Actualizado: 11:06 CET
Martes, 18/02/2020

CinemaScope

Más que un acto de generosidad

La nominación de 'Klaus' es toda una invitación a reivindicar y disfrutar de este extraordinario trabajo de Sergio Pablos


Nadie lo pone en duda: Disney domina el mundo de la animación, tanto desde el punto de vista creativo como comercial. Lleva casi un siglo haciéndolo, y la pujante competencia de estudios como Dreamworks o Universal, no han hecho sino empujarla a crecer más aún. Eso no la hace infalible. Su esperada secuela de Frozen se ha quedado fuera de las nominaciones al Oscar, donde sí ha entrado el delicioso reencuentro con los personajes de Toy Story. Eso quiere decir que hay quienes lo han hecho mucho mejor, y entre ellos se encuentra, con todo merecimiento, el español Sergio Pablos, autor de Klaus, con la que ha debutado en la dirección tras una brillante trayectoria iniciada en la propia Disney en los años 90 y continuada con su propia productora, SPA Studios, responsable de la saga de Gru.

Su nominación se ha convertido en toda una invitación a reivindicar y disfrutar con la que es una película brillante, pese al riesgo y los prejuicios que implica, de cara al espectador, afrontar una historia -una más- en torno al personaje de Papá Nöel. Pablos ha logrado vencer a los inconvenientes con un inspirado guion en el que sobresalen los registros cómicos -a partir de la búsqueda del gag y la continua referencia al slapstick-, su afán por contar una historia clásica y la imaginación desde la que construye esta reinvención del mito de Santa Claus, hasta situar la anécdota en el origen de toda leyenda y hacer trascender lo mágico como reflejo de unos seres y situaciones que no dejan de ser extraordinarios.

La secuencia donde se da cuenta del supuesto origen del trineo tirado por renos que surca los cielos es el mejor ejemplo de la talentosa puesta en escena en que se basa Pablos para construir un relato en el que sobresale la emoción innata del cine, la que es capaz de conectar al espectador con una historia bien contada y a cuyo final es imposible desprenderte de cierta sonrisa en la boca. Como dice Klaus en la película, un acto de generosidad siempre da pie a otro acto de generosidad. En el caso de Pablos no cabe decir que la Academia haya sido generosa con su trabajo, sino que es la constatación ante un gran trabajo de animación, ante una gran película.

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