Actualizado: 23:17 CET
Domingo, 18/11/2018

Andalucía

El drama de llegar solo a otro país y verte en la calle con 18 años

Andalucía acoge a 5.000 menores extranjeros, que colapsan los centros de primera acogida, de los que son desalojados al llegar a la mayoría de edad

Una llamada le cambió la vida. La de un amigo que vive en Tánger. Durante los minutos que estuvieron hablando, le propuso un plan: montarse en una patera para cruzar el Estrecho. Mohammed, que entonces tenía poco más de 17 años, aceptó. “Mi amigo sabe que yo no tenía dinero”, cuenta, por eso le consiguió un hueco “gratis” en la embarcación con la que llegaron a España desde Marruecos. Ellos y otras 50 personas que, amontonadas en la patera, estuvieron durante más de diez horas a merced del mar hasta que llegaron a las costas españolas.

El problema es que se están atendiendo a Mena con nuestra Ley del menor"

Fue en Chiclana donde consiguieron tomar tierra, en una playa en la que no había apenas nadie, pero sí la Guardia Civil, que los interceptó, para que luego la Policía Nacional, después de los pertinentes trámites, trasladara a Mohammed hasta el centro de menores de Jerez. Pero su estancia tenía “fecha de caducidad”: el día de 18º cumpleaños. Fue en julio, coincidiendo con la época de mayor actividad en el centro, cuando tuvo que dejarlo. Los primeros días estuvo durmiendo en la calle. “Me han pasado cosas malas”, dice, sin entrar en detalles, bajando la mirada mientras recuerda esas “cosas malas”, sin ánimo para poder verbalizarlas. Le sale que, en algún comedor social, “no me han respetado”. Pero poco más.

Hasta final de año tiene permiso de residencia, luego tendrá que renovarlo y, ahora mismo, no puede. Para ello necesita “documentación acreditativa de disponer de medios de vida para el período que se solicita”, como recoge la normativa vigente, que regula el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. También debe disponer de seguro médico, público o privado, que alguien ejerza su tutela legal y puede servir de ayuda cualquier informe de alguna entidad pública que recoja “el esfuerzo de integración, la continuidad de la formación o los estudios que se estén realizando, así como su incorporación, efectiva o potencial, al mercado de trabajo”.

Mientras intenta reunir toda esa documentación, ayudado por organizaciones sociales, da clases de español para perfeccionar el idioma, aunque también estuvo matriculado en un Centro de Educación Permanente (Ceper). Pero su futuro no está nada claro, por eso intenta desconectar por momentos, y lo hace jugando al fútbol. Hace unos meses lo hizo en el Alma de África, el club afincado en Jerez formado por inmigrantes, aunque ahora está en otro equipo. Mohammed, que ha trabajado como informático, albañil, pescadero o camarero, entre otros oficios, busca una oportunidad que le permita quedarse en el país. “Cuando tenga trabajo volveré a visitar a mis padres”, dice, algo que no ha hecho desde que llegó a Europa, hace más de un año.

Ayoud tiene 16 años y lleva cinco meses en España. Un día salió del instituto donde estudiaba, en Marruecos, y sus padres lo animaron para que probara suerte. Había estado ahorrando para este momento, ya que el viaje en patera le costó unos 1.500 euros. Y se la jugó. “Pensé en mi futuro”, asegura. Otras 25 personas lo acompañaron en la travesía, que duró casi un día entero. ¿Su objetivo una vez en España? “Poder arreglar los papeles y trabajar”, dice sin titubear. De momento, tiene de margen hasta que cumpla 18 años, ya que está atendido en un centro de menores de la provincia de Cádiz.

En estas instalaciones comparte espacio con Reda, otro joven marroquí de 15 años que entró en el país por Ceuta. En la ciudad autónoma estuvo en un centro de menores durante unos meses, pero se escapó. “No me gustaba”, cuenta, por eso decidió salir de allí y meterse en los bajos de un camión para poder llegar a la Península. Se quedó solo en mitad de la carretera, “en un sitio sin casas”, explica, sin saber muy bien dónde estaba. Hasta que lo vio la Policía Nacional y lo trasladó hasta el centro de menores en el que se encuentra.

Ahora estudia en un instituto —“voy aprobando”, dice— y espera poder cumplir su sueño y trabajar como mecánico en España, una profesión que ya ejerció en su país natal desde los once años. Pero aquí quiere estudiar un ciclo de mecánica, para ampliar conocimientos. En Marruecos, cuenta, “tenía problemas en casa”, por lo que vio con buenos ojos la opción de “subirse” a España a probar mejor suerte. Es la salida que encuentran muchos africanos. Su propio hermano ya lo hizo, y ahora está estudiando en Barcelona.

El colapso de los centros de menores

Mohammed, Reda y Ayoud son solo tres de los 3.400 menores extranjeros que llegaron a Andalucía durante 2017 —la Junta de Andalucía calcula que hay más de casi 5.000 en toda la comunidad—, por lo que la Consejería de Igualdad y Políticas anunció recientemente la creación de 500 nuevas plazas de emergencia para atender a Menores Extranjeros No Acompañados (Mena), superando las 1.600 desde principios de año.

“El problema es que se están atendiendo a Mena con nuestra Ley del menor”, cuenta un educador de un centro de menores, que prefiere no dar su nombre, que critica que ante la llegada de menores extranjeros “no se mira si el joven ha estudiado algo antes, si sabe idiomas… simplemente se le matricula en un centro escolar, donde tiene preferencia, lo que provoca disrupciones”. Los centros de menores que tiene la Junta de Andalucía son “centros de primera acogida”, explica este educador, quien asegura que “la Administración no gasta bien los recursos”, ya que, por poner un ejemplo muy básico, “da regalos de Reyes a unos chicos que celebran el Ramadán”, algo que “no tiene sentido”.

“¿En qué nos diferenciamos del Kiko Narváez?”, se pregunta este docente, en referencia a la labor de acogida y suministro de servicios básicos que se estableció en el polideportivo jerezano el pasado verano. Los centros de menores, además, se colapsan durante la etapa estival, y ésta última ha sido especialmente agitada.

El de Jerez, por ejemplo, tiene 18 plazas y ha llegado a tener cerca de 60 menores, que duermen en colchones distribuidos por el suelo de las habitaciones o de la biblioteca de las instalaciones. En La Línea la situación es mucho más complicada: tienen 24 camas y momentos en los que acogen a más de 200 menores. “Hay que cambiar la tipología del centro”, señala el educador, quien da un dato revelador: “Hace más de seis años que algunos de los que hay en la provincia de Cádiz no tienen a un menor español”.

Así son atendidos 

Cuando un menor extranjero entra en el país y es interceptado por la Policía Nacional, se le traslada a un centro de menores. Al llegar, se recogen sus datos y se entrega un informe policial que debe incluir los resultados de una prueba oseométrica, que determina la edad de los jóvenes. “Pero muchas veces ni eso, se solicitan y tardan meses en llegar”, censura el educador consultado, quien critica que estos centros realizan una labor meramente asistencial, cuando debería ser educadora.

El colapso de los centros de menores hace que el personal no dé abasto y apenas pueda facilitarles ropa, comida y cama a unos jóvenes que, por lo general, están poco tiempo. Normalmente, la provincia les pilla de paso a otros destinos, como el norte de España u otros países europeos. “Los hay que duran dos días y otros llevan un año”, comenta el educador, quien relata que les dan un kit que consta de un protector de colchón, una sábana, una camiseta, unas calzonas, un pijama, unas chanclas y productos de aseo personal.

“Duermen donde hay sitio, en colchones en el salón o en la biblioteca, incluso encima de una manta cuando no hay más colchones”. Pero la situación, para muchos, es insostenible, y llega el día en que se marchan por su propio pie. “Ellos lo llaman el corre, corre”, cuenta el trabajador, quien señala que aprovechan el “recreo” que tienen todas las tardes para enfilar el camino hacia la estación de tren o de autobuses, muchos con destino incierto.

La sociedad se mueve

La plataforma Somos Migrantes, constituida por diversas asociaciones, avisa de que “la violación de derechos de menores en nuestro continente es un acto flagrante de agresión contra el Estado de Derecho”, al entender que el trato recibido por estos jóvenes “atenta contra la Carta de Derechos Fundamentales, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, la Convención de Ginebra, así como los Tratados fundacionales de la UE”.

Los estados miembros de la ONU firmaron la Declaración de los Derechos del niño, apunta la plataforma, que señala que “todas las instituciones están aceptando la violación de derechos de menores en sus territorios”. “Desde la muerte de Aylan que sobrecogió a Europa —recuerda—, miles han sido los menores abandonados. Si ni siquiera menores vulnerables merecen la respuesta europea, ¿qué sociedad de derechos es la que tenemos?”, se pregunta.

“Lejos de asumir los compromisos encontramos propuestas tan alarmantes como la solicitud de la Junta de Andalucía de facilitar el proceso de devolución de estos menores, atentando contra sus derechos y poniendo en claro riesgo su situación. Que una administración, con su gran estructura y capacidad de acción no encuentre otra forma de actuar llama sorprendentemente la atención”, señalan desde Somos Migrantes.

La plataforma propone incrementar con urgencia los recursos para una acogida digna de menores, reforzar la formación y capacitación de Mena, incrementar los programas enfocados a la integración social de menores e impulsar una nueva ley del menor que contemple el perfil transnacional del Mena por su alta representatividad en el conjunto de menores en Andalucía.

España recibe el 40% de las llegadas por mar

La llegada de inmigrantes a nuestras costas ha sufrido un notable incremento en los últimos años. En 2006, cuando tuvo lugar la conocida como crisis de los cayucos, el cierre de rutas migratorias como Mauritania y Marruecos provocó la creación de esta nueva ruta. El endurecimiento de las políticas migratorias de Grecia e Italia provocó un giro en la recepción de las personas migrantes. A principios de 2016, el país griego recibía hasta el 93% de las llegadas, mientras que a Italia llegaban apenas un 6% y a España un 1%, pero a mediados de 2017 se invirtió completamente esta tendencia, ya que el país italiano recibió el 85% de los inmigrantes, España entre el 7 y el 15% y Grecia menos del 10%. Es en 2018 cuando las costas españolas reciben en torno al 40% de estas llegadas, por lo que “no ha sido una situación sobrevenida”, apuntan desde la plataforma.

“Tampoco nos encontramos ante un número de personas que no puedan ser acogidas, más aún si tenemos en cuenta que el compromiso adquirido por España de acogida de personas refugiadas era de 17.337 personas, de las cuales no se llegó a 2.000 antes del plazo previsto”, apunta Somos Migrantes, que recoge un dato significativo: el último Eurobarómetro señala que el 77% de la población europea es favorable a la acogida de personas refugiadas —en España se roza el 83%—, por lo que se pregunta: “¿Cómo puede darse paralelamente el auge de gobiernos extremistas?”. Y se responde: “Por la inacción y la falta de responsabilidad de las Administraciones que permiten el auge de posturas extremistas que tan grave repercusión han tenido en el pasado de nuestro continente”.

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