Actualizado: 23:17 CET
Domingo, 18/11/2018

‘La forma del agua’: Guerra fría, corazones ardientes

Porque quien esto firma, ha amado esta historia de una joven muda, pero no sorda, “la princesa sin voz”..

  • La forma del agua.

Quien esto firma, ha visto dos veces ‘La forma del agua’, producción norteamericana de 123 minutos de metraje, dirigida por Guillermo del Toro, quien también la escribe junto a Vanessa Taylor, que cuenta con una hermosa fotografía de Dan Lautsen y una eficaz partitura de Alexandre Desplat, junto a temas de clásicos musicales, y con un prodigioso equipo técnico que borda cada plano, cada secuencia, que hace magia con los efectos especiales y que tiene una prodigiosa dirección de arte. Que viene precedida de tantas aclamaciones como rechazos críticos y de reconocimientos tales como el León de Oro en Venecia, 2 Globos de Oro, 3 BAFTA y 13 nominaciones a los Oscar.

En cuanto al reparto, en estado de gracia, destacamos a una extraordinaria Sally Hawkins y a unos no menos notables Octavia Spencer, Richard Jenkins, Doug Jones o Michael Stuhlbarg, entre un larguísimo etcétera. Quien esto firma, la ha visto dos veces confirmando su primera impresión de estar ante una hermosa, fascinante, diferente, compleja y muy arriesgada mezcla de géneros como el fantástico, el drama romántico, la metáfora política y el thriller.

Quien esto firma, es consciente -pese a su inveterada costumbre de no leer las críticas ajenas antes de escribir las propias- de que va a estar en minoría respecto a otras opiniones muy cualificadas a las que tiene en gran estima.

Porque quien esto firma, ha amado esta historia de una joven muda, pero no sorda, “la princesa sin voz”, limpiadora en un laboratorio de alto secreto, empática y sensible; de su mejor amiga y compañera, una afroamericana lúcida y malcasada; de su mejor amigo y vecino, un dibujante de talento, pero rechazado, ex alcohólico, homosexual, cinéfilo y gatófilo; de un doctor entre dos mundos y dos países y de una criatura anfibia arrancada de su hábitat marino. Todos ellos humillados y ofendidos en función de sus diferencias y en el contexto de una feroz Guerra Fría en la que combaten siniestros personajes civiles, militares y espías, los villanos de la función, los malvados de este cuento.

Quien esto firma, se ha sentido absorbida por una intensa y conmovedora historia de amor y dolor, de pérdida y salvación, de vida más allá de la vida, entre dos seres únicos. Por estas múltiples historias de afecto, solidaridad y amistad que la habitan. Por su homenaje al cine, al musical clásico y muy especialmente a sus actrices, con todas sus consecuencias y referencias. Pero también por el retrato en negro -impío, con un humor soterrado y una cáustica ironía- del abuso de poder. De la tosquedad, zafiedad, incultura, crueldad e incompetencia de determinados funcionarios gubernamentales y sus lacayos.

Es una de las elegidas para comentar en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 7 de marzo. Habrá debate, por supuesto… Véanla, coincidan o discrepen, pero véanla.

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