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Viernes 05/03/2021

¿Quién repone la marca?

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Viendo el circo televisivo en el que se ha convertido Andalucía estas últimas semanas me imaginaba yo, ciudadano libre de pensamiento, a homónimo de Plasencia, por elegir al azar, consumiendo su ratito diario de telebasura, acomodado en su sofá de clase media, por elegir una al azar, saboreando el caldo enriquecido de la noche y que sin intención previa se ha quedado enganchado a, por ejemplo, Intereconomía porque justo antes le habían endiñado una de Esteso de esas que si te pillan suelto de ideas te la cuelan hasta el mismo fondo. Mi plasence, pijama a rallas y cuchara a ritmo de cena, es ciudadano medio, asalariado por cuenta ajena, entusiasta del Real Madrid, de eso entiende y discute lo que le echen, y poco seguidor de la realidad política de su comunidad, mucho menos de la de otras, con una mente en consecuencia maleable cual arcilla blanda para aquellas cosas que le preocupan lo justo y por lo tanto apta para el perseguido fin mediático.

En ese instante de zozobra nocturna aparece en pantalla un tipejo, parche en ojo, que responde al nombre de José Javier Esparza, cuyo análisis del resultado de la jornada electoral en Andalucía se resume en que el sur de España ha demostrado ser “una sociedad con graves problemas sociales y morales. Andalucía es una sociedad enferma”, al tiempo que otro sujeto, nivelado en estupidez y no es fácil y que responde al nombre de Xavier Horcajo, dice “algo pasa en Andalucía, he hecho promesa de no pisarla durante cuatro años” –a Dios gracias-, todo ello adobado previamente durante la jornada de reflexión, morena muy tonta cubriendo pantalla, con la pregunta sobre “si la coca de los Eres es la misma que desapareció de la comisaría de Sevilla…”. Me parto. Wyoming, en la Sexta, hace burla del asunto y se pregunta “si los socialistas andaluces pagan el PER en cocaína”, o si “la raya blanca de la bandera de Andalucía es una raya de las que se meten…” y bla, bla, bla.
Mi plasence, terminado el caldo va dando cuenta de sus barritas de merluza rebozada marca blanca Mercadona, y en su nebulosa y moldeada mente, mientras pausadamente mastica, recuerda cuando aquél político catalán, el tal Puigcercós, advirtió aquello de que “en Andalucía no paga impuestos ni Dios”, o el ministro, Wert, que hace poco apeló sobre que “el fracaso escolar sitúa a Andalucía a la cola de Europa”, sí, sí, o ese sujeto en la Cope, Gabriel Albiac, que esta mañana añadió aquello de “para qué van a cambiar en Andalucía si pueden vivir del cuento…”. Sorbito de vino y traga y, claro, va cayendo en la cuenta del chollo que significa ser andaluz: no van al colegio porque sus padres están todo el día en el bar, eso también lo ha dicho alguien, no paga impuestos ni Dios –seguro que por eso lo pasean tanto en Semana Santa-, algunos incluso cobran las ayudas, el paro debe ser, en cocaína que probablemente los mismos políticos decomisan a hurtadillas, de ahí la raya blanca de su bandera, y con lo de los Eres, que qué será eso, deben de gastarse el dinero de todos los españoles en puto cachondeo… “Manda cojones”, piensa, con estos andaluces, que además son medio moros –las gotas de sangre árabe enriquecen, conste-…

No se dan cuenta determinados políticos, y lo digo por todos sean del color que sean, y determinados bufones de la pantalla y del micrófono del daño en la imagen que ocasionan para con toda una comunidad, milenaria, desde la que se construyó España y cuna de su cultura, cuando tan alegremente dicen lo que dicen y lo hacen sin conocimiento de causa, o a veces sí, pero ni eso lo justifica. La democracia reside en la libertad individual que cada uno tiene para votarle a quien le salga de sus bajos fondos, se entienda o no el por qué de su elección, pero se respeta siempre. Lo otro tiene un nombre, y no es precisamente democrático. Camps tuvo juicio y salió absuelto y lo justo es ver repuesto su honor, y en Andalucía debe suceder lo mismo y lo justo será que quien deba ir a la cárcel, vaya, quien no, no vaya, pero en ningún caso juicios de valor sin fundamento deben vilipendiar la imagen de toda una comunidad por la falta de rigor de unos malintencionados voceros.

¿Cómo se repone la marca de Andalucía denigrada en la mente de mi plasence y, como él, de otras muchas que durante años vienen absorbiendo información dirigida desde distintos canales sobre lo fraudulentos que somos los andaluces? Porque, la verdad, me hastía este cuento y me viene a la cabeza, y lagrimeo, la imagen de mi señor y obrero padre que, como tantos otros, se pasó su andaluza vida currando de sol a sol para pagarme estudios, y de mi señora madre que se cuidó de que cumpliera a diario con la obligación de ir a clase para, ambos, sacar de mí algo parecido a lo que soy y, como yo, tantos otros, y todo para que una banda de mentecatos y trasnochados abrazafarolas insulten la memoria de quienes se fajaron en el lineo de la vida para hacer de nosotros una sociedad digna. Y como somos dignos no tolero a quienes promueven interesadamente lo contrario y de eso deberían cuidarse como principio unitario todos los que hacen política con el objeto de preservar el valor de la marca Andalucía, para la que el turismo es su primera industria, y evitar que mi plasence, mientras saborea el yogurt de limón que hoy le toca de postre, decida que este año sería mejor perderse unos días en la sierra de Huesca porque aquí abajo hay mucho golfo; que vaya donde quiera, pero que lo decida por otra razón.

Huelga y elecciones. Dicho lo cual, remato con dos ideas al hilo de la actualidad. Una, no me gustan las huelgas generales, ninguna, porque atentan contra la productividad, no solucionan nada o casi y de hecho de la última contra ZP y su reforma a la del jueves 29 contra Rajoy y su reforma se han perdido más de un millón de puestos de trabajo y durante ese tiempo vi poco a los sindicatos, que se visten de largo durante esa jornada para escenificar su poder y justificarse como elementos necesarios dentro de la estructura social de hoy. Es mi opinión, la defiendo tanto como el derecho a hacer huelga y a trabajar en día de huelga sin coacciones.
Y de las elecciones andaluzas del pasado 25M poco más puedo añadir a lo dicho, salvo que el PP debe mirarse, y me consta que en ello anda, lo que ha hecho mal, que trabajar mucho no significa trabajar bien y que la culpa no siempre es del la-la-la. Intentarán gestionar el presente trasmitiendo la imagen de lo que son, el partido que históricamente y por primera vez y es mucho le ha ganado al Psoe en Andalucía. Pero victoria tan amarga e insuficiente a tenor de los condicionantes que todos, incluidos ellos, saben que la tarta de la celebración la ha troceado el Psoe, entre otras cosas, porque maneja mejor la paleta. Cuestión de muñeca.

Consecuencias múltiples, la primera para ayuntamientos populares, que son casi todos y que sin el respaldo de la Junta prometida asumen tristes que deben caminar solos durante cuatro años sabiendo que el gobierno autonómico de corte progresista dinamizará sus recursos en la idea de iniciar la reconquista de lo perdido, que este Psoe hasta hace muy poco herido y casi muerto hoy respira con ritmo y ha colado una cuña enorme entre gobierno nacional y provincias para volver a optar a todo porque, simplemente, manejará recursos. Y lo más diabólico, lo va a hacer porque la gente le ha votado lo suficiente. Es lo que tiene la democracia, buena o mala según para quién y cuándo, pero única; hoy te da, mañana te quita, pasado quién sabe.

Pd. Si pasa por Plasencia no se pierda la ruta de los conventos y de las murallas, conservada arquitectura y buena colección de imágenes. Se come bien. Buen destino cultural en Semana Santa para quien desee salir de Andalucía.

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