La Guerra del Planeta de los simios

Publicado: 20/07/2017
Por si fuera poco, la fuerza emocional que posee la cinta está aderezada con, personalmente, el mejor trabajo musical de Michael Giacchino hasta la fecha
Cuando Charlton Heston se arrodillaba en la arena en uno de los finales más míticos y sorprendentes de la historia del cine (El Planeta de los Simios, 1968), no podía dejar de maldecir y de preguntarse por qué la civilización humana había sido —prácticamente— erradicada y sustituida por una nueva sociedad de simios inteligentes.

La Guerra del Planeta de los Simios (2017) es el cierre de una espectacular trilogía que, aunque nadie lo pidiese, se ha encargado de narrar cómo la humanidad desapareció de la faz de la tierra para dar paso a un nuevo reinado: el de los simios. Matt Reeves, director también de la anterior entrega de la saga (El Amanecer del Planeta de los Simios, 2014) nos regala un cierre espectacular para la trilogía de blockbusters más consistente de los últimos años, dotando de tintes bíblicos y crepusculares los últimos y más trascendentes pasos de César (espectacular interpretación de Andy Serkis) en la liberación y constitución de su pueblo como la especie dominante del planeta.

Y es que La Guerra del Planeta de los Simios, no solo sirve para recuperar la esperanza en el blockbuster actual, sino que también señala y descalifica a todo aquel que se atreve a tildar de innecesaria la realización de ciertas películas, normalmente secuelas o remakes, en un acto de ignorancia y prepotencia que lo único que hace es destapar ciertas carencias sobre el conocimiento que se tiene sobre el cine y su historia.

La cinta de Matt Reeves basa casi todo su potencial emocional en un guion que, además de por su coherencia y cohesión, sorprende por su concisa narrativa visual, forjada en un naturalismo preciosista y épico, y por sus diálogos, certeros y emotivos aun cuando ni siquiera recurren a las palabras, pues los simios se comunican entre ellos a través de una lengua de signos tan sencilla como poderosa.

Así, dos puños cerrados y juntos condensan uno de los mensajes de mayor calado de la cinta: “simios juntos, fuertes”, un concepto que aboga por el cese de la violencia y que refuerza el mensaje antibelicista de la película.

Por si fuera poco, la fuerza emocional que posee la cinta está aderezada con, personalmente, el mejor trabajo musical de Michael Giacchino hasta la fecha.

Esta guerra por el planeta, alimentada en todo momento por el terror y la locura de humanos como el Coronel (Woody Harrelson) se convierte en un relato volcado en todo momento en el desarrollo de sus personajes —con César siempre en el centro del huracán— y es a través de ellos, hurgando en sus recorridos y en sus destinos, en lo que se basa para transmitir su mensaje acerca de las miserias condenatorias del hombre mientras deja espacio para un rayo de esperanza; el que proyecta en el horizonte la perspectiva de un nuevo comienzo.

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