Actualizado: 23:01 CET
Jueves, 12/12/2019
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San Fernando

Vanesa Martín hipnotiza al público que llenó el Real Teatro de Las Cortes

Regresaba a las tablas del teatro isleño cuatro años más tarde y no defraudó durante las dos horas de recital.

  • Vanesa Martín

“Aquí estoy de nuevo...”. Así arrancaba Vanesa Martín su concierto en el Teatro Las Cortes, con su tema Sintiéndonos. Aquí estaba… Casi cuatro años después, la artista pisaba de nuevo las tablas del coliseo isleño y volvía a conquistar al público desde el primer segundo, como ya hiciera en mayo de 2012 en este mismo escenario. ¿Quién dijo aquello de que segundas partes nunca fueron buenas?
La cantautora malagueña no defraudó y cumplió con las expectativas de todos aquellos que corrieron y agotaron las entradas apenas hora y media después de que se pusieran a la venta. “Gracias por haber agotado las entradas tan rápido. En La Isla hay que morir”, decía la artista.

Sin duda, mereció la pena. Casi dos horas de concierto, en las que desgranó los temas de su último disco Crónica de un baile y repasó otros de trabajos anteriores, como Si me olvidas, Aún no te has ido o No te pude retener.

Desde el primer momento se metió al público en el bolsillo, hasta el punto de dejarlos completamente hipnotizados. “Estáis cantando poco, ¿no?”, decía la artista. El público sí cantaba, pero como si de un playback se tratase, las gargantas estaban absolutamente bloqueadas ante la inmensidad de la voz de Vanesa Martín. Y es que el concierto no invitaba al público a gritar, sino a sentir y a emocionarse, a adentrarse en cada una de sus “crónicas” y no perderse ni un detalle. Era un espectáculo de ojos chispeantes y de piel absolutamente erizada.

El momento más emotivo de la noche fue, sin duda, cuando Vanesa Martín acompañada solamente del piano cantó uno de sus primeros temas, Durmiendo sola, una desgarradora balada con la que la artista enseñó, incluso sin micrófono, cuanto puede llegar a brillar su voz. Durante la interpretación de este tema, era tal el nivel de concentración del respetable que mandaba callar cualquier “olé” o grito de ánimo que se escapase. “Todos deberíamos cantar este tema a diario, porque se queda una más relajada que corriendo una hora en una cinta”, bromeaba la cantautora nada más concluir la canción.

Vanesa no se preocupó en variar vestuario, salió brillante con su camisa dorada y la mantuvo hasta el final, metáfora de lo que también fue su concierto. En lugar de la ropa, la malagueña iba alternando el instrumento con el que expresar su universo. Del piano al violín, al cajón flamenco o a la guitarra, su imagen más auténtica.

Si durante la primera parte del concierto, Vanesa fue capaz de mantener callado al público de pura emoción, en la parte final conseguiría todo lo contrario, lo levantó del asiento y le hizo cantar a viva voz temas como 9 días y Sin saber por qué. La artista se despedía presentando a su banda y emplazando al público a su concierto de fin de gira en Barcelona. “Está muy lejos”, gritaba un asistente. “¿Lejos? La distancia solo está en nuestra cabeza”, respondía Martín.
 


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