Actualizado: 13:29 CET
Jueves, 08/08/2019

Andalucía

Díaz presume de estabilidad y de un pacto que C’s niega

La presidenta dedica parte del discurso a allanar la abstención del PSOE y Marín le afea que dé ya por asegurado el apoyo a los Presupuestos, aún sin cerrar

  • Susana Díaz

El esperado Debate sobre el Estado de la Comunidad, el primero al que se somete Susana Díaz desde septiembre de 2014, confirmó en su primera jornada lo ya augurado: hay en apariencia dos Andalucías, la del terreno próspero abonado que defiende el Gobierno autonómico y, en las antípodas, la de las promesas incumplidas que denuncia la oposición con mayor o menor virulencia en función de quien se suba al estrado. Por ahí discurrió el examen a la gestión de la Junta, pero también planeó sobre el Hospital de las Cinco Llagas la obligada referencia al desbloqueo de la gobernabilidad de España. Eso y un paquete de nuevos anuncios y promesas de la presidenta que deberá ver la luz en los próximos meses. “¿Cómo puede prometer tanto si no paga ni cumple nada?”, le llegaría a replicar Juanma Moreno en su turno de palabra. “No nos escriba más cartas a los Reyes Magos”, recomendaría también Juan Marín.

La palabra clave que se esperaba que saliera de la boca de Díaz era “estabilidad”. Ha presumido de ella en Andalucía, su feudo, frente a la precariedad del último año de Ejecutivo en funciones en Madrid y ayer tocaba presumir de ello. Lo hizo por duplicado: por la recién asumida posición de abstención del PSOE-A y por lo logrado, a su juicio, desde que C’s la apuntaló en San Telmo en el verano de 2015. Para lo primero, en el arranque de su discurso, Díaz se calzó el traje de estadista hasta proclamar que “no tener a estas alturas un Gobierno no es serio” y es “un peligro para los ciudadanos”. La abstención en el Congreso ya no tiene vuelta atrás.

A partir de ahí, tras casi 20 minutos de referencias nacionales, la presidenta pisó de nuevo terreno regional. Con reproches calcados de otros debates (al PP por la financiación autonómica y los recortes de los últimos años) y la satisfacción de que los terremotos políticos nacionales no se reproducen al sur de Despeñaperros. Le lanzó el guiño a Ciudadanos por eso, con agradecimiento explícito, pero en ese punto quizás se extralimitó. Lució el logro de los Presupuestos de 2016, aprobados en su día con relativa facilidad, y avanzó que los de 2017 correrán idéntica y feliz suerte. Tan convencida está que dio por hecho desde el atril el “principio de acuerdo” con la formación naranja, y por tanto el decisivo voto a favor por segunda vez consecutiva. Juan Marín, el líder de C’s en Andalucía, había desvelado hora y media antes el “avance”, pero a la salida de la Cámara le afeó que lo diera ya por cerrado. A media tarde se lo volvió a puntualizar a la presidenta cuando se colocó frente al micrófono: “Firmaremos o no, porque ya veremos cómo se porta usted en la negociación”, le retó.

Promesas de empleo

Díaz se presentó en el Parlamento con una batería de promesas bajo el brazo. La más atractiva en la comunidad con la tasa de paro más elevada de España fue la de la nueva oferta de empleo público. En concreto, 2.300 nuevas plazas en Educación y otras 2.500 en Sanidad, que sumadas a las que se arrastran de años anteriores, como las de la Administración General de la Junta, elevarán hasta 5.500 el volumen de nuevos funcionarios. Se acelerará además durante la primera mitad del próximo año la tramitación de la Ley de Buen Gobierno y el Estatuto de Alto Cargo para “legitimar lo público”. En los Presupuestos que C’s aún no ve cerrados crecerán además las partidas de Educación, Sanidad y Servicios Sociales.

En la casi hora y media de discurso de Díaz hubo tiempo para alertar sobre el secesionismo catalán y prometer ayudas a empresas que no convencen a la oposición.


"Conjurados contra la crisis"

La corrupción en las altas esferas de la Junta, el fantasma que persigue a Díaz como le ocurrió a sus dos antecesores en el cargo, Chaves y Griñán, también salpicó el discurso. La presidenta animó a todos los partidos a “conjurarse” y a eliminar de la política a quienes acudan a ella para llenarse los bolsillos. “Hemos cometido errores todos”, asumió antes de advertir de que “Andalucía no merece que su nombre se manche gratuitamente”.

Un ‘dejà vu’ con Cifuentes, las fosas franquistas y los olivos

Era el primer Debate sobre el Estado de la Comunidad desde 2014, pero el cruce de reproches, el argumentario de unos y otros y el formato recordaban demasiado al debate de política general que ya vivió el Parlamento en marzo, incluso al rifirrafe quincenal en las sesiones de control al Gobierno de las mañanas de jueves de Pleno. El guión estaba cantado: la oposición clamó contra la “inactividad”, las “promesas estériles”, “los planes mil veces anunciados y nunca cumplidos” o la “apatía y falta de sustancia de los Consejos de Gobierno”, donde deberían cocinarse las iniciativas de choque. Nada nuevo.

Quizás por ello aflorara el anecdotario, con más o menos fortuna. El primer envite a Díaz le llegó del líder de la oposición, Juanma Moreno, que le reprochó que “la calle ya no le cree” y que “tenga la cabeza y su tiempo lejos de  Andalucía”, en referencia a sus supuestas aspiraciones de tomar rumbo a Ferraz. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, se coló en el intercambio de golpes porque Moreno la convirtió en espejo en el que mirarse por la rebaja a mínimos del Impuesto de Sucesiones o la menguada tasa de paro allí. “Habrá que invitarla a Andalucía”, ironizó Díaz.

La animadversión de la presidenta con la líder de Podemos, Susana Rodríguez, añadió un nuevo capítulo al libro de sus desencuentros. Se enzarzaron sobre la identidad de la izquierda, a cuenta de la abstención y quién asume más o menos culpa por frustrar un Gobierno de progreso, y acabaron saliendo a relucir fosas comunes y fusilamientos guerracivilistas.

Juan Marín (C’s) presumió de fomentar la estabilidad y sacó pecho por la rebaja del Impuesto de Sucesiones, hasta narrar la anécdota de un agricultor que en una gasolinera de Almería le agradeció poder traspasar a sus herederos 9.900 hectáreas de olivos. Maíllo (IU) fue tajante con Díaz: “Váyase del todo de Andalucía”.

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