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Sábado, 19/10/2019

Patio de monipodio

Atacar no es defenderse

Publicado: 25/03/2019 ·
22:26
Actualizado: 25/03/2019 · 22:26

La violencia, como actitud negativa, opuesta a los valores humanos, no debe ser atribuida, sin más a nadie, por su forma, por su naturaleza, por su condición


No lo es, pese al dicho, “la mejor defensa es un buen ataque”. Nada hay más negativo que la violencia. Nos acompaña desde el comienzo de la vida; Caín y Abel o la bajada del hombre de la montaña al valle. Violencia verbal, violencia psicológica. Violencia física: la más espectacular, la más visible. La que peores consecuencias inmediatas trae. La más fácil de castigar, por ser la más fácil de identificar. Reprobable, mezquino, lamentable, no hay calificativos negativos suficientes para definir la violencia. Un paso más en el “escalafón”: la que termina con la vida de una persona, la más repugnante. Pero la mejor forma de evitar la violencia es no practicarla; ni siquiera responder con violencia psicológica o verbal.

La violencia, como actitud negativa, opuesta a los valores humanos, contraria al sentimiento democrático, destructora de convivencia, no debe ser atribuida, sin más a nadie, por su forma, por su naturaleza, por su condición orgánica. Aunque no mate, también es violencia atribuir culpa a todos los varones,  “por la posibilidad subjetiva de violar o asesinar”. ¿Acaso sólo los varones tienen la posibilidad de violar o asesinar a otro ser? ¿Acaso es un maldito “don” exclusivo? La posibilidad existe, pero sólo la utilizan desequilibrados o personas de ideas retorcidas y sólo en circunstancias favorables. Pero sería nada inteligente acusar a toda la humanidad, menos aún, si cabe, meter a todos en una gran cárcel, para evitar que alguien pudiera aprovechar esa “posibilidad”. Se equivocan. La posibilidad existe, pero ser violador o asesino en potencia difiere de forma ostensible.

Las violencias son paralelas, no comparables. Pero las más graves no deberían ocultar a las más difícilmente mensurables. El lema de la revista “Vindicación”, era “porque son mujeres”. Todo lo malo ocurría “porque eran mujeres”. Sólo los problemas. El lema ha cambiado a norma aún sin normalizar. Menos mal. Si se discute con ellas, se le discute “porque es una mujer”; muletilla donde puede apoyarse cualquier forma de defensa, cuando la defensa es un ataque. Después de toda una vida defendiendo la democracia, defendiendo el derecho a la igualdad absoluta, el apelativo “machista” por no defender posiciones egoístas es más violento, por injusto, atrevido, falso; por injusta violencia. Llamar “misoginia” a no defender los errores (u horrores) femeninos, es grave violencia injustificable incluso en la ejercida contra otras mujeres. Una violencia que deslegitima a quien la ejerce.

Sin respeto mutuo no hay respeto. Nadie tiene “licencia de corso”; no existe el derecho a atribuirse la razón absoluta, aún ausentes la verdad y la justicia. Misoginia es “aversión u odio a las mujeres”. Por eso no es misoginia discutir con datos y razones, ni es misoginia rechazar la inculpación de todos los varones, por el hecho de ser varones. La posibilidad de abusar está, es, no se adquiere ni es exclusiva de nadie. Y también se abusa con la palabra y con la solapada falta de respeto, la del desprecio, la de los adjetivos indebidos. Buscar razón en falsos motivos, demonizar a todos los hombres, también es violencia. Más sinuosa. Esa es la diferencia.

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Autor en Andalucia Información

Rafael Sanmartín

Rafael Sanmartín es periodista y escritor. Estudios de periodismo, filosofía, historia y márketing. Trabajos en prensa, radio y TV

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Con su amplia experiencia como periodista, escritor y conferenciante, el autor expone sus puntos de vista de la actualidad

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