Actualizado: 16:40 CET
Viernes, 22/11/2019

Teología de Málaga

Teología de Málaga. Charlatanería

Una campaña es, a su modo, un formidable espectáculo de charlatanería. Y la charlatanería figura en el catálogo de vicios morales desde que el mundo es mundo

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Una campaña es, a su modo, un formidable espectáculo de charlatanería. Y la charlatanería figura en el catálogo de vicios morales desde que el mundo es mundo. Los griegos de la antigüedad escribieron páginas memorables, y aquí seguimos en el siglo XXI, entre caravanas electorales que son como aquellos convoyes de vendehúmos que recorrían los caminos con crecepelos prodigiosos o bálsamos milagreros o promesas para alcanzar la gloria en el más allá. Ahora se trata de candidatos que aseguran tener el secreto de nuestro bienestar, de nuestra felicidad.

Hablan de pactos como si sólo ellos tuvieran la llave; se consideran depositarios de la patria o de la memoria histórica; reclaman el voto útil que por supuesto es el voto que se le da a ellos y no a los otros; rebajan les elecciones a un plebiscito o las elevan a oportunidad histórica; proclaman que son la única alternativa aunque haya otras; lanzan ocurrencias (desde un muro en Melilla a la mochila austriaca); apelan al miedo, a los prejuicios, a las mentiras; huyen de las hemerotecas y a veces de sus propias biografías; solo dan credibilidad a las encuestas que les dan buenos resultados; aseguran ser la única garantía de estabilidad, la única garantía para no desmantelar el Estado del Bienestar, la única garantía para la unidad de España… la única garantía de todo; nos cuentan que la corrupción es terrible pero siempre que sea de los otros; y nos prometen planes, proyectos, consensos, soluciones… nos prometen puentes incluso donde no hay río, como decía el viejo Kruschev, y soterramientos, ferrocarriles, saneamientos, embalses, depuradoras que después se posponen sine die; ofrecen soluciones prodigiosamente simples para asuntos endemoniadamente complejos como los alquileres o el empleo; y todo esto aunque a estas alturas ni siquiera sepamos con quién pactarán o no formar Gobierno.

Por supuesto, necesitamos candidatos, va de suyo, pero no necesariamente charlatanes. Y sí, desde la retórica griega al marketing electoral de los nuevos spin doctors, la charlatanería ha cambiado mucho, cada vez más sofisticada con técnicas de show business y nuevas tecnología. Pero, si bien se mira, no deja de ser la vieja charlatanería de siempre.

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