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Algunos datos curiosos

Difícilmente puede encontrarse en el mundo otro grupo humano cuya contribución haya sido tan variada, significativa e indispensable como lo fue la de los monjes en tiempos de gran agitación y desesperanza...

Publicado: 11/12/2008 ·
20:43
· Actualizado: 31/05/2018 · 11:44
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Difícilmente puede encontrarse en el mundo otro grupo humano cuya contribución haya sido tan variada, significativa e indispensable como lo fue la de los monjes en tiempos de gran agitación y desesperanza. Los monasterios fueron las unidades económicas más eficaces que habían existido en Europa, y acaso en el mundo, hasta la fecha. En todas partes introdujeron los monjes cultivos e industrias y empleaban métodos de producción desconocidos hasta la fecha por la población. Abordaban la cría de ganado y de caballos o las técnicas de fermentación de la cerveza, la apicultura o el cultivo de las frutas. En Suecia desarrollaron el comercio del grano; en Parma fue la elaboración del queso; en Irlanda los criaderos de salmón; y en muchos otros lugares los mejores viñedos. Almacenaban el agua en primavera para distribuirla en épocas de sequía.

Los campesinos de Lombardía aprendieron de ellos las técnicas de regadío que contribuyeron a transformar asombrosamente la región en una de las más ricas y fértiles de Europa. Fueron también los monjes los primeros en practicar cruces de ganado con el fin de obtener mejores especies, en lugar de fiar el proceso al azar. El buen ejemplo de los monjes sirvió en muchos casos de inspiración a otros, sobre todo en cuanto al respeto por el trabajo manual en general y las labores agrícolas en particular.

Los monjes fueron pioneros en la producción del vino, que usaban tanto para la celebración de la Santa Misa como para el consumo ordinario, expresamente permitido por la Regla de San Benito. El descubrimiento del champán fue asimismo obra de Dom Perignon, que fue nombrado bodeguero de su abadía en 1688 y descubrió el champán experimentando con distintas clases de vino. La fabricación de este espumoso sigue en la actualidad fiel a los principios fundamentales que él estableció.

En los comienzos del siglo XI, el monje Eilmer voló a más de 90 metros de altura con un planeador, realizando una hazaña por la que sería recordado en los siglos siguientes.

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