas, por precaución.

A los pocos días estos síntomas desaparecieron, dando paso en mi caso a un picor en la garganta y mareos y a una pérdida de los sentidos del olfato y el gusto en mi pareja. Al seguir siendo algo leve, y que no me impedía seguir trabajando desde casa, no llamé al médico en esa semana. Tomé paracetamol y permanecí sin salir. 

Finalmente, el miércoles 18 de marzo decidí contactar con los profesionales para salir de dudas y, sobre todo, saber cómo proceder, ya que aunque la mayor parte de mi trabajo podía realizarlo desde casa había otra para la que tenía que salir. No quería poner en riesgo a mi compañera técnico de cámara. En primer lugar llamé por teléfono al número habilitado por la Junta de Andalucía para ello (900 400 061). Aquí me respondió un contestador automático en el que hay que ir seleccionando opciones. Ninguna de ellas era para síntomas leves, por lo que tras varios intentos no conseguí hablar con nadie. Después quise contactar con Salud Responde (955 545 060). El resultado fue idéntico.

No fue hasta el viernes 20 cuando conseguimos hablar con nuestro médico de cabecera, aunque no resultó fácil. Los teléfonos comunicaban tanto en mi centro médico como en el Centro de Salud Olivillo. Tuvimos que recurrir a un conocido que nos puso en contacto directo con nuestros médicos. Al explicar los síntomas nos dijeron que no están haciendo la prueba a menos que se trate de casos con síntomas graves o muy evidentes, que permanezcamos sin salir 14 días y que nos llamarían en una semana para comprobar la evolución. Obviamente nos dijeron que si nos encontrábamos peor volviéramos a llamar.

Desde entonces ambos tenemos una baja laboral por “contacto y (sospecha de) exposición a otras enfermedades víricas transmisibles”. No nos hicieron ninguna prueba pero somos posibles contagiados. Y al igual que nosotros supongo que habrá mucha más gente en la misma situación, con síntomas leves o asintomáticos a los que no se les está realizando la prueba. Algo que evidencia que las cifras oficiales no son reales, que la mortalidad por Covid-19 es muchísimo menor aunque los contagiados son muchos más de los que figuran.

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