Elecciones en Egipto: una prueba del crédito de Al Sisi para abordar un inevitable ajuste

Publicado: 10/12/2023
El primer paso que se espera es una devaluación de la libra egipcia, la tercera en los últimos dos años
Las elecciones egipcias, cuyo seguro ganador será el actual mandatario Abdelfatah al Sisi, sólo se pueden interpretar en clave económica, como una prueba de si el Ejecutivo obtiene el suficiente respaldo político para abordar las duras e impopulares medidas que tendrá que tomar para tratar de rescatar al país del abismo macroeconómico en dónde se encuentra.

Sin una competencia real entre opciones, la votación es vista tanto por los egipcios como por observadores externos como un paso previo, formal y necesario, pero en último término irrelevante para una inevitable andanada de crudas medidas para intentar atajar los graves problemas económicos que acechan al país.

Éstos no son pocos: altísima inflación; falta de divisas; deuda pública; depreciación de la moneda; inversión externa nula e industria anquilosada.

Más allá, está la decreciente confianza en la capacidad de Egipto para salir del atolladero, reflejada tanto por las sucesivas rebajas de su calificación crediticia como en las dificultades para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desembolse gran parte del último crédito que concedió al país ante los evidentes incumplimientos egipcios de las condiciones para el mismo.

Devaluación inminente

El primer paso que se espera es una devaluación de la libra egipcia, la tercera en los últimos dos años.

La moneda llega a la cita electoral con un valor oficial aproximado de 30,8 libras por dólar estadounidense. En el mercado negro, el precio es aproximadamente 50 a 1. El acceso al mercado negro, antes limitado y que se realizaba con discreción, ahora es cada vez más extendido.

Es imposible para un ciudadano común comprar divisas con libras egipcias por canales oficiales.

"La especulación es que tienen que devaluar la libra de forma masiva. Buscan obtener un flujo de préstamos y ayudas y más acuerdos con el FMI. Pero no hay hasta ahora un plan claro de salida excepto un masivo programa de privatización, que tampoco está funcionando bien", resumió a EFE el analista político y autor del próximo libro 'Egypt under Sisi', Maged Mandour.

Muy crítico con el mandatario, Mandour apuesta a que Al Sisi no tendrá capacidad de dejar flotar la libra en el mercado (como pide el FMI), ya que esta podría llegar "a límites que no se pueden imaginar" y apostará por devaluaciones controladas, como hasta ahora.

Lo que no está claro es que sirva para consolar al FMI, ni para atraer inversores, ni para otorgar confianza en la moneda. De hecho, es lo que se ha intentado sin éxito hasta ahora.

Gasto público

La inflación, en ese contexto, no podrá bajar.

El 80% de los egipcios sobrevive comprando pan subvencionado por el gobierno, y recortar el gasto en ese sector es inviable.

La obra pública, en su formato de megaproyectos en los que Al Sisi se gastó todo el dinero obtenido vía préstamos y concesiones para impulsar la economía egipcia, da empleo a decenas de miles de personas.

Con una industria local cerca del colapso, restringida para importar materiales básicos, el fin de la construcción certificaría un posible panorama "de una alta inflación con una profunda recesión" y desempleo que disparará la pobreza a "niveles históricos".

Lo cierto es que decenas de empresas internacionales afincadas en Egipto comentan bajo condición de anonimato que las dificultades son cada vez mayores, que los pagos no llegan y que están pensando en parar o reducir mucho sus acciones en el país. 

Mandour cree que Al Sisi seguirá con las construcciones también "por razones políticas", lo que a su vez es lo que ha llevado al país a esta posición en primer lugar.

Deuda

También está la deuda, contraída durante los ya más de diez años de mandato de Al Sisi que tiene varios e importantes vencimientos el año que viene y que tendrá que pagarse con divisas contantes y sonantes.

Egipto ha defendido su capacidad de pago y honrar sus compromisos, con ingresos programados suficientes por ejemplo a través del canal de Suez (una de las principales vías de ingresos de la economía egipcia), pero reprogramaciones y negociaciones están a la vista.

Desde fuera sí parece evidente a todos que Egipto necesita ayuda de algún tipo, como reflejó la reciente visita de la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von der Leyen, en donde altos funcionarios que la acompañaban dejaron caer que la UE presionará a sus Estados miembro y al FMI para que sean clementes con Egipto y que trabajarán para que se "destraben" inversiones privadas foráneas, sobre todo en temas energéticos.

Egipto lleva meses ya buscando como atraer divisas mediante privatizaciones de algunos sectores en manos del Estado, pero muchos analistas piensan también que mientras se mantenga la situación de privilegio de las industrias militares (que van de la producción de alimentos a gasolineras y constructoras), y no se privatice seriamente, nunca se obtendrá el flujo de capital necesario.

"No hay solución fácil. Las que son, son todas a largo plazo, estructurales y profundas y no hay escapatoria para todo el sufrimiento. Hay que hablar de reestructuración de deuda, la posibilidad de un impago, una hiperinflación. Todo eso. No es algo que se pueda arreglar en seis meses o un año, es un lio masivo", concluyó Mandour.

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