En la senda de Sendak

Publicado: 17/08/2015
"... Por ello, resumir su argumento es harto fácil. Mientras cuida de su hermana bebé, Aida toca, distraída, su cuerno mágico..."
Hablar de Maurice Sendak, en el campo de la literatura infantil, es referirse a un genio universalmente reconocido, cuya lista de galardones y preseas, tanto dentro como fuera de su país natal, causa sorpresa y, sobre todo, admiración. Desde la Medalla Nacional de las Artes del Gobierno estadounidense al Premio Andersen, desde el Laura Ingels Wilder al Internacional Astrid Lindgren, Sendak debió de sentirse abrumado de tanta gloria, acrecentadora sin duda de su responsabilidad ante la numerosa cohorte de editoriales y lectores, que aguardaban expectantes sus singulares creaciones.


Sendak (Nueva York, 1928 – Conneticut, 2012), irrumpió con fuerza en el ámbito de la ilustración, cuando a los 23 años (1951) lo contrató la editorial Harper & Brothers, impulsando -según la crítica- “una auténtica revolución en el panorama literario infantil, por las ideas, la forma y el contenido de sus libros”.
Escribo ahora de Sendak y lo recuerdo porque Kalandraka acaba de dar a la luz una de sus obras: “Al otro lado”, con la que el neoyorquino cerraba, en 1981, una trilogía de cuentos oníricos, iniciada con “Donde viven los monstruos” y seguida por “La cocina de noche” -también editadas por Kalandraka-.
Parece ser que la idea de este cuento surgió cuando Sendak viajó a Alemania, invitado para ilustrar la obra de los Hermanos Grimm, y de ahí la huella que dejaran en su hacer los pintores románticos germanos, y, más en concreto, Runge.


He mencionado antes su irrupción como ilustrador y digo ahora de una influencia pictórica detectable. Y es que, en mi opinión, lo que hace de Sendak un creador excepcional es su pincel más que su pluma. No se me malentienda. Su imaginación en hervor, avivada por el mundo feérico, es innegable; pero su plasmación total se apoya en una eclosión de personajes de toda índole, ya semidesnudos, ya luciendo un vestuario fastuoso. Además, es notable, la profusa simbología y los referentes que acompañan sus dibujos. Con relación al libro que me ocupa, sus treinta y cuatro páginas lucen un texto de poco más de cincuenta líneas.


Por ello, resumir su argumento es harto fácil. Mientras cuida de su hermana bebé, Aida toca, distraída, su cuerno mágico. Los duendes raptan a la niña, para casarla con un duende bebé, y Aida, con su cuerno, los persigue hasta rescatar a su hermanita. Eso es todo.


¿Eso es todo? Sendak declaró: “Es básicamente mi historia y la de mi hermana. Ella es Aida y su enfado surge por tener que cuidarme”. Con este libro, su autor obtuvo otra serie de premios internacionales, entre ellos, el National Book Award for Childrens y el American Book Award, y no podía faltar el Best Ilustrated Book que concede el “New York Times”.
Por todo ello, su versión a las cuatro lenguas de España,-la que reseño, ha sido vertida al castellano por Ellen Duthie-,  además de la portuguesa, no deja de ser un homenaje obligado, al par que un acierto editorial, que se apunta de nuevo Kalandraka, con una ya brillante trayectoria en el ámbito de la literatura infantil.

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