Actualizado: 00:55 CET
Lunes, 24/09/2018

San Fernando

El ADN de la Memoria o trabajar como en los días de buenas mareas

La exposición de la asociación sevillana 'Nuestra Memoria' estará en el castillo de San Romualdo hasta el día 4 de mayo.

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“El trabajo de apertura de la fosa fue un trabajo ilusionante, como una marea que elevó el espíritu de la asociación, pero en ocasiones vienen otros momentos de borrasca y te tumban. Es el momento de poner de nuestra parte para volver a coger una buena marea.    

Tras haber estado luchando toda mi vida por recuperar la memoria histórica y los recuerdos de mi infancia, siento que ahora que empiezo a llegar a la otra orilla me voy quedando sin fuerzas.    

Propongo olvidar las tensiones y sus causas, que aprovechemos este tiempo para limpiar la casa y volver con la cabeza, los corazones y con el espíritu limpio; trabajar como en aquellos días de buenas mareas”.    

Estos tres párrafos escritos por Juan Manuel Fernández Roldán están impresos en la placa que se le entregó a sus hermanas, María y María Ángeles. Una placa en la que están impresas esas palabras y en la que se plasmaba el homenaje de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Democrática de San Fernando (Amede) a quien fue su impulsor.    

Fue una de las escenas contenidas en un acto que tuvo como escenario un lugar donde se guarda precisamente la memoria de la ciudad, no sólo la que le encomienda su actual cometido de sala expositiva, sino la que le confieren los siglos y su origen como origen de la ciudad misma.    

El Castillo de San Romualdo acoge desde el viernes y hasta el 4 de mayo una exposición que pretende recuperar la memoia histórica de muchos andaluces que se sintieron huérfanos de padres, madres, abuelos y incluso tatarabuelos, a los que no se les dio la oportunidad de enterrar en dignidad a los suyos. La exposición El ADN de la Memoria: fosas del franquismo, semillas de memoria es una exposición itinerante que está encontrando a su paso el respaldo no sólo de instituciones y entidades y que ha llegado a San Fernando a petición de Amede, sino el apoyo de la gente de a pie que en La Isla dejaron pequeña la antigua capilla del castillo.    

Nuestra memoria es la asociación sevillana que la ha puesto en pie y que incluso tiene una copia más pequeña por las muchas peticiones que recibe y ha contado con la colaboración de los descendientes de las personas asesinadas y de fotógrafos que han captado los momentos que ahora cuentan las historia en las paredes.    

En el año 2015, la asociación se planteó la posibilidad de conmemorar los 80 años del inicio de la Guerra Civil en el Estado español.    

“Pretendíamos unir dos ideas fundamentales, denunciar el estado de impunidad en el que se encuentran las víctimas de desapariciones forzadas después de transcurridos esos 80 años y proclamar públicamente que los familiares no las olvidamos”, dijo Paqui Maqueda, presidenta de la entidad en un relato extraído del libro que se ha editado sobre el movimiento de recuperación de la memoria en Andalucía y cuyos beneficios van a parar a seguir arancándole a la tierra lo que la tierra esconde. No por casualidad.    

“Nuestro compromiso con la memoria de nuestros familiares y conciudadanos es un ejercicio de amor hacia ellos, las víctimas, y un deber con la sociedad civil. Y se nos ocurrió realizar una foto donde la vieja fotografía de la persona desaparecida, amorosamente guardada por la familia, estuviera sostenida por los descendientes del desaparecido”.    

La única premisa es que estos familiares debían militar en las filas del movimiento memorialista. “Y se nos ocurrió hacer esa foto a 38 familias. Y se nos ocurrió ofrecer a un colectivo de fotógrafos este proyecto, para que colaboraran de forma altruista con él”. Memoria histórica El fruto de esta idea ha cuajado en la exposición El ADN de la Memoria: fosas del franquismo semillas de memoria. Desde la inauguración en abril de 2016, hasta hoy, han sido numerosos los colectivos, asociaciones de memoria histórica, ayuntamientos... que han solicitado a la asociación que la exposición acompañe jornadas y encuentros de memoria histórica.    

“A día de hoy, contamos con una larga lista de peticiones. Nos sentimos orgullosos de este trabajo. Muy orgullosos. Hemos sabido plasmar el sufrimiento por la desaparición de un ser querido y también la dignidad de la lucha por su memoria, encarnado en los familiares que posan en las fotos. Aquellos que hemos tomado el relevo”, transmsitió Maqueda.    

En algunas aparecen, a pesar de la avanzada edad de muchos, los hijos de las personas que un día desaparecieron de sus hogares y que después de 80 años, aun no se sabe qué pasó con ellos. Los arropan en el dolor y el orgullo, los nietos, los bisnietos y en algunas fotos, los tataranietos.    

Unos sonríen al fotógrafo; otros lloran de emoción. Muchos se abrazan alrededor de la foto de su familiar. En algunas no aparece la foto del desaparecido, porque ni ese recuerdo le queda a la familia.    

En otras aparecen 17 personas de una misma familia, en bloque, unidos en el reclamo de la figura familiar. Muchas han sido tomadas en el lugar donde fueron asesinados las personas desaparecidas o donde se suponen reposan sus restos: fosas comunes, paredones, campos, parques, lugares de memoria que no debemos olvidar.    

“Nuestro corazón siente un especial agradecimiento al colectivo de fotógrafos que de forma desinteresada han colaborado en este proyecto, así como al documentalista que ha elaborado el video. Para algunos de nosotros forma parte ya de nuestra familia”.     Porque para realizar la fotografía ha sido necesario que bucearan en las historias, en las vidas de los fotografiados y sus familias.    

“Alrededor de una mesa, les hemos contado nuestros recuerdos, les hemos enseñado la foto familiar, les hemos presentado a nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, a nuestros hijos. Han escuchado con respeto el porqué de nuestro dolor y el sentido de nuestra lucha. Y con esos trozos de nuestras vidas en sus retinas, emocionados, han sabido captar lo más profundo de nosotros”.    

Por eso, dijo Maqueda, han sabido plasmar en una foto de 50 por 70 el amor, el orgullo, la dignidad, el dolor, el desafío, la fuerza, la ternura, la constancia y cómo no, la alegría de cada una de las 38 familias.    

“La alegría de seguir vivos, juntos, rodeados del recuerdo de nuestros familiares y conciudadanos y dispuestos a seguir batallando. Porque estamos convencidos de que esta batalla, la de la memoria y la dignidad, la ganaremos”. Y deseó “salú” a los presentes. 

El acto

El concejal socialista Conrado Rodríguez fue el encargado de dar la bienvenida a esta exposición antes de que Paqui Maqueda explicara su razón de ser, su objetivo y su realización. Luego sería el representante de Amede quien daría lectura a las “microbiografías” de los tres hijos de Cayetano Roldán Moreno, el alcalde republicano asesinado tras el golpe, como lo fueron sus hijos poco antes.

Tras el homenaje al impulsor y primer presidente de Amede, Cayetano Fernández Roldán, nieto del médico y alcalde republicano, en las personas de sus hermanas María y María Ángeles, la cantante Lucía Sócam interpretó algunas de sus canciones. La exposición es un homenaje a la memoria, a ‘Conocer para no repetir’, que es su lema y sobrepasa el ámbito de San Fernando. Un poema de Delia Govantes lo explica claramente. 


Microbiografía de los hermanos Roldán Armario

Los hermanos Manuel, Juan y Cayetano Roldán Armario nacieron en San Fernando los días 27 de agosto de 1909, 28 de octubre de 1911 y 18 de agosto de 1915, respectivamente. Cuando fueron asesinados por los golpistas en la madrugada del 16 de agosto de 1936, Manuel estaba a punto de cumplir los 27 años de edad, Juan contaba ya con 24 años y Cayetano iba camino de cumplir los 21.

Hijos de Cayetano Roldán Moreno y Dolores Armario Domínguez, nacieron en el seno de una familia acomodada perteneciente a la burguesía liberal de la época. Tras contraer la pareja matrimonio en 1908, fueron naciendo los hijos: primero los dos mayores, Manuel y Juan, luego nacieron las primeras hijas, Catalina y Clara y, después de Cayetano, María del Carmen, Teresa y Dolores.

Los tres hermanos, junto a sus padres, hermanas y dos tíos paternos, vivían en la Avenida de la República, número 69 (actual calle Real, 63) sede provisional del Ayuntamiento de San Fernando. Con anterioridad a trasladarse a esta vivienda alquilada, la familia había vivido en la calle González Hontoria, número 10, popularmente conocida como calle Vidal.

Procedían de una familia con tradición política, pues tanto su padre como su abuelo, Manuel Roldán Ramos, habían sido alcaldes de la ciudad. Su abuelo entró en la alcaldía en enero de 1886. Cuando murió en 1917, la prensa destacaba, además de las mejoras urbanas, su dedicación al prójimo y ejemplar moralidad.

Su padre, conocido en la ciudad como don Cayetano, había nacido un 30 de noviembre de 1882. Era socialista y en 1934 se unió a la recién creada Izquierda Republicana. Fue nombrado alcalde el 28 de febrero de 1936 y destacó, como su padre, precisamente por el desarrollo de medidas educativas y sociales para la ciudad. En la madrugada del 29 de octubre, después de llevar varios meses secuestrado, fue sacado a empujones por uno de sus verdugos, al que precisamente había traído al mundo. Don Cayetano, aceptando su destino, solicitó que dejaran a sus tres hijos libres, que eran inocentes, contestándole el verdugo con burla y saña que ya los habían matado a los tres.

Tal y como hiciera su padre y anteriormente su abuelo, Manuel estudió Medicina y se licenció en la Facultad de Cádiz en 1934. Mientras sus ascendientes habían ocupado cargos directivos en hospitales locales y ejercido en distintos ámbitos la medicina y la cirugía, a Manuel apenas le dio tiempo a demostrar que tenía unas manos maravillosas para su profesión.

A Manuel le gustaba la pintura y el dibujo a plumilla, siendo aficionado, al igual que lo fuera también su padre, a la caza. Cuando fue asesinado se encontraba preparando su próximo enlace matrimonial.

Juan era dirigente en las Juventudes Socialistas y se conoce que trabajó como maestro nacional en las poblaciones asturianas de Bustoto y Salas. Participó en los actos acaecidos durante la revolución de Asturias de 1934 y fue apresado, acudiendo su padre para sacarlo de la cárcel a través de un salvoconducto solicitado a Madrid.

 Siendo bebé, Juan se cayó de la cuna y quedó atrapado por la cabeza en los barrotes, fijándosele como secuela permanente el cuello arqueado hacia un lado. Por este motivo, en algunos retratos aparece con la mano sosteniéndose la cabeza en posición melancólica.

De Cayetano no se le conoce pertenencia política o sindical alguna, a pesar de lo cual, sin que exista documentación que lo acredite, se le acusó de repartir octavillas con propaganda política. Sus hermanas Teresa y Dolores lo recordaban mejor por pertenecer al grupo de los pequeños de la casa y lamentaban que no llegara a disfrutar de su vida, sino solo dedicado a estudiar. Contaban que Tano -diminutivo por el que era cariñosamente conocido en su familia- era muy aficionado al fútbol y que fue fusilado vistiendo aún pantalones cortos. Su hermana Teresa contaba que su padre lo acompañó ante las autoridades golpistas después de oír por la radio que todo aquel socialista que no tuviera delito de sangre debía presentarse, que no sufriría represalias. Se ve que su padre, don Cayetano, creyó verdaderamente estas palabras, dado que no habían cometido delito alguno ni él ni ninguno de sus hijos. La familia de la novia de Cayetano, sin embargo, nunca le perdonó que lo entregara, a pesar de lo cual, gracias a la mediación de su hermana Clara, accedieron a guardar algunos de los muebles del domicilio familiar cuando se produce el saqueo por los golpistas.

Tanto Juan como Manuel se iniciaron en la masonería, en la logia Igualdad número 53, ante la que Juan se declaraba de religión “cristiana” y Manuel de “Cristo, hombre”. Juan se inició el 28 de diciembre de 1935 con el nombre simbólico de Tomás Meabe y Manuel el 1 de abril de 1936 con el nombre simbólico de Ramón y Cajal. A Juan los hermanos encargados de valorar su solicitud de iniciación lo consideraban digno de pertenecer por ser “hombre honrado y de buenas costumbres”. En las valoraciones a la solicitud de iniciación de Manuel algunos hermanos lo consideran carecer “de la formalidad y prudencia indispensables” y “falto de aplomo en sus actos”, pero esos mismos hermanos y algunos más coinciden en otras buenas cualidades: “culto, inteligente, de espíritu liberal, buen hijo, libre, honrado y de buenas costumbres”.

 Juan había hecho constar el nombre de su entonces novia, Carmen O´Dogherty Ghersi, como posible heredera en caso de fallecimiento y días antes de producirse el golpe de Estado, era propuesto favorablemente por otros hermanos de la logia para el segundo grado, así como para un aumento del salario por sus trabajos de compañero en la misma.

Con fecha de 15 de diciembre de 1938 en una ficha procedente de la sección cuarta del Servicio Nacional de Seguridad, se le describía como: “Individuo de ideas extremistas. Expresidente del Partido Socialista, por cuyas ideas fue detenido el día 20 de julio del año 1936. Falleció en los primeros días de iniciado el Glorioso Movimiento Nacional por ser sancionado por la ley.

En 1946 se incoa por el Tribunal especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo sumario contra ambos hermanos, cuando ya habían transcurrido diez años desde su asesinato.

Se cuenta que los tres hermanos murieron abrazados, consolando Manuel, el mayor de ellos, al más pequeño, Cayetano, con “ternura y entereza ante aquella situación demencial”. El Libro único secreto, en el que se registraba por los sacerdotes parroquiales los asesinatos extrajudiciales de este período, recoge que murieron después de haber recibido los sacramentos de la penitencia y la eucaristía, retractándose tanto Manuel como su hermano Juan de la masonería.

Se conoce que los tres hermanos fueron fusilados en Puerto Real y es probable que sus cuerpos hayan visto la luz en la intervención realizada entre el verano de 2014 y el de 2016 en el Cementerio de San Roque de esta localidad. A espera de la confirmación genética, es posible que pronto puedan recibir un buen entierro acorde con las prescripciones de nuestra cultura.

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