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Viernes 12/08/2022  

Los senadores no son cromos

El PSOE ha prestado una senadora gaditana y otra zamorana al PNV para que la formación nacionalista vasca no pierda su grupo propio en la Cámara Alta y verse relegado al Grupo Mixto...

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El PSOE ha prestado una senadora gaditana y otra zamorana al PNV para que la formación nacionalista vasca no pierda su grupo propio en la Cámara Alta y verse relegado al Grupo Mixto. Puede que el reglamento permita este tejemaneje, pero no por ello deja de ser una sirvengonzonería y una muestra de cómo los políticos juegan con los votos de los ciudadanos a su antojo y conveniencia. La maniobra es simple. El reglamento de la Cámara Alta establece que hacen falta diez miembros para que un partido político pueda tener grupo propio en el Senado y mantener al menos seis durante la legislatura para no perder su condición. Pues bien, el PNV logró cuatro representantes, lo que no le daba derecho a tener representación propia. Lo mismo ocurrió con CiU, quien logró siete senadores en las últimas elecciones. Por ley, ambas formaciones deberían haberse integrado dentro del Grupo Mixto, pero para un grupo político, verse relegado a ese espacio es perder voz y, sobre todo, voto.
Tras las elecciones, el PSOE prestó seis senadores al PNV y tres a CiU para que ambos sumaran diez y tuvieran así representación. En la práctica significa que, durante unos días, los senadores pasan a ser nacionalistas y luego, una vez pasado el periodo de sesiones (el registro del grupo anual), vuelven a ser socialistas de nuevo. Idealismo express. Ahora, con el nuevo año vuelve a pasar lo mismo, y de ahí la cesión de las dos senadoras. Pero no estamos hablando de cromos o del carné de socio de un club de fútbol que se deja para que alguien ocupe el lugar de otro. Los gaditanos eligieron a la senadora socialista María Jesús Castro, no a uno del PNV. Lo que hace el PSOE podrá ser legal, pero moralmente es reprobable y escandaloso. Si PNV y CiU no se han ganado en las urnas el estar en el Senado con grupo propio, pues que no estén. Detrás de estas trampas existen acuerdos necesarios para gobernar, pero María Jesús Castro debe una explicación a los gaditanos. ¿Quién argumenta ahora que las decisiones de los representantes responden a los deseos de los ciudadanos? Cádiz no quería eso.

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