Actualizado: 20:25 CET
Domingo, 25/08/2019

Cádiz

La otra cara de ser universitario

Alumnos del grado de Publicidad y Marketing exponen en sus proyectos su propia realidad

  • El trabajo les ha servido para denunciar las deficiencias, pero también destacan el factor humano
  • El precio real de estudiar, la ‘autopresión’, los prejuicios o la incompatibilidad con la maternidad

Karim tiene 19 años y estudia Ingeniería Informática en el Campus de Puerto Real de la Universidad de Cádiz. A veces se siente prejuzgado por parte de sus propios compañeros por su nombre, sus rasgos o por hacer Ramadán. Carmen, de 20, estudia Publicidad y Marketing en Jerez y también ha tenido un sentimiento similar en algún momento, bien por su estética o por su condición sexual. Nazaret, otra alumna de la UCA, se vio obligada a trabajar desde que su padre enfermó para pagar no sólo sus estudios, sino también los de sus hermanos. Estudiantes madres que tienen que hacer malabares para asistir a clase, universitarios que intentan suicidarse por no aguantar la presión a la que la sociedad y ellos mismos se someten o los que no llegan a fin de mes.

Todas estas realidades ven la luz a través de un proyecto de clase de estudiantes de Publicidad y Marketing en el Campus de Jerez. Manu Blanco, que imparte la asignatura de ‘Dirección de arte en publicidad’, les propuso a sus alumnos de segundo que narraran con trabajos fotográficos o audiovisuales cómo veían ellos la vida universitaria. “Al principio protestaron, pero les expliqué que podía ser una gran oportunidad para contarle al poder cómo es de verdad ser estudiante o al menos como la ven ellos”, nos cuenta el profesor. El resultado es una visión muy alejada de la que se suele desprender de la vida universitaria, donde todo son fiestas y despreocupación.  

A algunos, este proyecto les ha servido para denunciar las deficiencias que encuentran en la institución educativa. Otros, sin embargo también ha historias optimistas con los valores humanos aprendidos por los compañeros y los docentes que conforman la comunidad. Uno de los vídeos trata sobre un intento de suicidio ficticio, para poner de manifiesto que más de un tercio de los estudiantes universitarios informan de síntomas consistentes con un trastorno de salud mental.  

En otro de los trabajos encontramos la historia de Cristina, estudiante de Turismo, que con 24 años es madre de una niña de nueve. Reconoce que debe superar muchos obstáculos en su día a día y que no ha recibido ayuda por parte de las instituciones. “Cada año, desde que estoy en la universidad, he pedido que pongan una ludoteca, porque no es lo mismo tener a tu hijo cerca que tenerlo en otra zona o que nadie pueda quedarse con él". Dos de cada cinco mujeres con hijos abandonan la universidad y sólo el 18% de los centros educativos ofrecen ayudas y escuelas infantiles.  

Una pieza audiovisual muy notoria versa sobre el coste real de estudiar una carrera. Se titula ‘La Universidad de (casi) todos’, en ella seguimos el recorrido de los alumnos hasta llegar a clase mostrando detalladamente el gasto que supone. En transporte se van 70 euros al mes, lo que vale el bono de tren. Para quienes vienen de otra localidad, 300 euros es el precio aproximado por un alquiler compartido. Unos 600 es lo que cuesta un ordenador portátil. La primera matrícula cuesta unos 75 euros por asignatura. La segunda, más de 150. Sumamos 30 euros más al mes en fotocopias y 65 del bono del comedor. “Un estudiante en la UCA se gasta de media al año 4.726 euros. Las subvenciones no llegan ni al 50% de los estudiantes, no cubriendo en muchas ocasiones ni el 80% de los gastos”, exponen los autores de este proyecto crítico con la administración de las becas por parte del Estado. “¿Estamos estudiando realmente en una Universidad Pública?”, se preguntan a modo de conclusión.  

Los trabajos muestran esa otra cara de la vida universitaria, la que va más allá de las noches de fiesta y atiende a los problemas reales que viven sus usuarios. Aunque siempre existen claroscuros y no todo son críticas. Algunos proyectos resaltan cómo han mejorado los barrios jerezanos desde que está el Campus de la UCA, las emociones que van sintiendo los alumnos mientras recorren el camino hacia su futuro, la valoración óptima del aula de mayores o la tan buena acogida que reciben los alumnos extranjeros por parte de toda comunidad educativa. Porque hay mucha gente trabajando para que, a pesar de las noches en vela y la angustía que dejan los exámenes no aprobados, las personas están por encima de las pequeñas deficiencias.


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