Actualizado: 11:42 CET
Viernes, 06/12/2019

Arcos

La historiadora que releva el pasado y presente del puente San Miguel

Isabel Roldán Sevilla dirige el proyecto conmemorativo de la emblemática infraestructura sobre el río Guadalete

  • Isabel Roldán Sevilla.

El Ayuntamiento de nuestra ciudad, con la coordinación y el diseño de la historiadora Isabel Roldán Sevilla, ha editado un  cuaderno sobre el puente colgante de San Miguel, que en dos mil veinte va a cumplir su primer centenario. En este año diecisiete en el que estamos se ha cumplido ya el centenario de la riada que se llevó el puente anterior. El pueblo, que es el Notario mayor de la historia, lo contó y lo cantó en las coplas de Carnaval, como aquella que dice: “En el año diecisiete/ dicen que lo jundió el agua/ el puente de San Miguel…”.

Isabel Roldán es una joven historiadora que con esta publicación pretende poner en valor nuestra historia local y con ella todo lo que el puente derruido, y el actual, tuvieron y tienen de elemento cohesionador de la población, de su actividad económica y social.

Tranquila pero vehemente en sus respuestas, concisa pero ardua en sus explicaciones, Isabel Roldán demuestra una pasión por la Historia, por nuestra Historia, que traspasa los límites de este proyecto y que augura nuevos estudios y publicaciones.

¿Cómo se gesta este proyecto?
–Bueno. Estamos en el centenario de la caída del puente viejo y en dos mil veinte llegará el centenario de la construcción del nuevo. Estamos por tanto en un periodo de tres años donde hemos pretendido acercar la historia de este elemento urbano que sirvió y sirve en la actualidad como cohesionador social, económico y cultural.

Imagino que esta publicación no será el único argumento para acercar el puente a los ciudadanos.
–No. También colocamos en las inmediaciones unas lonas explicativas de la historia y de la edificación. Hemos pretendido siempre darle un tono didáctico, dedicado a todos los sectores sociales.

Pero el puente, la necesidad del puente, no es nada nuevo, ¿no?
–Claro que no. Ya desde el siglo XVII hay una demanda para cruzar el río. Es verdad que hasta el XIX no se materializó con el puente que se llevó la riada y que estaba desde 1868. En las coplas de Carnaval, que siempre son un termómetro de la sociedad, se refleja esa necesidad del puente, así como los distintos avatares de su construcción.


Por cierto que la riada debió ser un desastre.
–Por supuesto. Trajo consecuencias desastrosas. Arcos quedó aislado, y con Arcos se aisló también la campiña y la serranía. Fue una crisis social, porque la riada se llevó también los molinos y se acrecentó el paro.

Y la construcción del puente nuevo tampoco estuvo libre de sobresaltos, según cuentan.
–Ya. Como ocurre siempre se sucedieron presupuestos desorbitados, Arquitectos que debían renunciar porque no cobraban, etcétera. Además estábamos en plena Primera Guerra Mundial, así que la demanda de hierro era muy fuerte para los frentes de guerra.

¿Tiene el puente de hierro alguna influencia, aunque modesta, de la torre Eiffel?
–Sí. En verdad sí. Se trata de la utilización del hierro como elemento de fortaleza que da una sensación diáfana, clara.

¿Y qué ha significado para usted trabajar en este proyecto?
–He estado muy centrada, durante la carrera y luego en los másters, en la Prehistoria, pero aquí me he acercado a la Historia viva, actual. Además, he conseguido participar de una manera más activa en la historia de nuestra ciudad.

Hay veces en que un proyecto, de la categoría de éste, se ve truncado porque a sus autores se les acaba el trabajo, la subvención o cualquier otro atributo burocrático. ¿Podemos temer esto en este caso?
–A mí me gustaría continuar con esta labor. Sería una pena dejarlo aparcado, porque estamos en los prolegómenos de unas celebraciones que deben continuar hasta el dos mil veinte, año en el que se inauguró nuestro actual puente.

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