El negocio de los datos

Publicado: 23/03/2018
En tu dispositivo pones tu huella digital y, por si lo pierdes, activas buscar mi móvil para a saber quién siempre sepa por dónde circulas
Las redes sociales son ya el medio de comunicación del momento, ahí están todos y todo y basta lanzar un mensaje con pelusa o colgar un vídeo de contenido singular para expandir, difamar o vulnerar un montón de derechos en unos segundos sin que nada pase. Es la selva, donde casi todo vale y el depredador audaz que conoce bien cómo manejarse le saca un provecho enorme. Pero el negocio está en los datos; abres cuentas en redes sociales y como un bobo extremo le cuentas a todo el mundo, ese mundo enorme y desconocido, tu vida, tus gustos, donde vives, las fotos de tu familia, si te gusta la lectura, la pesca o la aeronáutica... En tu dispositivo pones tu huella digital y, por si lo pierdes, activas buscar mi móvil para a saber quién siempre sepa por dónde circulas. Metes datos sobre preferencias de lectura y quedan registrados todos tus gustos, si buscas zapatos, maquillaje, ropa interior o sexo a domicilio. Por si fuera poco y para goce de quienes dedican su oficio a mercadear con datos de los demás, te pasas la vida pulsando me gusta a comentarios de otros, dejando una huella clara y evidente de tus preferencias, opiniones, tendencias políticas y lo haces en libertad y con la inocencia de que nadie puede dedicarse a lo que indudablemente muchos se dedican y es a aglutinar grupos de personas con perfiles comunes a los que venderles cosas: un bolso, unos zapatos o, lo que es más tendencioso, una tendencia política.

El alcalde. Para el máximo mandatario municipal el contacto con el ciudadano es vital para su rendimiento electoral, de hecho lo habitual es verle durante su último año de mandato, este en el que estamos, en contacto permanente con la calle; actos, encuentros con asociaciones de vecinos donde la amabilidad, los besos y abrazos son el denominador común. El alcalde vive y crece del contacto con la piel del ciudadano, ese mismo que cuando siente la cercanía de su máximo mandatario, no digamos si éste recuerda su nombre y por él le cita, le da su amor, su apoyo y, sobre todo, su voto de por vida. Hay alcaldes que manejan bien el pulso de la calle y desayunan a diario en bares distintos, colmando sus agendas de actos sociales para que la ciudadanía sienta su cercanía, otros pasean de noche por la ciudad para verla mejor y anotar la agenda del día siguiente, otros mantienen un perfil más bajo al entender que la sobre exposición cansa al votante y resta y, por tanto, son más de despacho -también porque no todos tienen ese carácter abierto que te permite aguantar con buena cara a vecino tras vecino pidiendo cosas...-. Hasta hubo una alcaldesa que en la inauguración de su feria se descalzó y bailó una sevillana sobre albero frente a un caballo montado por jinete para goce y aplauso del respetable presente... Esa es mi alcaldesa, gritaban!

Un alcalde a punto de entrar en capilla electoral es como un hombre orquesta, va tocando el tambor, la armónica y el platillo al mismo tiempo, todo ello mientras mantiene una sonrisa de oreja a oreja para que el público advierta lo feliz que se siente haciendo música. Su objetivo es claro, entre otras cosas se está jugando su puesto de trabajo, el de su familia, él y los otros que le acompañan en la lista y en este sentido habría que ser más comprensivos con la cuestión.

Pero ahora el alcalde-orquesta se encuentra con un elemento nuevo, emergente, revolucionario y que en buena medida altera el concepto de cercanía que antes estaba perfectamente delimitado y son las redes sociales; facebooktwiter e instagram, sobre todo, donde de un modo o de otro están todos esos mismos ciudadanos que antes estaban en el parque, en la asociación de vecinos o en la hermandad. Ahora están, también, en las redes, y hablan. Y dicen cosas todo el rato, le dan a me gusta, o a no me gusta y critican. Y hacen fotos, y las hacen hasta a alcaldes o alcaldesas y como hay mucho hábil hasta retocan tonalidades de vestimenta para presentarles semidesnudos... Una orgía social. Están permanentemente expuestos a un objetivo móvil y a unas redes sociales que en minutos divulgan un tropezón, pero también tienen a golpe de click a un montón de usuarios-vecinos a los que dirigirse con mensajes certeros, elevando su número de seguidores, conociéndoles mejor si se dedican a estudiar sus gustos, sus aficiones, sus demandas. Las redes sociales son una fuente inmensa de datos y la política se ha establecido en ellas porque sabe que le ofrece un contacto directo con el ciudadano parecido al del bar, bien es cierto que sin algo tan esencial como es la piel, pero multitudinario, constante, directo.

Un estudio reciente demuestra que un ordenador puede predecir la personalidad de un usuario basándose en apenas 10 me gusta a través de la red social facebook, puede conocer mejor que un compañero de trabajo valorando 60 me gusta, que un pariente con 150 deditos hacia arriba o que tu propia esposa con 300. 300 me gusta y te conoce un tipo en Segovia, por poner un sitio, mejor que aquella, o aquél, que cohabita con tu cuerpo desde chicos... Tela. El escándalo de la fuga de datos privados con fines electorales ha abierto una brecha en la confianza de la gente, e irá a más, no solo relativa a facebook que es quien ahora la ha propiciado, sino con todas porque resulta indudable de que el negocio de los datos es el maná del presente y del futuro. Y lo es en los ámbitos internacionales, nacionales y, por supuesto, locales, porque donde está la gente está esa otra gente que quiere cosas de la gente. Es así de sencillo, como el depredador que agazapado aguarda junto a la balsa de agua a que los animalitos acudan a beber para, llegado el momento, devorar pieza.

Es como cuando metes en google búsqueda de una aspiradora y, de pronto, todas las páginas que abres después te venden aspiradoras. Al principio, incauto, piensas, qué casualidad... Es como si de pronto el negocio de las aspiradoras esté en auge, pero no. Pues lo mismo para con todo, con un dato que traslades se genera el principio de una venta, sea de producto o a la hora de establecer un estado de opinión. Y por mucho que nos aseguren que la fiscalización futura impedirá el manejo de datos privados, es imposible. Muy al contrario, resulta evidente que en breve un alcalde tenga agrupado en redes a, por ejemplo, hermanos y o seguidores de tal o cual cofradía y mande de manera oportuna un mensaje certero solo a ellos. En el mundo de los datos lo influyente y rentable es tenerlos a mano para usarlos con eficacia.

Con la primavera brotando, por fin, el incienso adueñándose de las calles y la estética tradicional que supone una sombra de palio sobre fachada al son de una banda que suena suave, a ritmo, habrá que pensarse eso de hacer tanto click en me gusta y mejor buscar a esa gente que a uno le gusta y plantarle un beso en el moflete. Y lo probable es que a esta moda de estar en redes sociales y seguir a un montón de gente desconocida y sobre la que en realidad te importa un bledo lo que digan y/o gusten, seguirá otra de salirse de ellas y convertirse en un personaje anónimo al que lo que le gusta es que nadie sepa lo que le gusta.

 

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