Quantcast
El tiempo en: Andalucía
Miércoles 20/10/2021

Atando Cabos

El tiempo y su promesa.

Cuando era una muchacha mi tío se murió a los cuarenta y seis, yo era joven y el mayor. Cuando cumplí su edad comprendí que se había ido muy pronto

Publicado: 22/09/2021 ·
09:21
· Actualizado: 22/09/2021 · 09:21
Publicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai Publicidad AiPublicidad AiPublicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai Publicidad AiPublicidad AiPublicidad Ai
  • Cementerio.
Autor

Remedios Jiménez

Licenciada en Historia, docente jubilada, integrante del Aula Atenea del Ateneo de Jerez y de varios clubes de lectura

Atando Cabos

Es mi forma de desentrañar la maraña informativa. Cuento con la complicidad del lector para llenar los huecos de la ironía

VISITAR BLOG

Todos nacemos marcados por una promesa, la única segura, la de la muerte. Pero no la vivimos igual a los dieciséis que a los ochenta. Un día, cuando estaba en el instituto, el profesor de Ética nos preguntó si le teníamos miedo a la muerte. Para él fue una sorpresa que ninguno de nosotros la temiera. La juventud la mira de cara y no se arredra porque en realidad no existe, es como el poema de Benedetti “Cuando éramos niños”:

 

Cuando éramos niños

los viejos tenían como treinta

un charco era un océano

la muerte lisa y llana

no existía.

 

luego cuando muchachos

los viejos eran gente de cuarenta

un estanque era un océano

la muerte solamente

una palabra

 

Ya cuando nos casamos

Los ancianos estaban en cincuenta

Un lago era un océano

La muerte era la muerte

De los otros.

 

Ahora veteranos

Ya le dimos alcance a la verdad

El océano es por fin el océano

Pero la muerte empieza a ser 

la nuestra

 

Cuando era una muchacha mi tío se murió a los cuarenta y seis, yo era joven y el mayor. Cuando cumplí su edad comprendí que se había ido muy pronto, aunque hasta entonces no lo supiera.

Después he vivido la muerte de los otros, la he vivido de cerca y no he podidocreérmela. A la vuelta de la esquina pienso encontrar a mi amiga de la adolescencia. Me saludará con un beso y no me contará que anda enferma porque todo habrá sido un sueño trágico. La angustia no me envolverá al pasar por su casa vacía, ni al mirar en el móvil su teléfono sin atreverme a marcarlo. Porque esta muerte de los otros no acabo de aceptarla, puede ser que cuando veterana le de alcance a la verdad y dejará de serme ajena, incomprensible, dejaré de estar enemistada con ella. Pero ahora la muerte de los otros es temprana y absurda y casi nadie se atreve a hablar de ella.

COMENTARIOS