Andalucía

Terapeutas con picos, garras y plumas

El contacto controlado y seguro con halcones, búhos o lechuzas, efectuado al aire libre y en un ambiente relajante, es beneficioso

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Terapeutas con picos, garras y plumas.

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  • En una sesión de terapia con aves rapaces, o TCAR, las personas alojadas en una residencia pueden interactuar con estos animales poco comunes

“Observar de cerca a grandes criaturas voladoras como el búho real y el águila, me ha hecho recordar y revivir los momentos tan agradables que pasaba en el zoo, cercano a mi casa, mirando a las aves”, señala Victoria, de 84 años de edad.

“¡Me he atrevido a tocar un búho real a mi edad! Ha sido una experiencia muy bonita. Qué plumaje más suave tiene”, relata con entusiasmo Elidia, de 95 años.

“Lo que más me gustó fue el vuelo rasante del águila real. Es impresionante ver volar a esta ave. Es un espectáculo que he podido presenciar en primera línea”, confiesa José, de 79 años.

Son testimonios de algunos de los asistentes a una sesión de terapia con aves rapaces, o TCAR, que se ha convertido en una actividad popular y efectiva para el cuidado de la salud de las personas mayores, según los especialistas en geriatría.

Al ser una terapia al aire libre, y que se practica en los meses de buen tiempo, las personas alojadas en una residencia para mayores tienen la oportunidad de disfrutar de un entorno natural y relajante mientras participan en una actividad sanadora, diferente y emocionante, explican.

Este tipo de actividad “es un aliciente, dado que permite vivir nuevas experiencias a los mayores y salir de su ambiente habitual”, explican desde las residencias ORPEA, en cuyos centros los residentes pueden interactuar con aves rapaces como halcones, búhos o lechuzas, y conocer más sobre las características y hábitos de estas criaturas.

UNA HORA ENTRE RAPACES

Esta actividad terapéutica es apta para adultos mayores con depresión u otros trastornos de ánimo, así como patologías del aparato locomotor, cardiovasculares y neurológicas, según explican desde este centro (https://orpea.es).

El tratamiento consiste en sesiones de alrededor de una hora, en las que la persona aumenta sus conocimientos sobre  rapaces y tiene un acercamiento directo con estas aves, observando demostraciones de vuelo, y pudiendo alimentarlas, acariciarlas, e incluso besarlas, como han hecho algunas personas, llevadas por la ternura del momento.

Durante las sesiones de TCAR, los residentes pueden manejar al ave, con la ayuda de un profesional de la cetrería, llamándola cuando está volando, para que aterrice en su brazo adecuadamente protegido con el guante cetrero, y después sujetarla y sentirla posada sobre dicha extremidad superior.

La terapia con animales no solo se aplica en las residencias por medio de aves rapaces, sino además se trabaja con animales domésticos, como perros y gatos, y con caballos, además se efectúan visitas a granjas escuela, explican desde ORPEA.

Este tipo de enfoque terapéutico ofrece numerosos beneficios para los residentes, como reducir sus niveles de estrés y ansiedad, aumentar sus sensaciones de calma y bienestar, fomentar emociones positivas como la alegría y el afecto, contrarrestar la sensación de soledad y estimular una actividad física saludable.

BENEFICIOS PARA LA SALUD

La TCAR también proporciona estímulos cognitivos a las personas mayores, manteniendo su mente activa y ejercitando su atención, memoria y resolución de problemas, además de fomentar la vida social, facilitando la comunicación y las interacciones con otros individuos, como terapeutas, voluntarios o incluso los propietarios de mascotas, según esta misma fuente.

“La terapia con aves rapaces es una opción terapéutica menos conocida que otras, como las efectuadas con perros o gatos, y ofrece una serie de ventajas específicas”, explica a EFE Beatriz Tous, terapeuta de ORPEA.

“La capacidad de vuelo y el plumaje suave de las rapaces generan estímulos únicos, favoreciendo la motivación, implicación e iniciativa en los mayores, y ayudando a mejorar su concentración sensorial y cognitiva y facilitando la socialización”, puntualiza.

Añade que “la presencia de las aves resulta intrigante y motivadora para los participantes, ya que son animales poco comunes en el entorno cotidiano”.

“Una vez concluida la sesión se nota mucho el cambio en su estado de ánimo, incluso la locuacidad o fluidez verbal a la hora de hablar de la terapia”, explica la experta Elena Román.

Esta terapia “puede tener un impacto profundo en la vida de las personas mayores ya que la mayoría no había experimentado nunca tocar un ave de estas características, ni había tenido la oportunidad de  observarlas tan de cerca”, asegura por su parte Elena Fuentetaja, otra terapeuta de este compañía.

Esta especialista concluye que la TCAR “promueve la autoconfianza, la cohesión grupal y el aprendizaje” en los residentes.

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