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Lunes 29/11/2021  

Una feminista en la cocina

Dulces quinces

Prefiero mil veces parir a sacarme una muela

Publicado: 24/11/2021 ·
12:03
· Actualizado: 24/11/2021 · 18:00
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Autor

Ana Isabel Espinosa

Ana Isabel Espinosa es escritora y columnista. Premio Unicaja de Periodismo. Premio Barcarola de Relato, de Novela Baltasar Porcel.

Una feminista en la cocina

La autora se define a sí misma en su espacio: "Soy un cajón de sastre anímico. Así que cógete a lo que puedas, porque vienen curvas"

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El mundo está revuelto como una taza de cacao infantil. Sin azúcar, y sin cucharilla de plata. Solo revuelto del barato, de supermercado de barrio en bolsa de plástico cunero. Lo está-sin embargo- no para repartir bondades, ni riquezas, ni sonrisas, sino para protestar, falsear y decir tantas banalidades que los ojos se nos llenan de tiktoquerías hasta querer llorar diciendo “basta”. Mis gemelos cumplen quince cada uno con diez minutos de diferencia, justo lo que tardó la cirujana en sacar a uno de los hombros y a la otra de los talones.

Prefiero mil veces parir a sacarme una muela. No saben cómo me acuerdo de la madre de Amparo Butrón (Conchita) cuando digo esto. Y qué razón llevaba no solo en eso. He sido tardía para muchas cosas, supongo que porque las he paladeado más en los carrillos del tiempo. Ahora los críos de quince se ven mayores para tener relaciones sexuales, presumiendo de proezas en los albores de secundaria por haberlo hecho ya casi todo. Los que no, son ostras compiladas a ver, oír y escuchar de fiestas apoteósicas en botellones, con sexo esmirriado y entradas ilegales en locales de ocio nocturno.

Me dirán que en todas las épocas ha sido igual y no tendré más remedio que darles la razón como a mí querida Conchi, porque la llevan. Siempre ha habido de todo y siempre lo habrá solo que ahora se les ve más por la profusión de vivir de cara a los demás como los balcones portuenses en el SXVI. Somos públicos – todos- desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. Y aun entonces, algunos regulamos cuánto y cómo dormimos y la calidad de ese sueño y luego lo subimos a internet para que los demás nos aplaudan o critiquen. Porque en eso consiste todo…en que nos quieran o nos odien.

Matamos y morimos por estar más que por ser. Lo cual es muy triste, no me digan que no. Pero ahí vamos…despendolados, dándolo todo, chillando, jodiendo o dejándonos joder con pestañas postizas, pelos de colores, jefes malsonantes o amigos enquistados porque todo vale para sacar cabeza afuera de la rutina y mediocridad. Incluso perderte en tu propia mente para rumiar y regurgitar- una y otra vez -hasta que tu psique está meridianamente contenta. Mis hijos van hacia los 15 como fui yo… llenos de miedos, incertidumbres y un ápice de esperanza como si el tiempo no quisiera cambiar el paso. Miran la vida con los mismos ojos desconfiados y curiosos que yo miré y que seguro miraron cada uno de ustedes. Esa vida que nos cuaja, planta y elimina a su antojo.

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