Actualizado: 20:34 CET
Lunes, 13/07/2020

Jerez

El verano que pudo ser para muchos niños... y no será

El coronavirus obliga a cancelar los programas de acogida temporal de menores extranjeros y otros proyectos socioeducativos previstos para estas vacaciones

  • Los niños saharuis llegados a Jerez el año pasado

Este iba a ser el último verano que Babi Dadai pasaría en Jerez. Este pequeño saharaui de 12 años es residente en el campamento de refugiados de Tinduf, en Argelia, en el que reside su pueblo desde hace décadas. Hasta hace cuatro años Babi no conocía la vida real más allá del exilio obligado, pero el programa Vacaciones en Paz -impulsado por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara- le brindó la oportunidad de escapar del intenso calor del desierto. Tenía previsto pasar un verano más en El Torno, con su familia de acogida. Era el plan de 224 niños saharauis más en la provincia,  hasta que el Covid-19 cambiara los planes. 

El coronavirus ha obligado a cancelar los programas de acogida temporal a menores extranjeros y proyectos socioeducativos que iban a desarrollar decenas de asociaciones durante este verano en la provincia. La primera entidad en anunciar lo que ya se temía ha sido la Comisión Nacional que ha confirmado la cancelación de Vacaciones en Paz 2020. “Ahora mismo no podemos garantizar el bienestar de los niños en España. Las madres saharauis despiden a sus hijos sabiendo que vienen aquí con garantías y este año no iba a poder ser así”, asegura Ángeles Ariza, presidenta de Fandas Andalucía.  

Será la primera vez que se suspende este programa que en algunas ciudades, como Jerez, se ha desarrollado durante más de veinte años. “No podemos permitir que el virus entre en sus campamentos, sería catastrófico”, explica Lola Villagrán, presidenta de Amiraui Jerez. Sin embargo, los pequeños están concienciados de la especial incidencia que el Covid-19 ha tenido España. “El pueblo saharaui está con vosotros”,“Saldréis más fuertes” o “Ánimo, todo pasará” son algunos de los mensajes de apoyo que reciben las familias de acogida y que pueden verse en el vídeo que ha difundido la Comisión Nacional.

Misma decisión ha adoptado la Asociación Andaluza de Coorperación Ayuda y Solidaridad con el pueblo ruso, Asopru. La entidad ha cancelado el programa de verano de acogida de niños que proceden de orfanatos rusos, un proyecto que llevaba desarrollándose en la provincia desde hace más de veinte años. “Ni creemos que sea bueno para estos niños que vengan aquí, ni tampoco creemos que las autoridades de Rusia y España permitan la salida y llegada de estos menores”, explica Juan Molina, presidente de la asociación. Para este año, la asociación tenía previsto traer a la provincia gaditana a más niños que nunca: hasta 25 pequeños de entre 8 y 12 años. “Muchas familias se animaron a la acogida. Es más, ya habían visto fotos y conocían el nombre de los niños”, lamentan desde la asociación. El programa de Asopru actúa en  zonas rurales de Rusia donde las condiciones de los centros de menores son muy limitadas. La asociación pone en valor que este programa constituye para ellos comenzar a tener una referencia familiar, “saber que hay alguien que se preocupa por ellos”, explica Molina, quien subraya que los pequeños ya conocen la cancelación del proyecto y “lo han comprendido porque son muy conscientes de la situación que estamos viviendo a nivel mundial”.

La Fundación Blas Méndez Ponce de ayuda al niño oncológico y de difícil curación, con sede en Madrid, lleva 23 años organizando el Viaje de Delfines a la Bahías de Algeciras. Se trata de una escapada como terapia para mejorar la calidad de vida de los pequeños en tratamiento oncológico a través del ocio y el tiempo libre. El viaje de este año estaba previsto entre el 23 y el 29 de junio, sin embargo, “con todo el dolor de nuestro corazón, será la primera vez que cancelemos esta actividad”, asegura Milagros Ponce, presidenta de la Fundación. “Nuestros niños necesitan un aislamiento mayor debido a su débil sistema inmunitario y no creemos que la situación haya mejorado en las fechas previstas”, confiesa Milagros. Una treintena de niños y niñas de entre 6 y 18 años de diferentes hospitales del país forman parte de esta actividad a la que acuden siempre bajo la prescripción de sus oncólogos. Esta vez, no ha habido luz verde. “Esto supone un duro golpe para ellos porque consideraban esta escapada como una aventura”.

“Siempre comenzamos viendo las ballenas y los delfines en el Estrecho. Pasar tiempo en el mar y en la playa significa muchísimo para ellos”. Son los planes del verano que pudo ser y que finalmente no será. Ahora, tendrán que esperar un año para conocer a los mamíferos en altamar. Sin embargo, la diferencia entre este verano y el siguiente, asegura Milagros con la voz entrecortada, es que “algunos niños no llegarán al año que viene”.

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