Actualizado: 13:04 CET
Domingo, 22/07/2018

El jardín de Bomarzo

El sabor a castañas

Los procesos orgánicos internos para la elección de cargos en los diferentes partidos bien podrían entenderse como el alma que en ellos habita

  • El jardín de Bomarzo.

Los procesos orgánicos internos para la elección de cargos en los diferentes partidos bien podrían entenderse como el alma que en ellos habita, en unos infantil e inmadura, transparente e indolora o desafiante y guerrera en otros. No es asunto baladí porque desde ese latido orgánico, tibio o sonoro, se construye todo lo demás, tanto para lo bueno como para lo malo. Los círculos de Podemos se han convertido en cualquier otra figura geométrica pero muy lejos de la redonda idea inicial, muy estética como toda teoría imposible de llevar a la práctica.  Ciudadanos intenta manejar su crecimiento de manera ordenada con procesos medidos que controlen el que a sus lomos se monten jinetes que ya trotaron en otras cuadras. El PP es distinto. No admite proceso orgánico más allá del batalleo interno permitido hasta que el jefe decide conceder mando, lo cual supone un ahorro notable de energía porque sus congresos son como ir al cine con amigos cargados de palomitas y colas frías a ver Bambi pero, también, produce liderazgos débiles porque la militancia no escoge a su líder, no le vota, le sigue porque se lo imponen y cuando éste no rompe en poderoso aguarda silenciosa a que le pongan otro. No protesta, todo lo más comenta bajito según delante de quién.

El PSOE es distinto. Qué sería de la crónica política sin un partido como el del puño y la rosa capaz de apuñalarse en público y a lo grande y colocarse un minuto después sonriente ante cámaras hablando de respeto, democracia y unidad cuando entre bandos se desean de entre lo malo y lo peor lo peor de lo peor. El que gana un congreso siente una fuerza especial porque lo hace gracias al voto mayoritario de su militancia, la de su agrupación, la de su entorno, lo hace muchas veces en contra del gusto del aparato, como sucede últimamente muy a menudo y eso dice mucho a su favor, y pierde una energía inmensa en continuos procesos internos para cónclaves nacionales, autonómicos, provinciales y locales. Intentan que sea de puertas para adentro porque estas guerras de poder erosionan su imagen pública por cuanto suponen pugnas públicas muchas veces más por cuestiones personales y que terminan siempre como lo hacen todas las batallas, con vencedores y vencidos. Los vencidos entonces hablan de integración y los vencedores piensan, mientras sonríen, que integrarán justo en la misma medida que harían los vencidos en caso de haber ganado; el que gana se lo queda todo, no hay más.

De todos los congresos locales socialistas celebrados en la provincia de Cádiz estos días y mediante los cuales se han renovado las cúpulas orgánicas destacan las situaciones de Cádiz, donde como era evidente ha ganado Fran González frente a la candidata sacada de la chistera Blanca Flores, y Jerez, donde para sorpresa de solo algunos ha ganado Mamen Sánchez frente a Isabel Armario y que, como Flores, concurría con el apoyo del aparato provincial y parte del regional. El aparato pierde y eso pasa en un partido donde se votan los liderazgos y donde los que mandan pueden perder, otra cosa es el juego sucio que siempre existe y existe por parte de quienes divulgan cosas que no son, por parte de quienes toman posiciones y quizás no deberían porque ostentan cargos públicos notables, también de quien se extralimita y versiona a su antojo el código deontológico de este oficio. Cosas que pasan en política, la mayoría de las cuales absolutamente innecesarias para lograr el que debería ser objetivo único y que es hacerle la vida mejor al ciudadano que vota y paga. ¿La gente? ¿Hay gente?

Tras los congresos vendrán la elección de candidatos y confección de listas y es ahí donde los vencedores harán notar el poder que les dio la urna en la casa del pueblo y los vencidos lucharán por ser integrados porque sin eso no hay futuro político. Pero el poder tiende a juntarse con el poder y más ante el reto complicado que es sobrevivir y hacerlo en un escenario próximo en el que España medirá en urnas la crisis catalana y la repercusión de ésta a nivel nacional, la necesaria reforma constitucional y las consecuencias que de ésta se derivarán, el modelo de financiación territorial tras el vergonzante cupo vasco para otras comunidades y Andalucía tendrá que ver el papel que ocupa en esto y, ya me temo, será el de casi siempre viendo cómo se comportan obedientes los 61 diputados andaluces, y elecciones autonómicas y locales. 

Un panorama abierto porque al margen de tendencias puede pasar de todo, de hecho los detalles serán claves para las sumas finales. Apasionante porque la política lo es, aún cuando muestra su rostro más hipócrita y no sé si lo es más esto de clavarle una aguja a un muñeco con las manos ocultas a la espalda en modo hechizo vudú mientras se besan sonrientes y se lanzan halagos o lo de otros de llenarse a diario la boca con la palabra democracia cuando no la aplican en sus procesos internos a la hora de elegir a sus líderes; ser demócratas de puertas para afuera es, como poco, grosero.

La manada. Si una agresión siempre es un acto violento deleznable, si lo es mucho más cuando se practica contra un ser físicamente más débil como pueda ser un niño o una mujer, resulta repugnante cuando además lo hace un grupo y uno se pregunta qué clase de formación se les ha dado a estos innombrables para llevar a cabo algo tan animal, aunque ni los animales hacen eso. Los actos violentos contra las mujeres forman parte de la sección diaria de los diferentes espacios informativos y no cesan, muy al contrario porque parece que cada día van a más y eso a pesar de que el presente las empieza a elevar al rango que merecen. Someter a una mujer, sea del modo que sea, no deja de ser un acto de un hombre enfermo y débil que solo así logra imponer su hombría, que para nada es eso. Nada hace más por la hombría de un hombre que la admiración, el respeto y el afecto de seres tan especiales y distintos como son las mujeres.

Navidad. Esta manía de americanizarlo todo nos ha traído este viernes negro con el que se da el pistoletazo de salida a las compras navideñas, ante lo cual uno concluye que la Navidad llegó. Las pastelerías producen pestiños, las zambombas mojan cuero para tronar villancicos en breve, el humo de los puestos de castañas se adueñan de las rotondas y, aunque el cielo azul y el clima no acompañan, el año se enfunda su traje de fiesta para empezar a despedirse. Otro más a la saca. Tal vez debería visitar una librería en estas tardes navideñas y hacerme con lo último en coaching bajo el sugerente título Tu segunda vida comienza cuando descubres que solo tienes una. Bien pensando, leyendo el título casi sobra leer el libro y más vale empezar a aplicárselo alejándose de situaciones y/o personas tóxicas y valorando aquellas cosas que nos hacen felices y que suelen ser las más pequeñas. Como el sabor en la boca a castañas asadas una tarde fría de paseo por tu calle de siempre en querida compañía.

Bomarzo

bomarzo@publicacionesdelsur.net

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