Actualizado: 23:30 CET
Domingo, 08/12/2019

En román paladino

Salvar Abengoa

El Gobierno colaboró al tiro de gracia con su política con las renovables.


Independientemente de culpables, de responsables, de gestores, de políticos, de amigos, de inversiones equivocadas, de apuestas por economías de futuro, de relatos de antiguos trabajadores, de capitalismo de amiguetes, de loables intentos de modernización de nuestra tierra, más allá de los esfuerzos por el mercado exterior, de la exorbitante cartera de pedidos, la reflexión que no se puede obviar es: ¿Por qué en Andalucia? ¿Por qué nos cae a nosotros el todavía preconcurso de acreedores más imponente de España?
Las reglas son las reglas y aquí se incumplieron muchas. Sólo una, la del capitalismo aprovechón se ha cumplido a rajatabla. Por eso los responsables del ascenso, pero también de la caída, -Felipe Benjumea y Manuel Sánchez- se llevaron a sus bolsillos -legalmente, por supuesto- 11.48 y 4.48 millones de euros respectivamente, más otros sabrosos estipendios, por el desaguisado que han dejado a miles de trabajadores, bancos nacionales e internacionales, ingeniería española, marca España, Andalucía como proyecto de futuro, contratos en el aire, amistades rotas, familias arruinadas, inquietud por los despidos -ojalá que no- en puertas…
El gobierno colaboró de forma potente al tiro de gracia con su errática y antiecológica postura sobre las primas a las renovables,aprovechando lo que ha salvado la gestión de Rajoy de cara a la galería - la intervención del Banco Central Europeo y la bajada del gas y el petróleo- y ahora pone cara de pena -no mucha- pero le dejará al gobierno resultante de las próximas elecciones decenas de recursos en tribunales internacionales de arbitraje por reírse de los inversores, grandes y pequeños, con una política aconsejada seguramente por el conocido primo de Rajoy que negaba el cambio climático.
Vale para la política, sirve para los negocios, es conveniente para la vida y es imprescindible en la amistad. Decir la verdad. aconsejar los adecuado, no ocultar las equivocaciones…quizá todo esto haya faltado.Ahora S&P y KPMG lo dirán, siempre a posteriori. Los principios de una buena ética profesional - Popper dixit- en los máximos directivos y en sus consejeros debería haber llevado a autocríticas y a la búsqueda permanente de los errores: “Encubrir los errores es el mayor pecado intelectual”. Ahora lo que toca es Salvar Abengoa.    

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