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Sábado 02/07/2022  

El jardín de Bomarzo

Me vino la que te conté

No hay campaña que se precie a la que no acompañen fuegos de artificio, normalmente bien dirigidos en momento, intensidad o colorido

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  • El jardín de Bomarzo.

"Cuando a una mujer le llegue su menstruación, quedará impura durante siete días. Todo el que la toque quedará impuro hasta el anochecer". Levítico 15

No hay campaña que se precie a la que no acompañen fuegos de artificio, normalmente bien dirigidos en momento, intensidad o colorido, de hecho es fácil recordar en las últimas asuntos que por casualidad salen a la palestra y que distraen al votante e intentan reorientar su intención. Es lógico, en la guerra por el voto casi todo vale. Lo normal es que quien mueve estos hilos no sea la fuerza que va en cabeza porque ésta, al contrario, busca campañas de corte plano, que el elector no se vea alterado por ningún asunto que le distraiga sobre su determinación, incluso evitar un voto masivo porque cuando esto sucede todas las predicciones saltan por los aires y puede pasar cualquier cosa; los índices de participación elevados interesan a los que en las encuestas van por detrás.

Andalucía, en este sentido, tiene un interés electoral inmenso en su convocatoria del 19J porque viene tras las celebradas en Castilla y León y se puede refrendar una tendencia en el conjunto de España: la segunda comunidad que en poco otorgue una amplia victoria al PP, segunda derrota consecutiva de un PSOE de Pedro Sánchez que aquí, además, ha promovido un cambio de liderazgo hacia este Juan Espadas que se mueve sobre el cuadrilátero, valga el símil, como el púgil que saltarín amaga constante sobre el favorito sin llegar a atizarle, descuartizamiento de la izquierda por su enfrentamiento, autodestrucción masiva de Ciudadanos y auge importante de Vox, que se presenta con muchas opciones de gobernar en acuerdos con el PP y que cada día que pasa suma votos entre jóvenes que van a votar por primera vez y hombres de mediana edad a los que otras formaciones prestan escasa atención. La convocatoria electoral en Andalucía se estrenó con un primer cohete referente a los presuntos maletines por el contrato fallido de las mascarillas, que ha resultado pólvora mojada y que ha tenido un recorrido escaso.

De pronto, otros dos con mayor trazo asaltan el horizonte y sirven, además, para que la opinión pública desvíe su atención sobre otros temas de mayor calado. Uno referente a las escuchas de Cospedal o Aguirre con Villarejo de hace diez años y que ahora ven la luz en serial por capítulos, un asunto manido que al margen de su trascendencia recuerda a todos los vicios ocultos de este PP ahora con la aureola electoral de ganador; el otro es menor pero de largo recorrido social como es la reforma de Ley sobre el aborto mediante la cual un padre debe firmar para que su hija se ausente del colegio y no tiene derecho a ni tan siquiera estar informado para que un rato después aborte en la clínica más cercana. De locos. Cosas de la ministra Montero, a quien parece Sánchez no ata o da rienda suelta de vez en cuando en periodo electoral porque aunque esto pueda promover cierto voto para la izquierda más radical, qué duda cabe que alienta al votante más de derechas y suma para Vox contra, justamente, el PP. Y para terminar el espanto, la propuesta de Ley para que la Seguridad Social cubra por derecho las bajas por dolores en la menstruación. España se presenta como el único país de Europa que establece esa baja laboral y no será porque no haya estados europeos con una cultura feminista e igualitaria muy arraigada. Sólo México, Zambia, Japón, Corea del Sur, Indonesia, Taiwán, China e India cuentan con este tipo de regulación, aunque con distintas modalidades. Curiosamente en todos estos países, salvo Japón, las políticas de género son casi inexistentes y los derechos de las mujeres están muy limitados.

En la historia han sido muchas las culturas que han juzgado la menstruación como algo indigno. Religiones que han considerado que es un castigo a la mujer por el pecado cometido por Eva. En India, la baja laboral guarda relación con la consideración de la menstruación como un tabú y a día de hoy hay muchas familias en las que la mujer es relegada durante su ciclo menstrual, no puede manipular alimentos y debe dormir en un cuarto sola y aislada. En la religión musulmana las mujeres no pueden ir a los templos cuando menstrúan, ni tocar el Corán. En nuestra cultura durante siglos la mujer guardaba secreto sobre su regla, formaba parte de esos temas tabús de los que no se hablaba abiertamente. En sudamérica hay distintas formas de aludir al ciclo menstrual de forma popular: Juana la colorada, en Colombia; Me cantó el gallo, en Puerto Rico; Me vino la que te conté, en Venezuela; Andrés, el que viene una vez por mes, en Argentina, todas por el tabú social que genera el asunto. Algo que en España se había superado, pero esto es una cosa y otra que sea de público conocimiento el hecho de tener el periodo, algo que a ninguna mujer le gusta que se conozca. Es una soberbia ofensa para una mujer que ante una discusión se le cuestione si tiene la regla. Y es que en la continua superación de problemas que supone la vida del género femenino, sobre todo de las que trabajan fuera de su casa, hasta ahora ni se han planteado que los dolores de menstruación les impida trabajar. La mujer demuestra ser superior al hombre en muchas cosas y, entre ellas, en el umbral del dolor físico, por eso no viene siendo razonable bajas laborales por esto aún reconociendo que en muchas es muy doloroso. En la lucha por la igualdad, ninguna mujer quiere sentirse más débil que el hombre y tener una baja laboral de tres días al mes no las ayuda, estigmatizando algo natural con lo que la humanidad ha convivido y que las españolas han conseguido normalizar y abriendo un debate que nadie había pedido. Que lo pague el Estado, sin detenerse a especificar el daño que puede originar a las empresas bajas masivas por esto o el hecho, censurable pero previsible, de que un empresario cuando deba contratar a un hombre o a una mujer para el mismo puesto y en igualdad de condiciones se cuestione si la regla de ésta será dolorosa cuando antes ni pensaba en ello.

El feminismo rancio, el de la pancarta del coño, con perdón, cada día molesta a más mujeres que no se ven reflejadas en él porque no necesitan este tipo de protección, esas mujeres, por suerte cada día más, que han conseguido empoderarse, que en su día a día se saben iguales o incluso superiores al hombre, conscientes de nuestras diferencias genéticas, pero iguales en derechos y solo ellas pueden poner freno a este desvarío porque los hombres, por desgracia, han dejado de tener voz y voto en según qué asuntos porque enseguida las chicas de la pancarta les señalan de machistas, retrógrados o maltratadores en potencia, ante el silencio de las otras, que son mayoría y que cada día están más hasta lo que muestra la pancarta. Y esto, qué duda cabe, alimenta a Vox, que apenas necesita hacer campaña porque se las hacen otros y de hecho en España según sondeos ya anda por encima de los setenta escaños y ya veremos hasta qué punto ese auge se traslada a Andalucía, donde conseguirán más de veinte y ya todo lo que sume de aquí al 19J se lo araña al PP.

Cuando la observo a sus 17 años y a punto de la mayoría de edad, inteligente, estudiosa y aplicada en la medida que una chica a su edad sabe combinar la responsabilidad con la necesaria diversión, brillante y ambiciosa porque sabe perfecto lo que quiere sin casi pedir consejos, siento un rayo luminoso de orgullo vital como cualquier otro padre ante la imagen de su hija y pienso, siendo absolutamente sincero, que es mucho mejor porque además de tener todo lo que uno pueda atesorar e incluso soñó tener es, qué suerte, mujer, una estupenda mujer. Con lo cual, lo tiene todo. Es decir, el mundo y el futuro en sus manos, con las muchas trabas que su condición sufre, pero segura de superarlas todas. No necesita, en absoluto, que la financien su menstruación y me da repulsión oír a las de la pancarta reivindicar cosas por género que, tal vez, por capacidad o mérito no merecen y es esto contra lo que justamente atenta este feminismo nazi empeñado en separar, en convertir al hombre en el eje del mal cuando a lo que debería dedicarse es a ayudarla para tener un desarrollo completo como mujer, iguales en todo al hombre sin más y sin fisuras. Que nunca se vea en la necesidad de decidir entre una vida profesional plena o tener una bonita familia.

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