Actualizado: 23:28 CET
Jueves, 20/09/2018

Andalucía

"Fría, egocéntrica, manipuladora e incapaz de manifestar empatía"

La Guardia Civil ofrece detalles de la 'operación Nemo' y describe a la asesina confesa de Gabriel como una mujer inestable que se mueve por un "patrón ilógico"

  • Ana Julia Quezada, la asesina confesa del pequeño Gabriel Cruz.
  • La Guardia Civil considera a Ana Julia Quezada responsable de los delitos de detención ilegal y asesinato
  • Ella misma se colocó en el punto de mira de la investigación por sus "movimientos extraños" y sus "incongruencias"
  • Los investigadores no creen su versión de que actuó en defensa propia tras una supuesta agresión del niño

Fría, egocéntrica, posesiva, manipuladora e incapaz de mostrar ningún tipo de empatía hacia otras personas. Así definen los investigadores de la Guardia Civil a Ana Julia Quezada, 43 años, autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz, el niño de 8 años que desapareció de Las Hortichuelas (Níjar) el 27 de febrero y de cuya desaparición dio ella misma la voz de alarma.

El comandante de la Unidad Central Operativa (UCO) Jesús Reina y el teniente coronel Jefe Accidental de la Comandancia de la Guardia Civil de Almería, José Hernández Mosquera, han ofrecido este jueves detalles de la operación Nemo, como la denominaron los investigadores. Y, entre otras cosas, han dicho que la versión de la detenida no es creíble.

No es creíble que el niño la insultara y la agrediera, como ha intentado hacer ver la mujer, a la que los agentes consideran responsable de los delitos de detención ilegal y asesinato. Según dijeron, es una persona "muy manipuladora" y a la que "ciertas circunstancias negativas" le pueden provocar una inestabilidad "muy grande".

Durante la investigación, los agentes percibieron numerosas "actitudes sospechosas" por parte de esta mujer, compañera sentimental del padre del pequeño Gabriel. Especialmente, a partir del hallazgo de la camiseta del niño, que ella misma colocó cerca de una depuradora, por donde ya se había estado buscando al pequeño.

Sospechosa por sus "movimientos extraños"

Un "cúmulo de incongruencias y de movimientos extraños" hizo que los agentes la colocaran en el punto de mira de la investigadores la colocaran en el punto de mira de la investigación. La camiseta apareció en una zona ya rastreada. Estaba seca, pese a que no había dejado de llover. La encontró, casualmente, ella. Y, además, fue Ana Julia la que había insistido en volver a buscar por una zona por la que ya se habían buscado pistas sobre el paradero del crío.

Su intención era desviar la atención de la investigación, pero consiguió justo lo contrario: que todas las sospechas se centraran en ella. La Guardia Civil la sometió a partir de entonces a seguimiento. La vigilaba constantemente. Y comprobó que con frecuencia, pero siempre acompañada, se dirigía a la finca de Rodalquilar, propiedad de la familia de Ángel Cruz, el padre de Gabriel. La finca había sido inspeccionada por la propia familia.

Durante el seguimiento, los investigadores planearon una "maniobra" para "desviar la atención a la que estaba sometida el principal objetivo", Ana Julia. El domingo, la mujer acudió sola a la finca y, sometida a una estrecha vigilancia, quitó los tablones y piedras decorativas de jardinería que había colocado sobre el punto en el que había enterrado al niño junto a un pozo y "sacó el cuerpo de una persona menuda que podía encajar perfectamente con Gabriel", han explicado.

Lo envolvió en una manta, lo metió en el maletero y se dirigió en coche en dirección a Almería. Finalmente llegó a Vícar, donde la Guardia Civil la detuvo y halló el cuerpo semidesnudo del niño en el maletero. Gabriel sólo llevaba unos calzoncillos. El resto de la ropa, a excepción de la camiseta, la había tirado en un contenedor de vidrio en la barriada de Retamar, en Almería.

Un último error

"Queríamos que cometiera el último error y lo hizo la mañana del domingo, cuando se vio un poco más liberada. La pena es que queríamos que nos llevase a Gabriel y nos llevó al sitio donde estaba enterrado", han explicaron los investigadores.

No han dado muchos detalles, más allá de que murió asfixiado. No estrangulado. El caso sigue bajo secreto de sumario. Pero insisten en no creerse la versión de la mujer. "Estamos convencidos de que tenemos carga de prueba suficiente para demostrar cómo ocurrieron los hechos. Hay uno importante aunque no tenga valor judicial, Ángel y Patricia han educado a ese niño en amor y respeto a la gente", ha dicho el responsable de la UCO. "No, no, Gabriel no haría nunca este tipo de comentario ni insultos a los que se refiere, lo educaron en el amor y respeto a los demás", insistió.

Respecto a los porqués, el comandante de la UCO señaló que "hay un hecho evidente, que para Ángel, Gabriel era lo más importante. Los fines de semana los pasaba con él, a cualquier hora estaba con él y eso es lo más importante", subrayó.

Actuó sola siguiendo un "patrón ilógico"

Los investigadores afirman que la mujer tuvo escondido el cuerpo del niño desde el primer momento "en un agujero" en la finca de Rodalquilar, a unos cinco kilómetros de Las Hortichuelas, donde desapareció el pequeño. De allí lo sacó el día que fue detenida, cuando trasladaba el cadáver en el maletero de su coche.

Le quitó la ropa y lo ocultó semidesnudo. Los agentes encargados de la investigación afirman que actuó sola y que actuó "de acuerdo a un patrón ilógico". De hecho, los investigadores están convencidos de que el día de su detención, la mujer vagó "sin saber a dónde iba" con el cadáver del niño en el maletero de su coche, hasta que fue arrestada en Vícar, según la Guardia Civil.

"Pasaba por sitios conocidos para ella. Iba al final un poco desorientada. No podemos todavía afirmar a qué zona iba", apuntaron este jueves los responsables de la investigación policial.

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