Familias que se estiran

Publicado: 14/10/2017 · Isabel Laguna. Efe
Son muchas las circunstancias que llevan a un menor a vivir tutelado. “Somos conscientes de que vamos a tener una despedida”, relata César
Hay familias que se estiran por quienes no la tienen y, bajo distintas fórmulas, temporalmente acogen a menores que viven tutelados por la Administración. “Da mucha pena cuando dejan tu casa, pero sabes que les has dado un beneficio incalculable y ellos a ti”, nos dice un padre de acogida.
Son miles las familias acogedoras en España, pero se necesitan muchas más.

“Se calcula, con datos del 2015, que hay más de 30.000 menores en los sistemas de protección en España, tutelados por la administración. Hay unos 14.000 viviendo con familias acogedoras, el resto sigue en centros de acogida, son muchos, demasiados”, explica  Juan Molina Gómez, representante de la Asociación de Familias Solidarias de Cádiz y de la Plataforma Andaluza de Asociaciones de Familias de Acogida.

Son muchas las circunstancias que llevan a un menor a vivir tutelado por la administración y también las de las personas que apuestan por hacerles un hueco en su vida.
César, de 43 años y vecino de Jerez, quería ser padre y adoptó hace cinco años a tres hermanos de 5, 3 y 2 años que vivían en un centro de acogida porque a sus padres biológicos les habían retirado la custodia.

Formaron sin problemas “una familia totalmente normal”
"Empecé a pensar que quería que mis hijos fueran conscientes de que había muchos otros niños y niñas que habían pasado por lo mismo que ellos y que podíamos ayudarles, así que nos hicimos una familia acogedora". explica. Desde hace cuatro meses vive con ellos una niña de 18 meses.
"Para mis hijos es fantástico, siento que les estoy haciendo responsables, porque ellos la cuidan mucho. La niña está aportando mucho a la familia", asegura este padre de acogida.
Son niños que llegan a sus casas con una "mochila muy cargada" porque han vivido situaciones difíciles, siempre más fáciles de digerir en un entorno emocional que les da seguridad, aunque sea temporal.

César y sus tres hijos, como la niña, saben desde el principio que este acogimiento es por un periodo de tiempo, hasta que se haya encontrado una solución definitiva, desde que sus padres recuperen la custodia o que su familia extensa se haga cargo de ella o a que se culmine un proceso de adopción definitiva.

"Somos conscientes de que vamos a tener una despedida, así que aprovecharemos el tiempo para disfrutar de ella y nos preparamos para ese momento, los niños tienen un sexto sentido. Supongo que cuando ella se vaya acogeremos a otro menor, depende de como vivan esta experiencia mis hijos", añade.

Se mezclará entonces, la tristeza de la despedida con la alegría de saber que ese menor ha encontrado estabilidad.

“El tiempo para los niños no correo igual. Para un adulto un año no es nada, para estos menores es mucho. Vivir un año cuidado por una familia en lugar de en una casa de acogida puede ser fundamental para su desarrollo”, asegura Juan Molina.

Hay varias modalidades que la administraciones que tutelan a menores en desamparo ofrecen.
Una de ellas es la llamada de “urgencia”, para niños a cuyos padres se les ha retirado la custodia en situaciones extremas y que son acogidos en familias durante un máximo de seis meses, prorrogables hasta el año y medio, mientras se busca una situación estable.

Otra es el acogimiento temporal, que dura un mínimo de año y medio, hasta los tres, un periodo en el que se prepara a su familia biológica, con la que no pierden vínculos, para que pueda volver a asumir su custodia del menor o en el que se busca una adopción definitiva.

También hay familias acogedoras permanentes, por un mínimo de tres años y hasta la mayoría de edad, para los menores más mayores, normalmente casos en lo que no hay ninguna expectativa ni de que puedan volver a su casa ni de que sean adoptados.

Una cuarta opción es convertirse en “familia colaboradora”, que puede ofrecerse para compartir su vida con un menor siguiendo las pautas de compromiso que les marquen sus propias posibilidades y disponibilidad, como compartir con ellos los fines de semana.

“Sí, tu vida se complica, pero ver los cambios que se consiguen, ver cómo se liberan de los fantasmas que traen por las circunstancias que han vivido es una maravilla, reporta muchísimo”, dice Juan Molina.

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