De la nada al todo

Publicado: 04/07/2017
Los momentos gratos y felices con los trágicos y desgraciados se van turnando, mientras hacemos frente a los problemas o huimos en retirada
En nuestra condición de humanos nos pasamos la vida intentando encontrarnos entre la nada y el todo. Vivimos el tiempo entre lo que pretendemos ser y lo que somos y caminamos de la verdad a la mentira y viceversa. Y vamos alternando la seguridad, le éxito o el poder con la incertidumbre, el fracaso y la sumisión.

Los momentos gratos y felices con los trágicos y desgraciados se van turnando, mientras hacemos frente a los problemas o huimos en retirada. Llenamos el horizonte de esperanzas o espejismos, entre realidades y ficciones. Intentamos cambiar las cosas siendo transgresores o nos mantenemos en la ortodoxia y lo correcto.

Vamos por el mundo sembrando amigos y cultivando enemigos, despertando admiraciones y alimentando odios. A veces, emborrachados de autocomplacencia y otras imbuidos de un espíritu crítico que nos obliga a mejorar, entre la naturalidad de lo cotidiano y el sensacionalismo de lo frívolo.

De la nada al todo, del rechazo a la adhesión, de la ignorancia a la sabiduría, de los premios a los castigos, del síndrome  al síntoma, del mordernos la lengua a gritar nuestra indignación, del inmovilismo al cambio, del autoritarismo del jefe a una dirección colegiada y participativa.

Hay cuestiones implacables y actitudes impecables, apetecibles y repugnantes. Demasiadas cosas nos hacen sentir una sensación no deseable entre el asco y la pena, pero hemos de movilizarnos e impedir que se produzcan, sino terminaremos convirtiéndonos en cómplices por resignación.

No está de moda el talento, el esfuerzo y la excelencia y asistimos al insistente espectáculo grosero y hortera, del descaro y la mala educación. Tampoco se propicia el debate sino que cada vez se fomenta más el dogma, ni se lleva el compromiso frente a la componenda o la denuncia ante la estafa.

La actualidad que se nos muestra está repleta de despilfarros y escaseces, de lo que hay y de lo que quisiéramos que hubiera, de quienes pegan codazos para hacerse un sitio en la foto a quienes desean pasar desapercibidos, de quienes pretenden que seamos optimistas por obligación que es el camino seguro hacia el pesimismo.

Nos pasamos la vida buscando nuestra suerte y salvando trampas y tentaciones. Y en ese tránsito damos en demasiadas ocasiones un triple salto mortal sin red de la nada al todo, o nos encontramos de la noche a la mañana desprovistos de lo más mínimo en una regresión del todo a la nada.

En nuestra historia personal, están las verdaderas razones de nuestro comportamiento. Hay ocasiones en que las descubrimos y podemos poner remedio a nuestros problemas, y en otras las llevamos con nosotros como una pesada mochila que no nos permite avanzar.

Entre las tinieblas de nuestra ignorancia y la lucidez del conocimiento nos vamos haciendo adultos, y adquirimos la madurez que nos permite aceptar nuestros errores, para tener la posibilidad no solo de admitirlos como algo que forma parte de nuestra normalidad, sino de tener la oportunidad de corregirlos.

La vida es más breve de lo que imaginamos y lo importante es que la dediquemos a la gente que amamos y a las cosas que nos importan. Casi siempre llenamos nuestro camino de comas y puntos seguidos, hasta que no nos queda más remedio que colocar el punto y final para que otro ser humano continúe escribiendo en el libro de la humanidad.

No debemos bloquear nuestra parte más creativa, ni dejaros embaucar por bonitas palabras que camuflan a muchos monstruos, que esconden oscuras intenciones.
   

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