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Miercoles, 20/11/2019
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Jaén

De cañas

Ya estamos en tiempo de terrazas, aunque ahora casi se prolonga todo el año, y pronto empezaremos a usar un nuevo índice para medir la situación...

  • Terraza

Ya estamos en tiempo de terrazas, aunque ahora casi se prolonga todo el año, y pronto empezaremos a usar un nuevo índice para medir la situación socioeconómica (la crisis: la de antes, la de ahora y las que vendrán), que no es otro que aquello de "¡Mucha crisis pero las terrazas están llenas!"

No es que sea algo único de Jaén ni que tenga una sola causa pero, rara vez escuchamos análisis que vayan más allá del desprecio, la incredulidad o la burla. Y puede que nos diga más de cómo nos encontramos de lo que parece a simple vista.

Por un lado, deberíamos entender que las terrazas están llenas, entre otros motivos, porque la gente no tiene dinero para más. Porque desde la crisis y el ataque a nuestros ahorros, muchos tienen dificultades para llegar a fin de mes y otros muchos viven con incertidumbre su futuro, lo que nos lleva a permitirnos únicamente un ocio barato, que "no nos sacará de pobres", y en la calle, típico de nuestra forma de ser.

Esto, que antes era más propio de estudiantes o de quienes no tenían un salario, se puede aplicar ahora al parado con una prestación, al autónomo que no puede permitirse tomarse unas vacaciones, pero puede "salir con los amigos" a diario, al trabajador o al pensionista cuyos ingresos no permiten mucho más o a aquellos que siguen sin saber qué será de sus vidas. Un panorama tan cierto que no es de extrañar que las franquicias hosteleras se hayan dado cuenta de la importancia de los bares "low cost".

Por otro lado, en una ciudad obligada a vivir de la hostelería, aunque eso sí, la mayoría de locales en manos de unos cuantos que son o fueron concejales (porque ya sabemos cómo se las gastan los "liberales" de Jaén), este ocio sigue manteniendo cierta actividad económica, da empleo temporal y salarios de miseria y proporciona beneficios a los de siempre. Da igual que nos condenen a ser una ciudad de comerciantes pobres y camareros, forzando a su población joven a tener que buscarse la vida en otro sitio.

Esta situación, junto con la alta tasa de paro, especialmente juvenil, es perfecta para mantener todo como está. Unos pocos concentran los beneficios económicos, obtenidos de una población precaria que ha entendido que este consumo es el único que le permite su incierto futuro. Y así, nos vamos de cañas mientras esperamos que "la cosa" cambie.


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