Atando Cabos

La voz

Es curioso que en el siglo XXI siga habiendo un interés enorme por callar a las mujeres.

Publicado: 19/04/2023 ·
13:20
· Actualizado: 19/04/2023 · 13:20
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  • Manifestación por los derechos de las mujeres iraníes. -
Autor

Remedios Jiménez

Licenciada en Historia, docente jubilada, integrante del Aula Atenea del Ateneo de Jerez y de varios clubes de lectura

Atando Cabos

Una mirada sobre lo que nos pasa día a día, bajo los titulares de la incesante actualidad

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El dieciséis de abril se celebra el día mundial de la voz.

Si tengo que hacer un recorrido por las voces de mi vida, igual que para la mayoría, estarían las primeras la de mi madre y mi padre, mis hermanas, mis amigos y mis maestras. Todas estas voces poblaron mi infancia. Mi padre, explicándome por qué metía papeles en la caja de madera de las lúas.  La lectura en voz alta, en párvulos, descifrando el alfabeto, todos callados, atentos para continuar cuando tocara. Las canciones que me enseñaron mis maestras, sobre todo cantábamos en el mes de mayo, por la tarde antes de entrar a las clases. Mi hermana, haciendo el reparto de juguetes, para jugar a las casitas. Todo eso no está en las pocas fotos que me tomaron, por eso cuando las miro sé que les faltan las voces, el tiempo detenido suele ser mudo.

Hay dos mujeres a las que admiro profundamente que perdieron la capacidad de hablar: Carmen Laforet y María Moliner. La primera por la arteriosclerosis y la segunda por el Alzheimer. No me resisto a pensar en que fueron obligadas a callar y terminaron por no poder hacerlo. En 1970, Carmen consiguió separarse de su marido con una condición: no contar nada referente a su vida en común. Vida en común que también era la vida de ella, para una escritora que solía basarse en sus vivencias se abre un enorme hueco que sólo deja libre sus años anteriores a Cerezales.

María, la mujer que escribió sola un diccionario, lo hizo con todas las trabas de la época, cuatro hijos, su trabajo de bibliotecaria y un marido. Cuando su marido se jubiló empezó a tener problemas de visión y a depender mucho de ella, la quería a su lado. Junto a él y además quieta, si la oía escribir sus fichas se las rompía. Ella quería acabar la obra de su vida, ésa hacia la que encauzó sus inquietudes cuando terminó la guerra y fue descendida dieciséis escalafones como funcionaria. Terminando en una pequeña biblioteca de la que salía cada tarde pensando en lo que podría hacer, quizás abrir una escuela con su hermana o escribir un diccionario. Un diccionario, el Moliner, que continúa siendo referencia.

María que había carecido de cuarto propio, que utilizaba la mesa del comedor y la de la cocina, finalmente tuvo que escribir a escondidas.

Dos mujeres silenciadas que perdieron la voz, un destino cruel, como el de las mujeres iraníes que  están siendo asesinadas por reclamar su derecho a hablar, a expresarse como quieran. Es curioso que en el siglo XXI siga habiendo un interés enorme por callar a las mujeres.

 

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