El cementerio de los ingleses

Justicia para ricos

Quizá lo peor sea el respaldo por parte de la opinión pública que reciben los agresores

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El caso de Dani Alves sigue dando de qué hablar y no precisamente para bien. De hecho, habla poco y mal de la justicia en nuestro país. El hecho de considerarse probada una agresión sexual, que se haya impuesto una pena tan corta (cuatro años y medio), se decrete libertad provisional bajo fianza y que se haya completado el pago tras varias prórrogas en el plazo (que ya quisiera yo lo mismo para más de un trámite administrativo), dejan claro que hasta que el futbolista no pusiera un pie fuera de la cárcel nadie iba a parar.

Lo ocurrido con el ex futbolista del Barcelona me recuerda a los memes que se compartían por parte de aficionados culés en los que se aludía a los prolongados descuentos en partidos clave para el eterno rival: aparecía el cartelón del cuarto árbitro con el que se anuncia la prolongación de cada partido con la inscripción “hasta que marque el Real Madrid”. Poco menos que eso, en alusión a la fianza del millón de euros exigida al jugador brasileño, es lo que podían haber puesto en la resolución judicial refiriéndose al plazo concedido para depositar tal cantidad.

Agredir sale barato si eres rico y famoso. La pena ha sido irrisoria donde se anunciaba una condena ejemplarizante y, además, la cantidad impuesta para salir de prisión equivale al 1,82 por ciento del patrimonio del futbolista. En otras palabras, es como si cualquiera de nosotros (que vivimos al día y sufriendo cada fin de mes) abonásemos diez o veinte euros para salir de chirona; quizá, la diferencia, es que el porcentaje exigido a cualquiera de nosotros sería bastante mayor en relación a nuestro patrimonio. La Justicia parece haber cambiado su tradicional e icónica venda por un parche en un solo ojo con el símbolo del euro o del dólar, según el caso.

No voy a repasar cada caso que sustenta la afirmación de que tenemos una justicia patriarcal, si acaso mencionaré la primera sentencia del caso de La Manada (la del jolgorio en una violación grupal) o la sentencia que absolvía a un padre de abusos contra su hija de cinco años por considerar que los tocamientos íntimos eran una forma normal de relación paternofilial. Ya me produce bastante asco recordar estos ejemplos como para hacer una relación completa de casos que demuestran el sesgo conservador y machista que aún reside en la judicatura.

Quizá lo peor sea el respaldo por parte de la opinión pública que reciben los agresores. Lo vimos el pasado mes de agosto con las personas que salieron en defensa de Luis Rubiales cuando dio el beso forzado a Jenni Hermoso, que siendo la agredida ha sido más vilipendiada que quien abusó de su poder para besarla sin consentimiento. En el caso de Alves, no son pocos los que dicen lo de siempre: que nadie obligó a la víctima a entrar a aquel baño, que si fue a buscar dinero y toda la retahíla de eructos no vacíos de misoginia que se escuchan cuando el agresor es famoso, rico u ostenta una posición de poder. Y es que esos que presumen tanto de hombría y testosterona son, curiosamente, sumisos con los ricos y poderosos por más que se envalentonen con los débiles o quienes consideran inferiores (premisa del machismo frente a las mujeres). Quieren ser dominadores y poseedores de ellas mientras lamen las botas y se arrodillan frente a esos hombres cuyos actos quisieran imitar impunemente. Debe ser frágil su autoestima cuando quisieran violar en lugar de seducir. Poder disponer de los cuerpos en lugar de hacerse deseados por sus portadoras. Penoso.

El sesgo de confirmación (“dice la verdad porque dice lo que piensoaa

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