En un artículo anterior, señalaba yo que estas elecciones se han dirimido en clave nacional, con ataques de uno y otro lado de evidente acritud. Ahora es justo atribuir los malos resultados de los socialistas a su deficiente gestión de gobierno, en especial de la crisis económica. Porque también hay problemas en Alemania, Francia e Italia, donde domina la derecha, y en todos los casos el descalabro progresista ha sido sonoro, muy superior al de nuestro país. Debe ponderarse asimismo el rechazo a la ley del aborto que nos amenaza, y que no agrada a muchos socialistas. Si nos ceñimos a las personas, en mi opinión, el vencedor indiscutible ha sido Jaime Mayor Oreja, y eso significa una sorpresa, cuando parecía que se trataba de un político casi amortizado, al que Rajoy tardó mucho en designar como cabecera de lista del PP. No sólo ha demostrado mayor ponderación, experiencia y claridad de ideas que López Aguilar, sino que ha sabido dar toda una lección en defensa de los valores tradicionales del noble pueblo español. El líder del PP ha salido, por supuesto, reforzado; lo que no es poco, ya que apenas hace unos meses era cuestionado entre sus partidarios. El perdedor, a mi entender, ha sido José Luis Rodríguez Zapatero, que confesaba al término de su intensa campaña que una derrota la asumiría como propia. Ello no obstante, en la noche electoral hizo mutis por el foro y no dio señales de vida.
En el resto de la UE, el Partido Popular ha sido claro vencedor. Además, avanzan los liberales. La izquierda europea, en su conjunto, ha retrocedido de forma casi cataclísmica: cabe afirmar que el péndulo político se ha desplazado y que, si quieren tener perspectivas de futuro, deben planificar reformas e iniciativas a fin de ilusionar a no pocos partidarios ya hastiados de sus eslóganes e invectivas. Para concluir, me quedo con un pensamiento de Mayor Oreja: es muy importante la defensa de los valores éticos que siempre han caracterizado a este viejo continente.
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