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Viernes, 13/12/2019
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Cádiz

Las manos que ayudaron a construir la historia de Cádiz

Pedro ha trabajado en el estadio Ramón de Carranza y en el Gran Teatro Falla, dos de los símbolos de la ciudad gaditana


“Puedo decir con orgullo que he trabajado en el Ramón de Carranza y en el Gran Teatro Falla”. La historia de Pedro es la de un hombre que con 23 años abandona su pueblo natal, Conil de la Frontera, para irse a Cádiz a labrarse un futuro mejor. Lo encontró.

Nació en una zona rural en plena posguerra. “Comencé a trabajar a las once años cuidando vacas ya que mi padre había muerto y necesitábamos el dinero en casa. Después estuve trabajando en una empresa de Conil que construía ladrillos”.

Sin embargo, en 1.964 cambiaría su vida para siempre. “Recibí una llamada de Rogelio Hernández, que era Secretario del Ayuntamiento de Cádiz, y me dijo que si quería ser guardia municipal”, pero “le tuve que decir que no porque no sabía ni leer ni escribir”, entonces “me dijo si quería entrar en el equipo de jardinería y le contesté que sí”.

En agosto, Pedro pone rumbo a la tacita de plata y aunque “al principio me costó adaptarme”, pronto se hizo a la vida de la ciudad.

Durante sus primeros años en Cádiz se dedicó a cuidar los parques y jardines de la ciudad. “Antes criábamos las plantas en el propio parque, ahora viene todo en macetas del propio vivero”.

En 1.969, año en el que el Cádiz CF baja a Tercera División, Pedro entra a trabajar de jardinero en el Ramón de Carranza, ya que el estadio era propiedad del ayuntamiento, y él era un empleado municipal.


Estuvo trabajando más de diez años cuidando el césped del estadio gaditano y tiene un sinfín de anécdotas. Era la época dorada del Trofeo Carranza y en 1.974 llegó Pelé. “Recuerdo que estaba entrenando mientras yo cuidaba el campo y se me acercó y me dijo que le echara agua por encima con la manguera”.

Afirma del brasileño que “era simpático y que se podía hablar con él”, y a pesar de que “ya estaba mayor, daba gusto verle jugar”.

Paco Baena, Hugo Vaca o Mané fueron algunos de los jugadores que vistieron la elástica amarilla en esa época. “El mejor futbolista que he visto yo cuando trabajaba allí era Fernando Carvallo. Cogía el balón y se la ponía en la cabeza a Baena”.

En 1.977 el club logra su primer ascenso a Primera División, y claro, había que salvarse como fuera y existían algunos trucos. “Cuando venía un equipo vasco como el Athletic no regábamos el césped en una semana y se iban mosqueados y protestando con ampollas en los pies”.

A veces las triquiñuelas las hacía él. “Teníamos un cuarto para las herramientas, y ahí metía yo a mi familia más cercana, y cuando abrían las puertas del estadio les decía que se fueran corriendo para la grada”.

En 1.983 el Cádiz CF y el Ayuntamiento llegan a un acuerdo para la cesión del estadio al club y Pedro dejó de trabajar en el Ramón de Carranza.

“Me operaron de una hernia de disco y tuve que dejar la jardinería y pasé a ser conserje en el Teatro José María Pemán”. Aunque ahora esté cerrado, en su día fue un referente en las noches de verano andaluzas. “Tuve la fortuna de ver a artistas como Rocío Jurado, Isabel Pantoja o Teresa Rabal”.

Estuvo poco tiempo trabajando en el teatro de verano, y pasó al Museo del Marubicado en el Baluarte de la Candelaria, que antes de albergar dicha galería, estaba abandonado. “Era un trabajo algo aburrido, solo tenía que poner un vídeo sobre la almadraba de Conil cuando venían turistas”.

Sin embargo, Pedro estaría presente en otro momento importante de la historia de Cádiz, la reapertura del Gran Teatro Falla el 8 de octubre de 1.990. “Mi primer día fue el de la inauguración”.

Comenta entre risas que “fue el día más malo de toda mi vida”. Venía la Reina Sofía, y claro, todo el mundo tenía que estar elegante para la ocasión. “Estrené unos zapatos que me dio el Ayuntamiento y los pues no me han dolido tanto como aquel día”.

“Allí no paraban de llegar guardias reales, y en el momento que apareció la reina me empujaron y no pude verla”, afirma riéndose, aunque se pone serie y dice que “no he visto unos perros tan grandes como los que había aquel día en el Falla repasando todos los pasillos”.

Una segunda operación en la columna  en 1.991 impidió que Pedro pudiera seguir trabajando en el teatro. “No podía aguantar ese ritmo, había ocasiones en las que salía de trabajar a las cinco de la mañana”. Por ello “pedí el traslado y estuve trabajando en el Colegio Campo del Sur unos meses” hasta que “entré definitivamente en el Adolfo de Castro, en la Barriada de la Paz”.

Se jubiló en el año 2.003 y al poco tiempo se fue a vivir a Puerto Real donde sigue siendo un amante de la jardinería y del Cádiz CF. “Este año veo bien al equipo. Es muy difícil hacerles un gol”.

“Seguro que otro día recuerdo más anécdotas e historias, han pasado muchos años”, afirma, pero “puedo decir con orgullo que he trabajado en el Ramón de Carranza y en el Gran Teatro Falla”.

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