Andalucía

Un Festival de referencia... y sin límites

El Festival de Jerez imparte por primera vez un taller de flamenco inclusivo para personas con discapacidad

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El XXI Festival de Jerez (24 de febrero al 11 de marzo) ha incorporado por primera vez en su oferta de cursos un proyecto piloto a través del denominado Taller de Flamenco Inclusivo a cargo del maestro José Galán. Tras una semana intensa de sesiones, donde el bailaor y pedagogo sevillano ha trabajado también la cohesión grupal, una exhibición a las puertas del Villamarta que como  no podía ser menos acaba en el interior de la sala con palmas y bulerías, deja claro por qué el flamenco es patrimonio de la humanidad, más allá de los prejuicios y los cánones. Y es que si  mover una bata de cola sobre las tablas ya esconde una técnica con muchos secretos, hacerlo en una silla de ruedas casi rozando el suelo y con elegancia y saber estar, eleva al  cuadrado una dificultad que en el papel de Dolores López, una alumna catalana, hace que parezca fácil.

El bailaor José Galán es firme defensor de sentir este género sin filtros ni prejuicios y así lo demuestra la conexión con sus alumnos

Basta con ver los rostros de los diez participantes cuando escenifican esta performance, en los que sus discapacidades intelectuales y físicas pasan a un segundo plano sin perder nunca ese compás mientras Mara Rey  canta por derecho. El balance para Galán no puede ser más positivo, por eso espera que para el año que viene el Festival vuelva a apostar por esta experiencia “maravillosa” y que llegue a más participantes. Ese es quizás el único ‘pero’ a una iniciativa pionera en la que ha echado en falta más alumnos. “Es verdad que teníamos pensado hacer dos grupos con una capacidad de 20 cada uno y dividirlo por discapacidad física e intelectual, algo que no me gusta, pero lo hacíamos pensando en atender mejor y de forma personalizada y adaptada a las necesidades de cada uno”, explica tras la despedida que protagonizaron el viernes.

Finalmente han sido diez, pero  “menos es más y los diez alumnos que hemos tenido han sido una maravilla; este flamenco no es diferente, lo único que tiene es que es muy intenso; no es solo una relación de profesor alumno, sino que se convierte en algo más  porque nos convertimos en amigos”, detalla. Tras haber contactado con asociaciones, Galán cree que puede que el problema puede estar relacionado con la falsa concepción de que este tipo de cursos para acercar el flamenco tengan que tener irremediablemente un carácter gratuito -cuesta poco más de 100 euros por persona-. “Si queremos igualdad hay que pagar también los cursos -tres de los cuales estaban becados-  porque son unas sesiones caras y las paga todo el mundo”, señala. De la misma manera, echa en falta que se trabaje  más contra las barreras arquitectónicas para que este colectivo “suba a los escenarios”.

Sabe bien de lo que habla, pues pese a su juventud, en 2010 creó su compañía para integrar a personas con discapacidad en espectáculos profesionales y no profesionales con los que viaja por medio mundo. Una labor por la que ha recibido varios premios, dado que además de bailaor es pedagogo, y en su tesis doctoral en la que está inmerso actualmente está investigando la relación del flamenco y la discapacidad.
El resultado de su dedicación salta a la vista. Lola, como así quieren que la llamen ahora, no puede estar más encantada. Maestra, como narra emocionada, esta catalana tuvo que jubilarse anticipadamente por sus problemas de espalda. Pasó por una depresión “al verme tan joven en casa” pero todo cambió a raíz de que un amigo le recomendara acudir a un taller de danza inclusiva.  Eso fue hace cinco años “no tenía ninguna noción” y ahora baila a nivel profesional en la modalidad de contemporánea con espectáculos en los que llega a viajar por todo el mundo demostrando que su silla de ruedas no es ningún impedimento. Todo lo contrario.

Ahora tras descubrir el flamenco, pese a que reconoce que venía a Jerez “con mucho respeto”, se ha prometido a sí misma que esta experiencia “no puede acabar aquí”.

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