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Martes 24/11/2020

Cádiz

Un cocinero gaditano en busca del sabor de la madre tierra

José María Rodríguez Ares recorre el planeta buscando la cocina madre. Lleva más de catorce años aprendiendo de los pueblos originarios

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Un abuelo acróbata y trapecista, que dio la vuelta al mundo con el circo de los hermanos Fedriani en los años 30, y que acabó vendiendo unos de los mejores chicharrones de Cádiz. Él era Ambrosio el carnicero, y es el origen y la inspiración de José María Rodríguez Ares, un cocinero gaditano que desde hace catorce años recorre el planeta en busca del equilibrio y los sabores matrices.  

Esta historia comenzó ligada al mar. Fueron las olas las que llevaron a José María hasta Bali, en Indonesia. Aunque fue atraído por el surf finalmente se acabó enamorando de sus fogones. “Me encariñé con una familia, porque cada vez que salía del agua iba a un puestecito callejero y me fascinaba con la comida. Allí veía a la madre cocinando y ella se daba cuenta de que yo la observaba mucho. Hasta que un día me levanté y le pregunté si podía entrar con ella en la cocina. Así empezó todo”.  

Después de esta primera inmersión alquiló una motocicleta y recorrió los barrios en busca de nuevos sabores. Rodríguez lleva toda su vida dedicándose profesionalmente a la cocina. Ha trabajado en restaurantes de varios países, sólo y acompañado de cocineros prestigiosos. También fue profesor en la Escuela de Hostelería de la Institución Provincial Fernando Quiñones. Pero reconoce que su sueño desde pequeño fue recorrer el mundo. “Aunque nunca imaginé que sería de esta manera. Empecé a ahorrar desde que empecé a trabajar y ahora voy visitando el móvil con una mochila y un móvil, buscando los pueblos originarios de continente en continente”.

Este ‘gastrósofo’ bohemio, tal y como se autodenomina, utiliza la cocina como hilo conductor para investigar los productos y el porqué de esos platos ancestrales con miles de años de antigüedad que siguen existiendo de la mano de tradiciones, rituales y lenguas. Así, después de  Indonesia la aventura continuó en Tailandia, Vietnam, Laos y Camboya, para dar más adelante el salto al continente americano. “Allí llegué a Argentina, luego Bolivia, Perú, Paraguay y el norte de Brasil”. Y no acaba ahí, ya que el salto siguió en África, donde José María convivió y cocinó con los beréberes en el Sáhara. “Este es el legado que se refleja en este trabajo de investigación que me ha costado mucho esfuerzo”.

Y es que siempre viaja solo, asegurando que en algunos momentos se lo ha tenido que pensar “porque en el mismo avión me han metido miedo y me han dicho que estoy loco”. Le ocurrió, por ejemplo, cuando iba camino de El Impenetrable, un gran bosque nativo de más de 40 000 km² en la provincia argentina del Chaco.

Esta peculiar odisea en busca de la cocina madre puede seguirse a través de las redes sociales y canales de José María (Gastrósofo Bohemio en Facebook, Instagram, Youtube y Vimeo). Además, dentro de poco verá la luz un documental titulado ‘Bocado en la tierra’, donde no sólo le acompañaremos  en ese viaje a través de la gastronomía universal, sino que será, al igual que su aventura, “un recorrido por la antropología, la etnografía y por la manera de interpretar el mundo de los pueblos nativos”. Un camino que va sin rumbo fijo y sin planificar pero al que le quedan todavía muchos kilómetros y sabores por delante.


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